Libertadores: el reto de David González en Oriente


A pocas horas de su llegada y de su presentación oficial como nuevo entrenador del refinero, el Dt ibero tendrá que afrontar desafíos enormes para volver a un mejor sitial.



Fuente: diez.bo

David González afronta uno de los desafíos más complejos de los últimos años en Oriente Petrolero: conducir al club refinero hacia un objetivo que, hoy por hoy, parece inalcanzable, la clasificación a la Copa Libertadores de América. El entrenador español no solo deberá devolver protagonismo y prestigio a la institución albiverde, sino también revertir una seguidilla de gestiones fallidas que dejaron una profunda herida deportiva.

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En los últimos años, Oriente fue escenario de procesos extranjeros que terminaron sin éxito. El argentino Ángel Guillermo Hoyos, el español Antonio Puche y el chileno Rodrigo Venegas son algunos de los entrenadores que pasaron por el club con más pena que gloria, sin lograr consolidar un proyecto futbolístico ni responder a las expectativas históricas de la hinchada.

Aceptar sentarse en el banquillo orientista implica asumir un reto mayúsculo. González toma las riendas de un equipo inmerso en un clima de inestabilidad, con varios temas aún pendientes de resolución en el mercado de fichajes y con decisiones clave por tomar a corto plazo. El DT ibérico deberá ser parte activa en la reconstrucción de un plantel golpeado, tanto en lo deportivo como en lo institucional.

A este escenario se suma la constante presión mediática y el exigente —y muchas veces intolerante— entorno de la hinchada refinera. En Oriente, los resultados inmediatos suelen marcar el destino de los entrenadores, y si el nuevo cuerpo técnico no logra consolidar una idea de juego en sus primeros compromisos, el margen de error será mínimo.

David González inicia su ciclo sabiendo que el crédito es corto y la exigencia máxima. El desafío está planteado: reconstruir, competir y devolver a Oriente Petrolero al lugar que su historia demanda.

El entrenador español, de 40 años y con licencia UEFA Pro, tiene una marcada preferencia por el sistema de juego que aplica en los equipos que dirige. No hay margen para la confusión: su esquema predilecto es el 1-4-2-3-1, un dibujo que le permite equilibrar solidez defensiva y vocación ofensiva. Más allá de lo táctico, González pone especial énfasis en el aspecto mental, un terreno en el que sabe sacar el máximo provecho del plantel que tiene a disposición.

Aunque resulte llamativo, González también es enfermero de profesión. Fue en Barcelona donde inició su formación como entrenador, inmediatamente después de colgar los botines como futbolista profesional. Posteriormente se trasladó a Madrid para continuar su preparación y, más adelante, emprendió viaje a la República Dominicana, donde asumió de manera inmediata la conducción de un equipo de Primera División. Ese paso lo catapultó, en poco tiempo, a dirigir durante ocho meses tanto la selección absoluta como la Sub-23 de ese país.

“Cuando eres un entrenador joven y careces de oportunidades o de nombre, tienes que enfrentarte siempre a contextos similares”, suele señalar con la serenidad que lo caracteriza. “Son equipos que atraviesan dificultades anímicas o deportivas, y eso me da tranquilidad para manejar situaciones así. El último equipo que dirigí en Bolivia estaba tercero por la cola y terminamos sextos. En República Dominicana pasamos de estar penúltimos a segundos”, recuerda.

En su metodología de trabajo, el entrenador español suele fijarse objetivos a corto plazo, con especial atención en lograr la primera victoria, considerada clave para fortalecer la confianza del grupo. Para González, la ambición debe ser máxima, incluso en escenarios adversos, y no hay espacio para la mediocridad. “Quienes lo vivimos desde adentro ya sabemos lo que hay, pero tampoco hay que airearlo más. Nada debe servir de excusa”, subraya, marcando con claridad su filosofía de trabajo.