Evaluar la democracia y sus resultados en medio de ciertas desilusiones que afectan a nuestro actual gobierno, no es fácil, especialmente si esperamos que nuestra actual democracia promueva vidas más largas, mayor educación, mayor paz y un crecimiento económico sostenido. No ha sido fácil salir de las formas autocráticas de los últimos años, años de volatilidad, de represión y manipulación de datos contra las ventajas de la democracia en materia de cuentas, de libertad de prensa y de controles institucionales para mejora del bienestar social. En general, la democracia nos debe ofrecer mayores probabilidades de lograr una sociedad más sana, más estable y más prospera. Todavía, y a pesar de innumerables contradicciones (especialmente del efecto Lara), tengo fe y seguiré creyendo en este gobierno, porque creo que haber recuperado, especialmente, la democracia, no tiene precio.
El efecto global de la democracia, elecciones libres y justas, libertades civiles para la mayoría de los ciudadanos y restricciones institucionales a los gobernantes electos, es quizás su desarrollo político más importante. La democracia, ideológicamente atractiva para gran parte del mundo, debe personificar tanto el progreso como la prosperidad. Hechos políticos de los últimos 20 años, quitó a la democracia ese ideal global, se fue erosionando debido a las acciones de líderes populistas que utilizaron el nacionalismo mayoritario para desmantelar las restricciones del ejecutivo y socavar las sólidas libertades civiles. De allí que los ciudadanos vayan perdiendo la fe en la democracia, porque esa democracia es menos capaz de generar progreso social. Las dudas sobre si la democracia promueve eficazmente el crecimiento, alivia la pobreza y crea sociedades más sanas, con mayor nivel educativo y menos propensas a la violencia fueron alimentadas por un falso discurso que además resaltaba el espectacular crecimiento económico de autocracias como China. En resumen, tanto los ciudadanos como los responsables políticos actuales están obligados a preocuparse más por lo que es la democracia y por lo que hace y no hace.
Existen razones para preocuparse por la democracia, cualquier definición amplia de una vida plena incluirá sólidos derechos para deliberar sobre las diferentes ideas sobre la buena vida y para reunirse con otros para debatir ideas compartidas y no compartidas. No pueden volver momentos de incertidumbre política. Necesitamos una evaluación completa de lo que la democracia ofrece en los ámbitos de la salud, la educación, la seguridad y el crecimiento. La democracia debe ser ese mecanismo institucional para la toma de decisiones políticas, en el que los individuos adquieren poder de decidir mediante una lucha competitiva en el voto popular. Donde existan protecciones legales para hablar, escribir y reunirse, donde la competencia gubernamental y la presencia de restricciones horizontales al poder ejecutivo, impiden que los líderes electos se declaren gobernantes absolutos. La democracia no son solo elecciones, sino un conjunto de instituciones que protegen los derechos democráticos.
Es una esperanza de las sociedades que sus ciudadanos vivan una larga vida y el consenso es que las democracias son significativamente mejores que los regímenes autoritarios en la prevención de la muerte prematura. Un estudio de países en desarrollo encontró que las democracias tienen tasas significativamente más bajas de mortalidad infantil, ser un país democrático en lugar de autoritario significó diecisiete muertes infantiles menos por cada mil. La democracia no solo protege la salud infantil, sino que también ofrece beneficios similares a los adultos. Según un estudio de dieciocho países en América Latina, la asociación de las democracias con una mayor esperanza de vida se mantiene incluso cuando la capacidad del Estado es baja.
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La mayoría de los ciudadanos desean que el gobierno brinde a sus hijos oportunidades educativas que les permitan alcanzar prosperidad. Un amplio espectro de académicos concluye con contundencia que las democracias ofrecen más años de educación en todas las regiones y en todos los períodos. Estudios globales recientes muestran que cuando un régimen pasa de la categoría menos democrática a la más democrática, la escolarización aumenta, en promedio de 1 a 3. Y controlando las tendencias específicas de cada país, los países que hicieron la transición a la democracia aumentaron su matrícula en la escuela secundaria durante los siguientes quince a veinte años en casi un 70 %, en comparación con los países que hubieran permanecido autocráticos. Este patrón es casi uniformemente en los estudios globales y regionales.
La tarea más básica de un gobierno es asegurar el monopolio de la paz. Todos los ciudadanos desean una garantía de seguridad física. Las democracias tienen mayor probabilidad de minimizar los conflictos violentos dentro de sus propias fronteras a diferencia de un estado autocrático. Los ciudadanos de todo el mundo se preocupan por la capacidad de los gobiernos para promover crecimiento económico. Las economías más estables tienen mayor capacidad para lograr resultados valiosos de desarrollo, que a su vez pueden impulsar la democracia. Los estudios más recientes, concluyen que la democracia se asocia de forma positiva y significativa con mayores niveles de crecimiento del PIB per cápita. Los estudios más recientes, muestras globales y más datos concluyen que la relación entre la democracia y el crecimiento es sólida y positiva. No podemos ser la excepción.
Mgr. Fernando Berríos Ayala / Politólogo
