Planta de urea: costos altos y desgaste comprometen la sostenibilidad de Bulo Bulo


Informes indican que la operación intermitente redujo la vida útil de catalizadores y equipos críticos. A pesar de ingresos positivos por ventas internas y externas, la planta enfrenta costos fijos elevados y requiere inversiones de mantenimiento

Por Ernesto Estremadoiro Flores




Fuente: eldeber.com.bo

La Planta de Amoniaco y Urea de Bulo Bulo no solo ha perdido dinero en periodos de baja producción. Ha perdido algo más caro y difícil de recuperar: tiempo útil. Aunque en los balances de YPFB la infraestructura sigue figurando con una vida útil de 20 años, el análisis técnico muestra que ese horizonte ya se ha acortado de forma significativa. Un reporte de 2020, al que accedió EL DEBER, alertaba que, por las continuas paralizaciones, la vida útil se redujo a 16 años. Hoy el dato es un enigma que ni la nueva administración de la Estatal pudo responder al ser consulta para esta nota.

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Inaugurada en 2017 como el emblema mayor de la industrialización del gas durante el gobierno de Evo Morales, la planta fue diseñada para operar de manera continua, a alta carga y con pocas interrupciones. Ese supuesto nunca se cumplió. Desde sus primeros años, la operación intermitente, las paradas prolongadas y los reinicios frecuentes aceleraron el desgaste de sus componentes más sensibles.

En la industria petroquímica, una planta no envejece solo por los años calendario, sino por cómo se la usa. Cada parada no es una pausa neutra: es estrés térmico, corrosión, deterioro prematuro.

El punto más crítico

Uno de los puntos más sensibles de la planta de Bulo Bulo es la vida útil de los catalizadores, cuya eficiencia determina directamente la capacidad de producción de amoníaco y urea. Según el informe técnico de Johnson Matthey, proveedor del sistema catalítico de la planta, los lechos de catalizador clave —Reformador Primario, Convertidor de Alta Temperatura (HTS) y Convertidor de Baja Temperatura (LTS)— mantenían su actividad dentro de los parámetros esperados, con vida útil remanente estimada entre 2 y 10 años, dependiendo de la unidad.

Sin embargo, el mismo documento advierte que la operación intermitente, marcada por arranques y paradas frecuentes, ciclos térmicos repetidos y desviaciones de temperatura y presión, puede reducir la vida útil real hasta en 30% a 40%, un rango respaldado también por los manuales operativos de Haldor Topsoe,  marca referente en ingeniería de catalizadores industriales.

Sumando los efectos documentados de prácticas irregulares en la planta, un experto independiente consultado por EL DEBER, que por seguridad pidió no ser citado, y que conoce esta planta, estima que la vida útil podría haberse reducido en aproximadamente 3 a 4 años respecto a la proyección nominal, una cifra significativa considerando que algunos catalizadores todavía muestran actividad, pero operan en condiciones que aceleran su degradación.

El especialista alerta, que no se realizaron nuevas evaluaciones completas de catalizadores, un procedimiento estándar en complejos de este tipo para determinar el estado de los equipos críticos, su degradación y la proyección de vida útil. “No hay una evaluación integral porque es un proceso costoso, y no se ha contratado ninguna revisión técnica completa del sistema”, explicó.

Otro punto crítico identificado es la existencia de fugas de amoníaco hacia el sistema de agua de la caldera, lo que ha provocado un aumento anormal del pH, mayor uso de químicos y la formación de compuestos minerales que obstruyen los tubos. El experto estimó que ya existen varios tubos tapados y dañados, lo que compromete la integridad del sistema.

Esto afecta directamente al corazón del complejo: los tubos del reformador, los catalizadores, los compresores y los sistemas de control. Varios de estos equipos, que debían llegar sin problemas a la próxima década, requerirán recambios anticipados si no se ejecutan inversiones de repotenciación. En términos simples, la planta tendrá que gastar antes para poder seguir produciendo después.

A ese costo fijo se suman los gastos mínimos de mantenimiento y preservación de equipos, necesarios para evitar el deterioro de una infraestructura petroquímica de alta complejidad. Aunque YPFB no desagrega cifras específicas por planta, estimaciones conservadoras del propio sector industrial sitúan ese gasto entre 8 y 15 millones de dólares al año. La planilla básica de personal, seguridad industrial y servicios esenciales añade otros 5 a 8 millones. El resultado es contundente: la planta de urea genera costos constantes de entre 60 y 70 millones de dólares anuales antes de producir una sola tonelada.

Fallas estructurales

El exministro de Hidrocarburos, Álvaro Ríos, alertó que la planta de urea y amoniaco atraviesa un deterioro técnico severo, con problemas estructurales que comprometen su operatividad y generan pérdidas económicas para YPFB y el Estado boliviano. Entre los principales daños mencionó el sistema de tratamiento de agua y, sobre todo, el caldero que genera vapor, cuyos tubos de alta presión —según dijo— han sido reparados de forma precaria.

“Es básicamente un caldero chatarra. La planta se prende y se apaga constantemente y se gasta más en reparaciones que en lo que ingresa”, afirmó.
Ríos sostuvo que la planta ha sido administrada por personal sin experiencia técnica, lo que derivó en una operación ineficiente y costosa. En ese marco, planteó como primera medida una auditoría técnica integral que permita conocer el estado real de todas las unidades, el costo de una reparación completa y la viabilidad de su recuperación.

El exministro dijo que la planta no puede seguir funcionando por debajo de su costo operativo, ya que las pérdidas son absorbidas por YPFB Corporación y, finalmente, por el Estado boliviano.

“Eso genera pérdidas que se trasladan al Estado, que termina endeudándose para sostener una planta que no cubre ni su costo operativo”, señaló.
Frente a este escenario, Ríos propuso evaluar si la planta debe seguir bajo operación directa de YPFB o si corresponde avanzar hacia una concesión administrativa al sector privado, para que sea gestionada por un operador eficiente, con capacidad técnica y acceso a mercados.

 

Planta de urea: costos altos y desgaste comprometen la sostenibilidad de Bulo Bulo

Las exportaciones por el momento no han logrado recuperar la inversión realizada por el Estado en esta obra

 

Ingresos

La Planta de Amoniaco y Urea de YPFB cerró la gestión 2024 con ingresos superiores a Bs 1.050 millones por ventas en el mercado interno y externo. Sin embargo, los datos oficiales muestran que estos recursos conviven con una estructura de costos elevada, lo que mantiene abierta la discusión sobre su sostenibilidad económica y su eficiencia operativa.

De acuerdo con las Notas de los Estados Financieros 2024 de YPFB, la comercialización de urea en el mercado externo generó aproximadamente Bs 881 millones, con costos cercanos a Bs 704 millones, lo que dejó una utilidad bruta de alrededor de Bs 177 millones. 
En el mercado interno, las ventas alcanzaron casi Bs 173 millones, frente a costos de unos Bs 104 millones, con una utilidad bruta aproximada de Bs 69 millones.

En la gestión 2024, la planta reportó ingresos totales superiores a Bs 1.050 millones, consolidando un volumen de ventas significativo dentro de su operación anual. Este desempeño estuvo acompañado por costos de venta cercanos a Bs 808 millones, lo que refleja la magnitud de su estructura operativa y productiva.

Como resultado, la utilidad bruta combinada se ubicó alrededor de Bs 246 millones, evidenciando que, en términos contables, la planta mantiene un margen bruto positivo. Este resultado está impulsado principalmente por el mercado externo: más del 80% de las ventas totales provienen de exportaciones, que se constituyen en el principal motor de ingresos y rentabilidad del complejo productivo.

Sin respuesta de YPFB

Para este reporte se envió un cuestionario a la nueva administración del estatal YPFB para conocer en detalle sobre la situación de este complejo petroquímico, pero hasta el cierre de esta edición la compañía no respondió las consultas de EL DEBER.

No obstante, la administración de Luis Arce Catacora, aseguró en varias oportunidades que la industria se encontraba operando de forma óptima.
Sin embargo, si se toma en cuenta la inversión que tuvo este proyecto, $us 950 millones, la recuperación de este monto aun es lejana para el Estado.
Frente a ese monto, los ingresos generados por la planta muestran una mejora reciente, pero aún limitada en términos estructurales. De acuerdo con el documento Gestión de Resultados 2022–2024 de YPFB, en 2023 la venta de urea generó 108 millones de dólares, pese a la caída de precios internacionales, superando los ingresos acumulados del periodo 2017–2021. En 2024, los ingresos crecieron 41,28% respecto a 2023, impulsados por el récord productivo de 525.574 toneladas métricas de urea.

Aun tomando el mejor escenario reciente, el contraste es contundente: un solo año “bueno” de ventas equivale a poco más del 10% del costo total de la planta. Incluso si se asume que 2024 mantuvo ingresos del orden de los 150 millones de dólares —cifra coherente con el crecimiento reportado—, la recuperación de la inversión inicial requeriría varios años consecutivos de operación plena, sin paradas prolongadas, sin bloqueos y con mercados externos estables.

El propio informe de YPFB introduce matices que relativizan el optimismo. La planta estuvo casi dos años completamente paralizada entre 2019 y 2021, un periodo en el que no solo no generó ingresos, sino que siguió acumulando costos fijos y deterioro de equipos. Además, durante 2022–2024, los conflictos sociales y bloqueos provocaron pérdidas millonarias diarias, limitaron las exportaciones.

Desde la lógica económica, los datos oficiales permiten una conclusión incómoda: la planta recién está empezando a producir a un nivel que se parece a lo que se proyectó cuando se la diseñó, pero lo hace varios años después y en un contexto mucho más adverso.