Tensión Lula-Milei: Brasil dejará de representar a la Argentina en Venezuela, e Italia toma la posta


El presidente brasileño terminó de decidirlo después de que su par argentino posteara una foto suya con Maduro; es el peor momento del vínculo bilateral.

Luiz Inacio Lula da Silva y Javier Milei, durante la última reunión del Mercosur en Foz de Iguazú. Foto: Natacha Pisarenko – AP



Fuente La Nación de Argentina

El día en que el Mercosur lograba en Bruselas la aprobación de su acuerdo con la Unión Europea, fue también el de un ácido conflicto en el seno del bloque sudamericano. El gobierno de Brasil resolvió no seguir representando los intereses de la Argentina en Venezuela. La Cancillería argentina fue informada de esa decisión por la diplomacia brasileña y buscó un reemplazo en Italia, que ahora se hará cargo de esa delegación ante Caracas.

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La decisión de no seguir gestionando la agenda argentina ante el régimen chavista fue tomada por Luiz Inacio Lula da Silva. El motivo fue el fastidio que produjo en el presidente de Brasil la primera presentación que realizó su colega Javier Milei sobre la captura de Nicolás Maduro por el gobierno de los Estados Unidos, el sábado pasado.

Ese mismo día, la cuenta del Presidente reproducía un video de su discurso en la última reunión de presidentes del Mercosur. Allí él había respaldado la presión militar norteamericana sobre Venezuela. Cada frase de Milei estuvo intercalada con una imagen de Lula, como si fuera un mensaje dirigido a un único destinatario. Sin embargo, lo que causó el enojo brasileño es que el post terminaba con una imagen de Lula y Maduro abrazados.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso de un vínculo muy agresivo entre los dos mandatarios. La decisión de la diplomacia brasileña de desentenderse de los intereses argentinos en Caracas es un indicador del pésimo estado de la relación bilateral entre la Argentina y Brasil. Es difícil encontrar un momento peor desde la restauración democrática de ambos países.

La asunción por parte de Brasil de la representación argentina ante Caracas fue un intento de Lula da Silva de mejorar el trato con Milei. El gobierno argentino había desconocido el resultado de las elecciones por las que Maduro siguió en el poder, denegando el triunfo a su rival Edmundo González Urrutia.

Esa postura de la Casa Rosada hizo que en julio de 2024 recrudeciera la agresividad chavista. Comenzó a haber un acoso sistemático sobre la embajada argentina en Caracas, adonde habían ido a buscar asilo los miembros del equipo de campaña de María Corina Machado, perseguidos por la dictadura. El desenlace de esa presión creciente fue que el gobierno de Maduro expulsó a los diplomáticos argentinos.

El 1 de agosto Brasil resolvió encargarse de los intereses argentinos. La bandera de Brasil se izó en la embajada de la Argentina. Venezuela lo aceptó. Pero, en septiembre, intentó revocar esa aceptación alegando que dentro de la sede diplomática se realizaban actos en contra de altos funcionarios del chavismo.

La actitud del régimen chavista expresaba también un conflicto creciente con el gobierno brasileño que, con una tonalidad menos agresiva, tampoco reconocía el triunfo de Maduro. Ese entredicho terminó de manera conflictiva el 22 de octubre de 2024, cuando Lula se negó a que el dictador venezolano participara como invitado de una cumbre de los BRICs que se celebraba en la ciudad rusa de Kazán. Ese distanciamiento de Brasilia con Caracas hizo que la asociación de Lula con Maduro promovida por Milei causara más malestar en la presidencia brasileña.

El conflicto de Milei con Lula es antiguo. Milei siempre creyó que el líder del PT intervino a favor de Sergio Massa en la campaña por el ballotage de 2023 enviándole a su propio equipo de campaña. El gobierno de Brasil ha negado esa intromisión, aclarando que esa contratación había corrido por cuenta de Massa. Milei sospecha que esos expertos en marketing fueron los culpables de una campaña sucia contra él y su hermana. Aunque también atribuyó esa operación a Antoni Gutiérrez-Rubí, el asesor catalán de Massa.

Lula, a su vez, está agraviado por la cantidad de veces en que Milei lo trató de corrupto, con nombre y apellido. También fue molesto para él que el presidente argentino participara de actos proselitistas de su principal rival interno, Jair Bolsonaro.

Un esfuerzo sistemático realizado en Buenos Aires y Brasilia por funcionarios de los dos gobiernos logró encapsular la antipatía personal de los presidentes, para que no afectara la relación bilateral. Esa relación no sólo es crucial para las negociaciones del Mercosur con terceros bloques y países. También es importante para los grandes proyectos energéticos que se tramitan entre los dos países, sobre todo el que está orientado a proveer gas de Vaca Muerta al mercado brasileño.

Desde la captura de Maduro, en especial desde ese posteo de Milei en su cuenta de X, la enemistad volvió a primer plano. No parece ser la consecuencia de un arrebato emocional. Carente de rivales internos de peso, es posible que el presidente argentino quiera constituir su propia imagen en oposición a un líder de centroizquierda de la dimensión de Lula.

Esa pretensión se vería reforzada por una iniciativa en el plano diplomático: el sueño de Milei de liderar un bloque de diez países con gobiernos de derecha. Hay varios indicios de que ese experimento tendría un matiz anti-Lula. El primero de ellos fue la divulgación de la Cancillería argentina, a través de mensajes de terceros en redes sociales, de una noticia resbaladiza: que el canciller argentino, Pablo Quirno, fue crucial para que una decena de países rechazara en la CELAC una condena a la intromisión de Trump en Venezuela, promovida, sobre todo, por Brasil y México.

Fuentes diplomáticas de esos dos gobiernos niegan que ese documento haya existido por la sencilla razón de que en la CELAC sólo prosperan pronunciamientos unánimes. Una declaración contra Trump jamás lograría el consenso absoluto.

Con la decisión brasileña de ayer el clima bilateral estará más tenso. Por eso será interesante ver qué posición tomarán en la constitución de esa liga de gobiernos de derecha países que, siendo aliados ideológicos de la Argentina, mantienen siempre una relación amigable con Brasil, como es el caso de Bolivia y Paraguay.