Viajeros del tiempo


 

 



Corría el año 1555 cuando salía a la luz el libro “Las profecías de Michel Nostradamus”. El trabajo comprendía 353 cuartetas escritas en términos enigmáticos que tenían el objetivo de anunciar sucesos futuros. El médico y astrólogo francés, tuvo bastante éxito, sobre todo, luego de que en 1559 se produjera la trágica muerte del rey Enrique II durante la realización de un torneo, acontecimiento que fue asociado a las predicciones del astrólogo, lo que le valió fama y reconocimiento.

Nostradamus al igual que otros como ser David Lang, Kaspar Hauser, John Titor o Andrew Basiago, fueron envueltos en leyendas urbanas que intentaron mostrarlos como viajeros del tiempo, aunque aquellas especulaciones carecen de toda evidencia científica. Las predicciones presentadas durante el siglo XVI, fueron estudiadas y analizadas hasta nuestros días, dependiendo muchas veces de las traducciones, que las han convertido en relatos fascinantes con una muestra de misterios y pseudociencia.

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Uno de los temas que ha obsesionado a los científicos son los viajes en el tiempo. El puente Einstein-Rosen, representa un tipo de agujero de gusano que une dos regiones distantes en espacio y tiempo. Según estudios recientes este puente es la conexión temporal en dos direcciones. Los seres humanos conciben el tiempo como algo que sólo avanza hacia adelante, pero las leyes fundamentales de la física explican que el tiempo fluye en ambas direcciones.

El profesor del Instituto de Cosmología de la Universidad de Tufts, Ken D. Olum, mantiene una teoría para el viaje en el tiempo basada en cuerdas cósmicas infinitas y paralelas. Si estas se cruzarán podrían deformar el espacio-tiempo de tal manera que se originaría una máquina del tiempo natural. Si alguien viaja alrededor de estas cuerdas, siguiendo una trayectoria concreta, podría regresar al punto de partida en un tiempo anterior.

Mientras la ciencia busca dar con la máquina del tiempo, los Viajeros del Tiempo lo hacemos hace 22 años. La primera entrega salió al aire el 31 de enero de 2004, tras largas semanas valorando si merecía la pena producir un programa histórico luego de los sucesos que enlutaron al pueblo boliviano en octubre negro (2003). Gracias a la colaboración desinteresada de la extinta Cristina Corrales, directora de Radio Bolivariana, la única inversión realizada fueron unos refrescos y empanadas para agradecer a Donato (operador de equipos) y pasajes de transporte público para ir a la Biblioteca Municipal donde seleccionaba los temas que presentaría semana tras semana.

Así comenzó un desafío personal que vino motivado por la ausencia de programas educativos y de información histórica en medios, con el objetivo de analizar y vincular los diferentes temas del acontecer diario con una mirada más profunda, crítica y reflexiva, tratando de encontrar respuestas a los grandes problemas por los que atravesaba el país. A la iniciativa se fueron sumando como invitados personalidades destacadas del ámbito académico, los mismos que nutrían con sus vastos conocimientos aquel programa de enfoque juvenil.

Desde el principio el programa encontró su espacio en radio, pudiendo –a medida que la audiencia crecía– ser acogidos por uno de los íconos de la radiofonía paceña como es Radio Metropolitana. El programa se caracterizó por mostrar la historia sin filtros y de forma directa a los oyentes, sin encontrar escollo alguno por parte de los directores o dueños de la radio, por el contrario, brindando su apoyo desinteresado a un programa carente de patrocinio.

Un proyecto que arrancó con dudas al no tener claro cuánto tiempo podría sostenerse al aire sin publicidad, ni conocer el número de audiencia que tenía del otro lado del repetidor, aunque pronto descubrí que el experimento funcionaría si encontraba el formato adecuado, aquel que responde a un criterio más divulgativo y menos académico, que hace que las personas asimilen mejor el contenido de nuestra propuesta, misma que se mantiene vigente después de más de dos décadas.

Para el año 2010 y con el programa consolidado, tuve que ausentarme del país. Mi viaje fue un exilio en toda regla debido a la coyuntura política por la que atravesaba Bolivia en aquellos años. La voluntad del equipo por permanecer al aire fue grande, a pesar de que tras mi alejamiento el experimento resultó insostenible, marcando el final de ciclo tras seis años de tesonera labor conduciendo el proyecto cultural y educativo, Viajeros del Tiempo.

La llegada de las redes sociales y las nuevas tecnologías, posibilitaron que Viajeros del Tiempo se mantenga vigente. Bajo un formato escrito, la divulgación de la historia de Bolivia trascendió las fronteras. Bajo este formato se pudo ampliar los contenidos y los artículos divulgativos comenzaron a centrarse en temas internacionales, políticos y sociales. La audiencia local con la que había nacido el programa, creció exponencialmente gracias a la influencia de las redes sociales que permitieron alcanzar alcance internacional.

A lo largo de estos 22 años el universo de aquella iniciativa de juventud ha crecido en cantidad y calidad. La difusión de decenas de programas de radio lo confirman, cientos de publicaciones en redes, libros escritos, transmisiones en vivo y desde hace cuatro años colaborando con columnas de divulgación histórica en varios medios digitales, muestran el compromiso con la educación y el conocimiento, la consolidación de un sueño de juventud que se preserva intacto y con el objetivo de seguir creciendo.

Es difícil explicar por qué continúo con esta tarea por tantos años, un proyecto que nunca tuvo empresas ni instituciones públicas detrás. Probablemente, esa es una de las principales razones, puesto que he podido mantener mi independencia y no vender ni alquilar mi pluma, aspecto que me permite sentirme orgulloso, conservar mi libertad de conciencia y ser defensor de la libertad de expresión que los últimos veinte años ha sido perseguida y silenciada. Que nadie dude acerca del esfuerzo y dedicación que pongo en cada detalle, intentando cuidar mi credibilidad que es el activo más importante para esta labor que espero se conserve por mucho más tiempo.

Mientras esta singladura de la historia continúe, que el desánimo y la frustración no minen nuestro espíritu y nos obliguen a cambiar nuestra forma de pensar, recuerden que: “Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.