
La crisis energética en Bolivia se agrava. Entre enero y septiembre de 2025, la renta petrolera del país sufrió un desplome del 42% interanual, según cifras oficiales de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Esta estrepitosa caída no solo confirma el deterioro del sector hidrocarburos, sino que asfixia las arcas del Estado y recrudece la ya crítica escasez de divisas en la economía nacional.
Fuente: El Diario
La contracción del sector hidrocarburífero responde a una “tormenta perfecta”: la caída sostenida en los volúmenes de producción se conjuga con un ciclo de precios adversos y una reconfiguración estructural del mercado. Según los últimos Indicadores Financieros de la Renta Petrolera de YPFB, los ingresos actuales han tocado sus niveles mínimos en años, reflejando el agotamiento del modelo previo.
El reporte más reciente de la Gerencia de Administración Económica y Financiera de Contratos revela que la tendencia negativa iniciada en 2022 se mantiene firme al cierre de 2025. Los datos, expresados en millones de dólares, reflejan un escenario de erosión sostenida en los ingresos de la petrolera estatal.
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Hasta antes de ese año, se presentó una “época dorada” del sector: la renta petrolera escaló hasta los 2.657 millones de dólares, gracias al viento a favor de los mercados internacionales. Pero la bonanza fue finita; a partir de ahí, los ingresos iniciaron un declive ininterrumpido.
El declive de los ingresos por hidrocarburos en el país no da tregua. Tras haber cerrado 2023 con una renta de 1.984 millones de dólares, la cifra descendió a 1.619 millones en 2024. El panorama para el próximo año es aún más sombrío, según el último informe oficial de YPFB, se prevé que los ingresos toquen un nuevo suelo situándose en apenas 1.502 millones de dólares.
Asimismo, el deterioro del sector se hace evidente al desglosar las cifras comparativas. Entre enero y septiembre de 2024, la generación de renta petrolera se situó en 1.310 millones de dólares, una cifra que refleja el agotamiento del modelo extractivo al contrastarla con el historial de los últimos años.
Durante el mismo período de 2025, los ingresos descendieron hasta situarse en apenas 760 millones de dólares. Este desplome financiero constituye el factor determinante tras la actual iliquidez de divisas en la economía boliviana, considerando que las exportaciones de gas natural permanecen como el pilar fundamental para la captación de moneda extranjera.
El balance de YPFB revela una dualidad crítica para el Tesoro General de la Nación (TGN), mientras se mantiene como el principal receptor de la renta petrolera, sufre el impacto más severo en términos nominales debido a la caída en la recaudación.
La caída automática del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) ha encendido las alarmas en las gestiones locales. Al estar indexado directamente a los ingresos del sector, este recorte financiero golpea sin tregua a gobernaciones, municipios y universidades públicas, mermando su capacidad para sostener infraestructuras críticas, programas de salud y proyectos estratégicos de inversión.
Fuente: El Diario