Tal anuncio se produjo ante las dudas que el recuento de votos generaba, puesto que la diferencia a favor del “No” se iba reduciendo “misteriosamente” —unas horas más y, con seguridad, la tendencia “se revertía” y el “Sí” aparecía triunfante, dadas las malas artes de un Órgano Electoral obediente al régimen—. Algo de conciencia tuvo la señora Uriona que no dejó pasar más tiempo, como lo pretendían el resto de los vocales, y puso fin a la espera para iniciar la fiesta de la democracia.
En lo tocante a mi persona, un canal de televisión me invitó a dar mis apreciaciones al respecto, para lo que tuve que dejar por un momento el festejo y, ya en el estudio, me encontré con que tenía que vérmelas con un, hasta hace poco, “analista” muy requerido por los medios; acérrimo cohonestador de las fechorías de Morales, por aquel entonces, y de Arce, luego. Recuerdo que este individuo perdió los estribos y sólo atino a insultarme. Yo, feliz de la vida.
Antes de ocuparse de labores gubernamentales propiamente dichas, apenas inaugurado su tercer mandato (segundo en la contabilidad garcialinerista, avalada por una forzada sentencia constitucional), la voracidad de poder de Morales Ayma, ya sin argumentos para burlarse de la CPE, y con el impulso que le dio la elección, montó el referido referéndum, seguro de que arrasaría en el mismo dado el control que ejercía sobre el TSE.
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Con tal seguridad, aseveró que si perdía, “así fuera por un voto”, se retiraría a su chaco “con su quinceañera” al final del periodo. En principio, reconoció su derrota, pero su entorno ya estaba tramando el “plan B”.
En el recuento del acontecimiento central de cada año que suelo hacer a fin de gestión, caractericé a 2016 como “el Año No-Evo” describiéndolo como “quien se creía imbatible, convocó a un referéndum para legitimar su afán reeleccionista, pero fue barrido por la voluntad popular el 21 de febrero de este año. Pero 2016, “el Año No-Evo”, lo ha sido en todas las formas. Se podría decir que la mezcla explosiva —corrupción, abuso de poder, ineficiencia, ineptitud, etcétera—, que activó apenas llegado al Palacio Quemado, estalló en sus manos, causando daños irreversibles a su proyecto de permanencia indefinida en el poder”.
Y acá estamos, en 2026, respirando nuevos aires democráticos, cuyo antecedente más relevante —luego vino la “Revolución de las pititas”— es el hecho de que referimos. Los burdos intentos de torcer la decisión ciudadana, primero con aquello del “derecho humano a la reelección indefinida”, otra aberración jurídica validada por el Tribunal Constitucional Plurinominal —algunos de cuyos miembros fueron premiados con cargos diplomáticos— y, luego, con el fraude monumental, sumados al grosero gobierno de Arce Catacora, terminaron condenando al retrete de la historia al MAS y a sus “movimientos sociales” para siempre, al menos así lo espero.
Celebro, pues, ese “21F” que inició el camino para liberarnos del oprobio al que nos tenía sometidos un régimen delincuencial que, sin pudor alguno y de formas absolutamente perversas, intentó quedarse en el poder eternamente. Nosotros, la ciudadanía, se lo impedimos. ¡Salud!
Puka Reyesvilla es docente universitario.
