Bloqueo e inflación inducida


Oscar A. Olmedo

 



Los bloqueadores asumen que la “línea más corta entre dos puntos es una línea recta”, por lo que ipso facto, la cortan y evitan su libre tránsito. Los bloqueados más intuitivos, se ven obligados a desviarse por un amplio semicírculo sin saber que, otro principio basado en una tierra esférica, estima que, “el camino más corto es una curva llamada arco de círculo (una geodésica)”. Es evidente que ambos principios, siendo axiomáticos geométricamente para espacios distintos, se invalidarían bajo una intervención externa brusca.  Trasladada a la economía estos principios, en el que una curva/recta de oferta o demanda, se desplaza hacia un equilibrio dentro un plano cartesiano, si de pronto, se la interfiriese, forzara o quebrara súbitamente en algún punto de su recorrido, la teoría se desligaría de aquella curva/recta, que se haría mera ideografía, separada y extrañada de su teoría.

Un eje principal para salir de la crisis económica se aduce y dirige hacia la estabilidad de precios, para lo cual se diseñan políticas económicas que desinflen precios. Pero, si se inserta externamente una anomalía como el bloqueo, ¿qué sucede? Toda la planificación tiende a desmoronarse. Y, surge la duda, ¿el bloqueo, es la causa del desequilibrio económico-social o, es efecto de las políticas económicas? Los diseñadores de política se inclinarán por señalar como causa el bloqueo. Los bloqueadores afirmarán tajantemente que son efectos perversos de políticas invasivas y siniestras contra su actual status económico, ignorando que, el bloqueo es un boomerang que produce inflación. Aunque la inflación se en-causa por distintos motivos, no necesariamente procedentes del bloqueo, como aquella de tendencia estructural-histórica o, de una demanda que sobrepase a la oferta, o, costos elevados, e incluso, de tipo monetario (emisión inorgánica de dinero). Lo sintomático es que, para el caso de Bolivia envuelta en bloqueos, se inserta otro tipo de inflación denominada: inflación inducida. Esta última, la más peligrosa, agresiva y fuera del control del mercado y de políticas económicas, es producto del bloqueo.

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Interesa descifrar, por ejemplo que, en el caso de la fijación de salarios, en una economía estatista, quien fija el precio del salario nominal no es el mercado. Contrariamente, es un indicador que se maneja por presión desde movimientos eufemísticamente denominados “sociales” o “autoconvocados”, dirigidos generalmente desde un gran Monopolio Sindical, altamente totalitario e inflacionario, donde se blandan las armas de la huelga y el bloqueo para conseguir e imponer el precio salarial. Son el símil del monopolio industrial y del estatal. Juntos, hacen una trilogía que impone precios dadas sus mismas armas y características. El Monopolio Sindical bloquea porque no admite el equilibrio entre oferta y demanda, elude la intersección de ambos para que no sea equivalente al producto marginal de los ingresos del trabajo. Peligrosa ecuación matemática está, pues, si la dirección sindical no trabaja, y se instalara aquel indicador, no ganaría absolutamente nada. Contrariamente, con un salario impuesto por encima del de equilibrio, el sindicato fuerza de inicio el precio mínimo salarial nominal —dentro el centralismo del monopólico estatal—, dejando sobre esa base inconmovible, la “libre” negociación con la empresa privada, produciendo, inflación. Lo paradójico es que ningún salario de ningún miembro de la dirección monopólica sindical, se equipara al salario mínimo solicitado. Es pues, el Monopolio Sindical, la fuerza pesada que, girando axialmente en torno a su interés mercantil, es el único vendedor de ilusiones, ideologías, servicios político-sociales-exclusivos, nepotismo y clientelismo que, evadiendo sustitutos competitivos legales basados en el trabajo y el esfuerzo, sitia con el muro, la entrada de otros servidores democráticos, cercando a la palabra diferente y toda alteridad que se acerque a su muro medioeval.

Pero, lo más resaltante del Monopolio Sindical, es que igualmente no permite fijar los precios de otros productos, al impedir el curso normal del libre tránsito de mercaderías. Óbice que se internaliza en las dimensiones espacio-tiempo, por lo que la inmovilidad de productos en las carreteras sin llegar a concluir en el mercado final, eleva precios de insumos, bienes intermedios, productos terminados y, otros bienes no afectados directamente por el bloqueo, pero que, por la especulación inflacionaria se elevan. Hay que sumar que el costo de transporte se incrementa violentamente (sin vías accesibles, no hay rectas ni semicírculos viables), elevando así, el costo total y, por ende, precios, no únicamente afectando al comercio interno, sino especialmente a los precios de las exportaciones e importaciones, incrementándolos y repercutiendo en el precio del tipo de cambio: menos divisas por efecto de caída de exportaciones e, incremento de demanda de divisas para importar, lo que provoca irremediablemente, una depreciación de la moneda boliviana. Otro elemento funesto que ocasiona el bloqueo, es la incertidumbre, variante psico-económica, que lleva a una forclusión forzada de inversiones internas y externas. Así, el bloqueador impide alcanzar el fin/objetivo económico, e inversamente, impulsa una inflación inducida, ocasionando una estanflación continua.

El bloqueo es la antinomia de la democracia y el libre mercado. Es el arma letal a la estabilidad de precios. Inflama la inflación. Corroe los vértices y ángulos de la economía toda y los inutiliza, cuando zarandea y zigzaguea por espacios ajenos al mercado, evitando el punto culminante del equilibrio: el auténtico precio justo. Por eso, evade, desarregla, altera, busca imponer, fijar precios dentro un poder ilimitado que le otorga sintomáticamente un mercado no competitivo laboral de competencia imperfecta. Su existir, es propio del Estatismo del don, la gracia, la merced y solidaridad hacia quien no trabaja.