Por Roy Alex Muguertegui T.
¿La Selección de Bolivia es realmente favorita para superar a Surinam y avanzar a la siguiente fase del repechaje rumbo al Mundial 2026? La reacción inicial de la afición pareciera decir que sí. Para muchos, encontrarse con Surinam en el camino representa un rival accesible, casi una “presa fácil”. Pero el análisis profundo obliga a mirar más allá del entusiasmo popular y reconocer que el fútbol actual ya no admite subestimaciones.
Para Óscar Villegas, el tiempo al mando de la Selección será juzgado estrictamente por sus resultados en esta etapa decisiva. El repechaje es, sin duda, la prueba que definirá si su proyecto merece continuidad o si se debe buscar un nuevo rumbo. La presión está instalada, y cada detalle cuenta.
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Las estadísticas históricas no ofrecen un parámetro sólido para comparar a Bolivia y Surinam: han transitado caminos distintos y con realidades competitivas muy diferentes. Sin embargo, es innegable el progreso reciente de varias selecciones de Concacaf, cuya evolución empieza a reducir brechas. Aun así, sigue siendo cierto que ninguna ha logrado equipararse al rigor competitivo de las selecciones más emblemáticas de Conmebol como Brasil, Argentina, Uruguay, Colombia o Ecuador, cuyos procesos avanzan con firmeza.
En la última Eliminatoria, Bolivia finalizó en el puesto 7 con 20 puntos, producto de 6 victorias, 2 empates y 10 derrotas, con 17 goles a favor y 35 en contra. Es una campaña irregular, pero suficiente para alcanzar el repechaje. Surinam, por su parte, acumuló nueve puntos: dos victorias ante El Salvador, tres empates dos frente a Panamá y uno ante Guatemala y una derrota frente a este último rival, que les impidió clasificar directamente.
Hoy, Bolivia no puede permitirse pensar en otra cosa que no sea fortalecer su modelo de juego y recuperar sensaciones positivas. De los últimos cuatro amistosos, apenas se ganó ante Jordania (1-0) y cayó Rusia (3-0), Corea del Sur (2-0) , Japón (3-0), Perú (2-0), Panamá (1-1) y México (0-1) El desafío inmediato de Villegas es evidente: devolverle confianza a un plantel que llega golpeado.
Las dudas sobre el entrenador crecen. Hay quienes consideran que está perdiendo respaldo por la falta de resultados y un discurso que todavía no logra consolidar una identidad en la cancha. Y la pregunta incómoda empieza a asomar: si Bolivia no supera el repechaje, ¿se debe pensar en un técnico con mayor experiencia en Eliminatorias y procesos competitivos?
Por ahora, lo que está en juego es demasiado importante para distraerse con futurismos. Bolivia tiene los jugadores para competir y un rival que, al menos en los papeles, debería estar a su alcance. Pero ser “favorito” no basta. El fútbol premia a quienes trabajan, corrigen y creen en su proyecto. Lo demás se definirá en la cancha.
Fuente: diez.bo

