Cisterneros corren con el costo de 20 millones de litros de combustible parado


Más de 700 camiones cargados con gasolina de Paraguay y Argentina llevan casi un mes sin descargar. El dirigente Sergio Kosky advierte sobre riesgos humanos, ambientales, económicos, y cuestiona las explicaciones ambiguas de YPFB 

Por Ernesto Estremadoiro Flores



Fuente: eldeber.com.bo

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

La crisis en la Refinería de Palmasola ya no es solo logística, es financiera. Más de 700 camiones cisternas con alrededor de 20 millones de litros de gasolina permanecen parados desde hace casi un mes, trasladando el costo del bloqueo operativo directamente a las empresas transportistas. Así lo advirtió Sergio Kosky, dirigente cisternero, en el programa Influyentes, de EL DEBER.

“Tenemos camiones parados pagando sueldos, seguros, viáticos y cuotas bancarias sin mover un metro. Todo corre en contra”, resumió Kosky. A ese cuadro se suma un riesgo técnico clave: la merma por evaporación. Tras 30 días de espera, al momento de descargar puede registrarse una diferencia de hasta dos toneladas por cisterna, un factor que —según el sector— podría derivar en penalizaciones injustas si no se reconoce el tiempo de inmovilización.

El dirigente explicó que los transportistas no compran ni certifican el combustible. “La compra, el pago y los certificados de calidad corresponden a YPFB. Nosotros solo transportamos donde la estatal indica; los tanques viajan precintados y abrirlos es delito”, subrayó. La gasolina detenida proviene principalmente de Paraguay y Argentina.

Mientras tanto, Santa Cruz se abastece con combustible importado desde Chile, que ingresa y sale al mercado sin hacer fila. “Es contradictorio traer producto de Chile cuando hay 15, 16 o 20 millones de litros en la puerta de la planta”, cuestionó Kosky, al tiempo de señalar que la estatal argumenta problemas de mezcla (gasolina base con gasolina blanca y etanol) para explicar la demora.

El impacto humano agrava el balance: conductores viviendo semanas en sus cabinas, con dificultades de alimentación y altas temperaturas, además del riesgo operativo que implica concentrar cientos de cisternas cargadas durante tanto tiempo.

Ante este escenario, el sector pide la aplicación de un régimen de ‘stand by’ remunerado, estándar en el transporte internacional, para cubrir los días de inmovilización y evitar castigos por evaporación. “Hubo tres reuniones y compromisos firmados. El último vence este miércoles. Si no se cumple, las empresas evaluarán medidas”, advirtió Kosky.

El reloj corre y las pérdidas se acumulan. Para los cisterneros, liberar la planta ya no es solo una urgencia logística: es la única forma de frenar un daño económico que crece con cada día de espera.

Acuerdos que no alcanzan

El viernes, 20 de febrero, el mismo Kosky indicó que de las 700 cisternas que se mantienen varadas desde hace más de 26 días en los exteriores de Palmasola —con más de 20 millones de litros de combustible— unas 300 empezarán a ingresar a los predios para agilizar la logística del producto.

El jueves, Kosky había manifestado que YPFB no se había comunicado oficialmente con los transportistas, sobre las razones que impedían la descarga de combustible en los tanques de Palmasola, pese a haber firmado un acta para descargar 40 camiones diarios.

El presidente de YPFB, Yussef Akly, afirmó que son 300 las cisternas —y no 700— de las cuales la mitad contienen diésel. El ejecutivo argumentó que la diferencia con la anterior gestión es que solo se contaba con una capacidad de abastecimiento para un día, cuando en la actualidad la autonomía es de nueve días.

“Dentro de eso estamos reorganizando todo el sistema logístico, plantas, buques entrega, cisterna y todo eso y se amplió la capacidad (…), estamos reconfigurando ese sistema para poder recibir mayores volúmenes a los que ya tenemos inclusive en stock y eso es lo que estamos haciendo en esta reconfiguración”, señaló Akly.

La acumulación no solo tensiona a los cisterneros, sino que también transforma el entorno: calles tomadas por vehículos pesados, tránsito restringido y un riesgo latente por la concentración de material altamente inflamable en plena zona urbana. El peligro es real.

El combustible está ahí, a pocos metros de los tanques de almacenamiento. Está en los camiones, detenido, esperando. Y mientras la descarga avanza lentamente, la zona de la avenida Santos Dumont, se convierte en el retrato más claro de una crisis logística que todavía no encuentra ritmo.

Avances

Luego de reclamos y advertencias del sector transportista por problemas en el abastecimiento de combustibles, la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) inició la descarga de 100 camiones cisterna adicionales en tres plantas de almacenaje ubicadas en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, como parte de un operativo para reforzar la provisión de diésel y gasolina.

Mediante un comunicado de prensa, la empresa informó que los volúmenes de combustible de importación están siendo descargados en las plantas Alcasa, Discar y YPFB Logística S.A., consideradas puntos estratégicos para el abastecimiento del mercado cruceño y del oriente del país.

“El diésel y la gasolina continúan ingresando de manera programada, porque no podemos reducir los días de autonomía para el abastecimiento nacional”, explicó Carlos Cuéllar Pinto, gerente de Productos Derivados e Industrializados de YPFB.

La autoridad detalló que, además de las 100 cisternas en descarga, la estatal evalúa la utilización de otras plantas y tanques adicionales, como parte de un ajuste logístico que permita responder a la alta demanda y evitar quiebres en la cadena de suministro.

“Estamos descargando 100 cisternas, viendo otras plantas y preparando otros tanques de almacenamiento”, señaló.

Según datos oficiales, entre el 20 y el 23 de febrero, YPFB descargó más de 300 camiones cisterna con gasolina y diésel en las plantas de almacenaje de Santa Cruz, en un periodo marcado por filas en estaciones de servicio y denuncias de irregularidades en la distribución.

La estatal petrolera indicó que estas acciones forman parte de adecuaciones logísticas operativas, que incluyen la habilitación de infraestructura adicional y el refuerzo de los controles de calidad del combustible importado, en medio de cuestionamientos del transporte por los daños en el motor de los vehículos.