Familias cruceñas refuerzan las medidas de limpieza y protección ante la proliferación de criaderos.
Ximena Rodriguez
Fuente: Red Uno
Ante el sostenido incremento de casos de chikungunya en Santa Cruz, las familias han transformado el uso de repelentes en un hábito cotidiano e indispensable. “Yo uso repelente, a veces insecticidas para el cuarto, cierro las puertas y fumigo de noche”, relata una vecina preocupada por la protección de su hogar.
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La eliminación de recipientes con agua estancada se mantiene como la principal barrera física para evitar que el mosquito transmisor se reproduzca en los barrios. Al respecto, los habitantes aseguran que vacían todas las aguas estancadas y refuerzan la seguridad en las habitaciones mediante el uso de mallas protectoras.
En el sector comercial, la alta demanda ha dinamizado la venta de insumos básicos para evitar la picadura durante las horas de descanso.
“Están viniendo a comprar mosquiteros, el más económico está a Bs. 60, después tenemos de Bs. 120”, confirmó una comerciante local sobre el flujo de clientes.
Las farmacias también juegan un rol clave al asesorar a la población sobre métodos complementarios como el consumo de vitaminas para repeler insectos. Una farmacéutica explicó que buscan el complejo B porque “esa vitamina se transmite en el sudor y los mosquitos no se acercan”, además de ofrecer presentaciones en crema y líquido para todas las edades.
