El colapso de la isla de Cuba es triste, pero al mismo tiempo, un patético hecho. Los cubanos no tienen energía eléctrica – salvo por momentos muy breves -, carecen de combustibles – que desde siempre fueron entregados por dictaduras y totalitarismos comunistas, desde la ex Unión Soviética hasta el chavismo como su mayor mecenas, lo que les permitió extender sus redes de espionaje y desestabilización política en varios países, olvidándose de lo más importante: generar bienestar y riqueza para sus ciudadanos. Se enfocaron – ni siquiera con “contaminar” con una de las peores ideologías como lo fueron el comunismo, leninismo, marxismo a todas las democracias del continente -, en desestabilizar países, fomentar focos de guerrillas, desequilibrar, atentar contra gobiernos democráticos y lanzarse a una aventura desquiciada como fue exportar una revolución armada.
El fracaso fue absoluto. Descomunal. Su sistema profundamente corrupto, sustentado en mafias y narco guerrillas, que sólo beneficiaron a una cúpula de dirigentes esperpénticos y parasitarios y cuya única sobrevivencia fue posible gracias a una obscena capacidad de “mamar” siempre de recursos ajenos como lo fueron los rusos, los venezolanos, los mexicanos, los iraníes y, por supuesto, del crimen organizado y del narcotráfico. Esta crisis cubana es ofensiva para los cientos de miles de familias que a diario hacen fila de lo que sea y para lo que sea en busca de un algo.
Cuando la mamadera se acabó, el sistema colapso. Ahora los cubanos luchan por sobrevivir a punta de leña, carretas para transportarse y volver a cabalgar sobre el lomo de mulas, burros y, ojalá, caballos para comerciar lo poco o nada que tienen en un mercado del trueque tal y como se acostumbraba en la edad media.
Para algunos analistas, ahora los cubanos deben aprender a trabajar. Los subsidios se acabaron. Los regalos ya no existen. El maná está muerto. La geopolítica cambió de eje y los Reyes Magos le dieron la espalda al corrupto y centenario régimen castrista.
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Ahora con Trump, ejerciendo el gran rol de depredador de la política mundial y con la toma del control de Venezuela, la isla está prácticamente condenada. México está intentando enviar petróleo bajo una excusa de ayuda humanitaria, para evitar el enojo del hombre naranja de Washington, que es de un cinismo brutal porque ayudaron y promovieron que esa crisis social estalle, sólo por defender unas ideologías arcaicas.
La caída del tirano de Maduro es el epílogo del derrumbe de otros tiranos socios de los dirigentes cubanos quienes creyeron que otro dictadorzuelo mafioso – cualquiera, da lo mismo – vendría y los ayudaría.
No fue así. Las casas se caen por su propio peso. Los edificios se derrumban solos. Las calles son muladares y la basura los inunda hasta el cuello.
Sólo les queda su ron y sus habanos. Y, claro, su enorme soberbia y prepotencia de seguir abrazando a aquellos mártires que les robaron su futuro. Su realidad es dura. Son una isla sin recursos, sin liderazgos, sin los mafiosos hermanitos Castro que lograban estos grandes acuerdos fulleros con otros disfrazados de militares y cárteles de la droga.
El país caribeño llegó a su punto de quiebre. Trump firmó una orden ejecutiva, la misma que impone un arancel a cualquier producto de países que vendan o suministren petróleo a Cuba, lo que prácticamente garantiza la crisis total de la isla caribeña.
El otrora turismo rutilante ya no existe. Los grandes hoteles están abandonados y los fantasmas de la revolución son sus únicos huéspedes, con el grave inconveniente que no pagan por el uso de sus instalaciones o, peor aún, cobran por sus apariciones.
El gobierno cubano decidió eliminar el subsidio a la gasolina que había mantenido desde 1959 – porque les llegaba gratis de la Unión Soviética – y ahora el precio del combustible en la isla aumentó más del 500%. Y no hay. Amable lector: ¿le suena esta noticia?
Revolución de papel. De trovas. De disfraces, de militares verdes con estrellitas. De intelectuales y escritores pagados por la revolución. De borracheras idílicas besando las botas castristas. De discursos patrioteros, de propaganda burda y que hoy tiene a los cubanos en una hambruna inaceptable. Sólo quedan pancartas derruidas, monumentos llenos de estiércol de paloma y fachadas resquebrajadas.
El actual gobierno corrupto continúa con su narrativa arrogante y la condimenta con la expresión de ‘economía de guerra’ para presentar la crisis como resultado del ataque de Estados Unidos mediante un embargo de décadas y que el régimen cataloga – indebida y erróneamente – como ‘bloqueo’. Sin explicar cómo llega a esos cálculos, La Habana asegura que esa política estadounidense tuvo un coste para Cuba en 2023 de unos 4.867 millones de dólares, lo cual provocó un impacto negativo equivalente al 19,2% del PIB de la isla y una caída del 55,8% de sus exportaciones.
Lo que sí es cierto es que Cuba según datos publicados por el diario Financial Times, Cuba solo tiene petróleo para unos 15 a 20 días más. A esto se suma una grave escasez de medicamentos en un contexto de brotes simultáneos de dengue, zika y chikungunya, y la reducción al mínimo de los alimentos subsidiados.
Y ahora ¿dónde están los comunistas?
