«Las paredes hablan. No con palabras, sino con cicatrices verdes que trepan como una hilera de moho y delatan años de abandono. El agua ha corroído los muros y, en algunas aulas, el techo está hueco. Cuando llueve en Guayaramerín, el sonido de las gotas no solo golpea el patio: también cae sobre pupitres, cuadernos y los alumnos. “Aquí llueve más adentro que afuera”, resumen, con indignación, los estudiantes».
Fuente: Prensa Diputado Párraga
Así lo denunció el diputado Raúl Párraga, tras una inspección al Instituto Técnico Incos Guayaramerín, una institución fiscal de formación superior creada mediante Resolución Ministerial RM 429/1991 el 18 de abril de 1991. Desde hace 35 años forma técnicos en Administración de Empresas, Contaduría General, Construcción Civil, Secretariado Ejecutivo y Sistemas Informáticos. Sin embargo, hoy sus estudiantes no solo deben aprobar exámenes: también deben esquivar goteras.
El Bloque A, compuesto por ocho aulas, fue entregado en 2012 como símbolo de ampliación y esperanza. Sin embargo, la ilusión duró poco. Con el paso de los años, las paredes comenzaron a mostrar grietas y el techo, silenciosamente, empezó a ceder. Lo que parecía una obra reciente se fue deteriorando ante la mirada cotidiana de estudiantes y docentes.
En 2018, cuando las primeras láminas amenazaban con desprenderse, la Unidad Administrativa elevó una solicitud formal de mantenimiento al entonces gobernador Alex Ferrier. Los pedidos fueron insistentes, casi desesperados. Cada nota enviada llevaba implícita la urgencia de evitar una tragedia, porque el techo caía de a poco, fragmento a fragmento, poniendo en riesgo no solo la infraestructura, sino la seguridad misma de los estudiantes. La respuesta nunca llegó.
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Durante la inspección, Párraga observó ese panorama crítico. “Hemos visto muchas falencias en el tema de infraestructura sobre todo. Tenemos un auditorio que nunca se inauguró o nunca se utilizó de forma oficial. Una tremenda infraestructura que jamás ha sido utilizada. Tipo elefante blanco”, afirmó. La infraestructura, que debía ser símbolo de crecimiento académico, permanece como un cascarón vacío, mientras otros bloques directamente no pueden usarse. “Tenemos parte del Incos que no tiene techo, que está hueco. Hay sectores que prácticamente ya están acabados”, insistió.
El auditorio del Instituto Técnico Incos Guayaramerín fue entregado en 2016. A primera vista, la estructura imponía: amplio, nuevo, con capacidad para albergar actos académicos y ceremonias. Pero, según relató la directora administrativa, María Eugenia Castedo, la obra llegó incompleta. No tenía sistema de iluminación, ni ventilación, ni el equipamiento básico para funcionar.
El tiempo hizo lo suyo: el espacio terminó convertido en refugio de palomas y pájaros que anidan en lo alto y dejan sus desechos sobre el piso y las butacas vacías. El olor es penetrante; permanecer allí resulta casi insoportable. El auditorio que prometía aplausos y discursos hoy solo guarda el eco del descuido.
Las carencias no terminan en la infraestructura. En los laboratorios de informática, las computadoras —con más de una década de antigüedad— funcionan a medias o simplemente han dejado de responder. Equipos de hace 10 u 11 años sostienen la formación de futuros técnicos en Sistemas Informáticos. La paradoja es evidente: aprender tecnología en máquinas obsoletas. “Necesitamos nuevos equipos para que nuestros jóvenes se puedan preparar de una forma mejor. Las falencias son inmensas”, reclamó el legislador.
Un docente, Jhonatan Paredes, recordó que no es la primera vez que se escuchan promesas. “Algún compromiso que se ha tenido en su momento referente a la inyección de recursos para el mejoramiento del Incos ya ha sido autorizado. ¿Qué se ha hecho con esos recursos? Porque hasta el momento no hemos visto ningún mejoramiento”, cuestionó.
El problema, según explican, se enreda en la estructura administrativa. El Incos depende del Ministerio de Educación en cuanto a ítems de personal directivo, docente y administrativo. Pero la infraestructura, el equipamiento, los servicios básicos, materiales de escritorio y limpieza corresponden a la Gobernación del Beni, conforme establece el artículo 80 de la Ley 070 Avelino Siñani-Elizardo Pérez. En medio de esa división de competencias, las goteras no distinguen responsabilidades.
Mientras tanto, los estudiantes siguen asistiendo a clases bajo techos parchados y paredes húmedas. La formación técnica, clave para el desarrollo productivo de la región amazónica, avanza entre baldes que recogen agua y cables que se esquivan para evitar cortocircuitos.
El Incos nació en 1991 con la promesa de abrir oportunidades. Hoy, 35 años después, su mayor desafío no es académico sino estructural: sostenerse en pie. Y en Guayaramerín, cuando las nubes se cargan, la comunidad educativa no solo teme por la lluvia, sino por el silencio institucional que, hasta ahora, no ha logrado secar las paredes verdes del instituto.