El silogismo diplomático actual


Transcurridos tres meses del actual gobierno, ya podemos juzgarlo con cierta certeza en lo bueno y en lo malo. Cosas buenas ha hecho, sin duda, pero no alcanzamos a entender qué quiere hacer con su diplomacia.

Su inspiración se fundamenta en “Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia”, lo que tiene un significado claro, absolutamente entendible. Lo que no se puede entender es cómo se logrará aquello si la diplomacia nacional está infectada de masistas, tanto interna como exteriormente; tanto en las oficinas de la Cancillería como en las embajadas.



Y de ahí que recordamos el “silogismo altoperuano”, tan lógico, de Monteagudo y los doctores charquinos, al inicio de la Independencia, que sentenciaba: “Las Indias son dominio del rey de España; el rey está impedido de reinar; las Indias deben gobernarse por sí mismas”. Fernando VII había sido destituido por Napoleón y las colonias decidieron desconocer al usurpador francés y darse su propio gobierno.

Hoy se presenta un “silogismo diplomático” de la actual administración, extraviado a todas luces, que nos dice: “Nuestra diplomacia requiere de funcionarios idóneos que nos representen; sin embargo, por falta de recursos económicos, no es posible reemplazar a los diplomáticos del anterior gobierno; por tanto, los representantes masistas de la “diplomacia de los pueblos” continuarán en funciones”.

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Esto es algo que no tiene sustento, es inconcebible. ¿No se da cuenta el canciller que todos los funcionarios masistas, dentro y fuera del país, siguen ganando un sueldo, cuando han sido fruto del avasallamiento más deplorable? ¿Que son cargos que deberían asumir los funcionarios de carrera que fueron cesados abusivamente por el MAS y los egresados de Relaciones Internacionales que han tenido que buscar otras actividades para sobrevivir?

Dicen en la Cancillería que no hay recursos para pagar los sueldos y gastos de retorno a los designados por el MAS. ¡Pero qué considerados! Podemos decirle al actual ministro que muy pocas veces la Cancillería ha pagado gastos ni pasajes de retorno a los diplomáticos y que eso se tiene que gestionar de vuelta en La Paz.

Yo no recuerdo que, en seis misiones en el exterior, me hubieran pagado gastos ni pasajes de retorno en mi destino.

Las huestes diplomáticas de Evo y de Arce deben estar asombradas y agradecidas de que el nuevo gobierno, habiendo anunciado una diplomacia propia y seria, los mantengan ganando en dólares y sin hacer nada.

¿Quién entiende este disparate?

Manfredo Kempff Suárez