Por presión de Estados Unidos, Israel reabrió hace dos semanas el cruce de Rafah entre Gaza y Egipto. Al inicio supuso una esperanza para los 18.500 enfermos y heridos que están registrados en la lista de la OMS para evacuación médica urgente, y que tienen prioridad de salida. Pero, de los 500 pacientes que se proyectaban para estas fechas, apenas un centenar ha podido marcharse por Rafah.
Janira Gómez Muñoz (Jerusalén)

Buses y ambulancias evacúan por Rafah a palestinos que necesitan ayuda médica urgente fuera de Gaza. Israel llevaba dos años bloqueando este cruce con Egipto, que acepta recibir 50 pacientes al día.
Sin embargo, este alivio está llegando a pocos: la Organización Mundial de la Salud coordina las salidas, pero dependen de controles y cierres imprevistos de Israel, que no tienen explicación oficial.
“¿Cuándo será su turno?”
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Iyad Al-Balbisi, de 21 años, sufre un fallo crónico en el riñón. Su hermano Mazen explica que, desde febrero de 2024, cuenta con aprobación para un trasplante en el extranjero. “Han pasado dos años y todavía estamos esperando que Iyad pueda salir de Gaza… La apertura de Rafah nos da esperanza… Pero con tantos pacientes que necesitan ser evacuados y tan pocos a los que se les permite viajar, ¿cuándo será su turno?”, lamenta.
Como los dos millones de gazatíes, Iyad ha padecido múltiples desplazamientos y la destrucción israelí del sistema de salud. Hoy espera 12 horas para dos horas de diálisis. Una triste mejora, porque la mitad de los 1.200 pacientes renales que había antes de la invasión han muerto por ataques o falta de tratamiento.
Mazen alerta además de que, pese a la supuesta tregua de Donald Trump, sigue sin haber insumos básicos como paracetamol o calcio: “La ayuda se supone que debía mejorar a los hospitales, pero están de nuevo en la casilla de salida. En Gaza estamos enfrentando una muerte silenciosa”, denuncia.
Un mecanismo “poco efectivo y extremadamente difícil”
Con más de 18.500 enfermos y heridos en espera, el doctor Mohammed Abu Salmiya teme por sus vidas. Sobre todo por 450 casos que tilda de “extremadamente críticos” y 4.500 con cáncer.
El también director del hospital Al-Shifa ruega acelerar las evacuaciones, que se topan con más problemas: Israel impide que sean en Jerusalén o Cisjordania ocupadas; y, a medio plazo, los hospitales egipcios no podrán sostener tantos tratamientos. Asimismo, las salidas por Kerem Shalom, el otro cruce médico, dependen de que terceros países asuman los costes para que Israel las autorice por esa vía.
“El mecanismo adoptado por la ocupación es poco efectivo y extremadamente difícil. Si continúa así, tomará años que los heridos y enfermos puedan salir de Gaza. Y tendremos muchas víctimas cuyas vidas podrían haber sido salvadas”, subraya.
Es el dolor de Fatima. Su hijo Ahmed murió a los 18 años, en agosto de 2025, cuando el bloqueo israelí expandía el hambre en Gaza. Como celíaco, se vio privado de productos sin gluten y de un tratamiento.
Fatima intentó que lo incluyeran en la lista de evacuación, pero la respuesta nunca llegó: “¿De qué nos sirve hoy que hayan abierto Rafah cuando es demasiado tarde? Siento mucho dolor porque perdí a mi hijo y nadie nos brindó ayuda”, dice.
El Ministerio de Salud gazatí estima que, desde octubre 2023, 1.268 pacientes han muerto esperando esa ayuda. Por eso, la ONU urge “rehabilitar las instalaciones sanitarias” y una entrada masiva de suministros médicos para no depender de las salidas.