El subsecretario para control de armas Christopher Yeaw sostuvo que Washington no aceptará quedar en desventaja tecnológica y cuestionó los mecanismos internacionales de verificación

Un misil balístico intercontinental Minuteman III, sin carga, es lanzado durante una prueba operativa en la base aérea de Vandenberg Air Force Base, en California, Estados Unidos (REUTERS/Archivo)
Fuente: infobae.com
Estados Unidos está preparado para retomar pruebas nucleares de bajo rendimiento en respuesta a las supuestas explosiones secretas realizadas por el régimen de China, según afirmó este martes Christopher Yeaw, alto funcionario del Departamento de Estado especializado en control de armamento.
Yeaw sostuvo que la administración estadounidense no permanecerá en una “desventaja intolerable” si China y Rusia avanzan con ensayos encubiertos.
“Como dijo el presidente, Estados Unidos volverá a realizar pruebas en igualdad de condiciones. Igualdad significa responder a un estándar previo. Basta con mirar a China o Rusia para encontrar ese estándar”, señaló el funcionario, aunque aclaró que no se trata de pruebas de gran escala ni atmosféricas, como las registradas en el pasado.
Yeaw hizo referencia a una presunta explosión detectada en junio de 2020 en Xinjiang, territorio donde China mantiene su principal polígono de ensayos nucleares en Lop Nur.
Según datos estadounidenses, sismógrafos en Kazajistán registraron un evento de magnitud 2,75, que los expertos atribuyen a una prueba subterránea.
Imágenes satelitales comparan el Centro Nuclear de Zitong en Sichuan entre 2022 y 2026, mostrando la construcción de nuevas instalaciones y una pila de ventilación
“Hay muy pocas posibilidades de que no se trate de una explosión, una explosión singular”, afirmó Yeaw, descartando la posibilidad de un sismo o actividad minera. El régimen de Beijing ha rechazado de plano las acusaciones y sostiene que se trata de “mentiras flagrantes” para justificar el eventual retorno estadounidense a los ensayos nucleares.
En paralelo, Washington insiste en que todas las potencias nucleares, y no solo Rusia y Estados Unidos, deben comprometerse con nuevas negociaciones multilaterales que incluyan a China. La administración estadounidense remarcó que la revisión del Tratado de No Proliferación (TNP) exige que todos los Estados con armas nucleares participen en diálogos de desarme y control de armamentos.
“No es una responsabilidad exclusiva de Estados Unidos y Rusia. Todos los Estados nucleares deben involucrarse y negociar de buena fe hacia el control de armas y el desarme”, subrayó Yeaw.
El debate se produce tras la expiración del tratado New START, último acuerdo bilateral que limitaba el número de ojivas desplegadas por Washington y Moscú. En este contexto, la Casa Blanca ha reclamado la elaboración de un nuevo marco de control de armas que contemple el arsenal chino, que ha registrado una expansión significativa en los últimos años aunque sigue siendo menor al de Estados Unidos y Rusia.
Vista aérea de una instalación industrial china con una planta de producción de plutonio y una chimenea de ventilación de 110 metros (Fuente: Imagen satelital de Airbus)
La posibilidad de que Estados Unidos reanude pruebas nucleares genera inquietud en la comunidad internacional, especialmente porque desde 1992 no se han realizado detonaciones completas. Desde entonces, el país solo ha llevado a cabo experimentos subcríticos, técnicas que permiten estudiar el comportamiento de los materiales sin desencadenar una reacción nuclear completa. El gobierno estadounidense sostiene que la reactivación de pruebas sería limitada, con dispositivos de bajo rendimiento y bajo estricta supervisión.
China, por su parte, rechaza la presión internacional y se niega a participar en negociaciones tripartitas, defendiendo la soberanía sobre su programa armamentístico y reduciendo las denuncias a maniobras políticas de Washington. Beijing sostiene que su arsenal es defensivo y acusa a Estados Unidos de buscar un pretexto para romper el consenso internacional sobre la moratoria nuclear.
El anuncio estadounidense marca un nuevo capítulo en la competencia estratégica global y refleja el deterioro de los mecanismos multilaterales de control nuclear, en un momento en que la rivalidad con el régimen de China y la escalada tecnológica reavivan el temor a una nueva carrera armamentista.