Hoy es el Día Internacional contra el Cáncer Infantil. Siendo niños ponen todo de su parte para afrontar los duros tratamientos que exige la enfermedad.
Por Deisy Ortiz Duran

Fuente: El Deber
Hace un año, un diagnóstico de leucemia frenó en seco la vida de Guísela Flores y de su hijo Thaner Melgar (9). Desde entonces el pequeño ha enfrentado duros tratamientos contra el cáncer, pero hoy ya está a punto de ganar la batalla. Su madre llora de felicidad, él la abraza. Thaner ya se prepara para volver a su colegio en San Julián.
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“Ya estamos por salir de esto, a punto de vencer esta lucha. Gracias a Dios él ha avanzado rápido. Ya tiene luz verde para volver a su colegio”, dice Guísela. Fueron meses duros. Las quimios tortuosas, pero necesarias, no solo afectaron el cuerpo de Thaner, también su ánimo. Después de 40 sesiones, su madre perdió la cuenta de cuántas veces las recibió.
El tratamiento cambió su vida por completo. Dejó de ser un niño “normal” por un tiempo. Los cuidados extremos para evitar infecciones le impidieron jugar con otros niños, salir a cenar y estudiar en una escuela regular, porque el año pasado asistió a la escuelita que tiene el Oncológico, que garantiza que los niños no pierdan el año. Todavía no se quita el barbijo y usa enjuague bucal.
“Es duro, pero sé que volverá a ser como antes, ya estamos a punto”, afirma su madre que jamás se sintió vencida. “No hay respuesta porque el cáncer puede atacar a cualquiera y no queda otra que luchar, luchar y luchar”, agrega.
En los pasillos del Oncológico abundan relatos de pequeños que asumen actitudes heroicas frente a la enfermedad y los efectos devastadores de los medicamentos. Las quimioterapias debilitan sus defensas, les hacen perder el cabello y les roban fuerzas, pero asisten disciplinadamente a cada sesión. Interrumpir el tratamiento no es una opción.
Armandito (4) es otro vencedor. Corre por los pasillos, ríe a carcajadas y cuando alguien pide una foto es el primero en acomodarse frente a la cámara. El cabello ya le volvió a crecer. Cuesta imaginar que hace poco más de un año no tenía fuerzas ni para caminar.
También fue diagnosticado con leucemia. Esta semana regresó al Oncológico solo para un control. Ya está dado de alta. Su madre María Natalia Socorió recuerda que todo comenzó en su pueblo, San Rafael, cuando fue mordido por un perro. Poco tiempo después le salieron “bolitas” en los ganglios, en todo el cuerpo. En el hospital de Niños llegó el diagnóstico que cambió sus vidas. “Fue la primera vez que escuché sobre la leucemia. Me dijeron que iba a ser un proceso largo, que mi hijo tendría que hacer quimioterapia y que muchos niños no logran salir. Casi muero”, recuerda.
Armandito fue derivado al Oncológico y comenzó la quimioterapia desde el primer día. Los tumores empezaron a ceder, pero el tratamiento fue duro. Estuvo 30 días internado. La primera quimioterapia de 24 horas le provocó quemaduras en los pies y las manos. También hubo días en que recibió morfina para que pudiera soportar el dolor.
Por las noches despertaba llorando: “Doctor, me duele, me duele”, repetía. “Me duelen los pinchazos, me voy a quedar sin sangre”, decía cada vez que veía una aguja, cuenta su mamá.
Su madre agradece a Dios que eso ya quedó atrás y que la enfermedad cedió. Alienta a otras madres para que no se rindan.Anahí, de 12 años, también está batallando contra la misma enfermedad. Ha empezado su segundo ciclo de quimioterapia, cuenta su mamá Alexandra Sea.
Fuente: El Deber