Durante su mensaje, monseñor Leigue recordó que Jesús no se opone al deseo humano de ser feliz, sino que revela su verdadero fundamento.

Fuente: El Deber
En su homilía dominical, desde la Basílica Menor de San Lorenzo, mejor conocida como la catedral de Santa Cruz, monseñor René Leigue Cesari invitó a los fieles a reflexionar sobre el verdadero sentido de la felicidad, cuestionando con fuerza la idea de que el poder, el dinero o el prestigio social puedan garantizar una felicidad auténtica y duradera. “Tenerlo todo no es sinónimo de felicidad verdadera”, afirmó el arzobispo.
Durante su mensaje, el también arzobispo de Santa Cruz recordó que Jesús no se opone al deseo humano de ser feliz, sino que revela su verdadero fundamento. “Lo que nos presenta Jesús no va en contra de nuestra felicidad, sino que muestra dónde está la felicidad que dura”, señaló.
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El arzobispo fue especialmente crítico con quienes creen que el poder es garantía de felicidad. “Cuando el poder se termina, esa felicidad se desmorona”, advirtió, subrayando que solo la honestidad permite sostener una alegría profunda más allá de los cargos y privilegios. Recordó que Jesús “luchó por los pobres, por los marginados y por los que no eran nada en la sociedad”, destacando que en ellos encontró una fe sincera. “Si esa fe permanece, la felicidad que buscan la van a encontrar”, afirmó, reafirmando la centralidad del Evangelio vivido desde los últimos de la sociedad.
Para monseñor, “nos cuesta entender cómo alguien puede ser feliz siendo pobre o pasando dificultades”, pero aseguró que “si confía en Dios, nunca le faltará lo que necesita”. La fe, insistió, es una riqueza que nadie puede quitar.
Monseñor Leigue recordó que “no se pueden tener dos dioses” y advirtió que “el dinero puede dar una felicidad momentánea, pero no una felicidad verdadera”. Por ello, exhortó a no perder nunca la confianza en Dios, aun en medio de las preocupaciones materiales.
El arzobispo animó a perseverar en la justicia y la honestidad, incluso cuando ello implique incomprensión. “Felices los perseguidos por practicar la justicia” (cf. Mt 5,10), recordó, asegurando que “la recompensa que buscamos no viene de los humanos, sino de Dios”. Concluyó invitando a todos a “buscar siempre al Señor” (cf. Sal 105,4), convencido de que solo en Él se encuentra la felicidad verdadera.
Fuente: El Deber