Hernán Cabrera M.
¿Qué esperanzas podemos tener los ciudadanos de las promesas de cambio en el sistema judicial si las señales son contradictorias y hasta tienen un tufillo a delito? ¿Qué esperanzas asumimos en la justicia si observamos un juez con más de 17 procesos disciplinarios en su contra e involucrado en un delito mayor como es el narcotráfico, tráfico de influencias si toda la estructura judicial e institucional no se animó a procesar, destituir o sancionar a este juez, luego protagonista de 32 sospechosas maletas que hoy no se sabe su contenido y destino?
¿Por qué tardaron tanto en asumir medidas disciplinarias generando dudas en la población hasta acusarlos de ser cómplices y encubridores de los delitos de este juez, que hoy guarda detención en Palmasola? ¿Es un hecho aislado? ¿Qué significa que el Consejo de la Magistratura hace algunos días informó que hay más de 34 jueces denunciados con graves casos? ¿Se tomaron medidas contra ellos, se los procesó, sancionó o están esperando que pase el carnaval?
¿Qué garantías reales y firmes nos ofrecen las nuevas autoridades judiciales que se vienen produciendo transformaciones en la administración de la justicia? ¿Por qué las universidades no asumen un rol más protagónico en este reclamo nacional exigiendo transformaciones profundas en el sistema judicial?
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Las redes sociales en estos últimos días se han llenado de comentarios, análisis, denuncias, broncas, malestares, pedidos de la gente que se expresa contra los administradores de justicia, situación que debe ser escuchada por las autoridades del Tribunal Supremo de Justicia, Consejo de la Magistratura, Fiscal General, porque desnuda una crisis profunda en el Estado de derecho, ya que uno de sus poderes no están funcionando como se debe, es decir el Poder Judicial.
El Premio Nobel de Literatura, Albert Camus, decía que “Si el hombre fracasa en conciliar la libertad y la justicia fracasa en todo”. Claro que sí, justicia y libertad son dos elementos esenciales para la convivencia, la vigencia de los derechos humanos, para la seguridad de la gente y del Estado. Pero si uno de ellos falla, pues la democracia no es tal.
La justicia es un derecho humano y significa rectitud, sin buscarle mayores definiciones filosóficas, sociológicas y políticas, ni tampoco subirla al estrado alto y cuyo juez que se cree el rey y el que puede destruir o manipular vidas y voluntades, provoca en la ciudadanía múltiples reacciones, haciendo uso de sus derechos a la expresión y opinión.
Elenir Centenaro, periodista, en su muro personal, se pregunta: “¿Así o más corrupto? El juez que dirigía una organización criminal desde el Palacio de Justicia. Se imaginan que la administración de Justicia en Bolivia se encuentre en manos de personajes tan grotescos como el abogado Zeballos que montan oficinas para negociar con el crimen y emiten fallos judiciales contrarios a las víctimas y a favor de los acusados?. Eso hizo este juez a lo largo de 18 años de carrera”
William Rojas Mojica, en relación a la no destitución de juez Zeballos, indica con ironía: “Casi la constatación que ese «cuerpo» tiene su propia «omertá». Y, definitivamente, el colmo de los colmos no despedir de «ipso facto» a semejante funcionario del sistema judicial”.
Hugo Muñoz Leaños: “No destituir a este Juez dejará muchas dudas del manejo de la justicia y la corrupción en equipo”.
Natalia Añez Zabala. “Es cierto. El silencio hace juego con el miedo. Miedo de perder todo lo que han conseguido hasta ahora. El discurso del cambio solo queda en eso, en discurso. No se si sentir rabia, decepción o simplemente mirar hacia arriba y decir
Walter Rojas Veizaga: “La corrupción en su máxima expresión en la justicia”.
Yimy Montaño Villagomez: “Lo más llamativo es la impunidad en la que quedan todos estos hechos! Vivimos en una Santa Cruz donde un nuevo hecho delictivo hace que todos olviden el anterior por más que se haya afectado a menores de edad, buenas personas o personas de dudosa reputación. Cada día es un nuevo caso sin esclarecer”.
Así como esas reflexiones y preocupaciones hay miles miles en las redes sociales, que tienen un profundo significado, pero, que, al parecer, no es parte de la agenda de las transformaciones que se deben operar ya en el sistema judicial.
La justicia es un derecho humano, que implica un proceso de accionar enmarcado en la rectitud de parte de quienes son los encargados de administrar el sistema judicial; pero en Bolivia ellos lo han convertido en un recurso inhumano y en un instrumento del poder político y económico. El caso del ex juez Zeballos no es aislado, responde y desnuda todo un sistema operativo que durante más de veinte años actuó bajo la sombra del poder político y de ahí que la justicia fue usada para sobornar, chantajear, manipular, acusar y silenciar.
“Si la justicia existe, tiene que ser para todos, nadie puede quedar excluido, de lo contrario ya no sería justicia”, nos hace recuerdo el escritor Paul Auster en su Trilogía de Nueva York.
