Este viernes es el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina. Según cifras de UNICEF más de 230 millones de niñas y mujeres en todo el mundo son sobrevivientes de esta práctica que no logra ser erradicada. Colombia, es el único país latinoamericano en donde se sigue registrando casos.
Ana María Ospina|Carlos Pizarro

Colombia ostenta un triste récord: es el único país de América Latina donde aún se registra la práctica de la mutilación genital femenina (MGF). Esta intervención, que consiste en la extirpación total o parcial de los genitales externos de las niñas por motivos no médicos, ha generado un intenso debate entre la autonomía de los pueblos indígenas y la garantía de los derechos humanos y la integridad de las mujeres.
En entrevista para Radio Francia Internacional, Alexandra Vásquez, Representante a la Cámara por Cundinamarca (Colombia Humana – Pacto Histórico), explicó la complejidad detrás de esta realidad y los avances del proyecto de ley «Niñas sin ablación».
Erradicar la ablación en Colombia no es solo una cuestión de leyes, sino de romper barreras culturales profundas. Según Vásquez, la resistencia de algunas comunidades a la intervención del Estado ha sido el principal obstáculo:
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«Colombia es el único país que asume la responsabilidad de que existe mutilación genital femenina. Las dificultades son varias. Se habla de las prácticas culturales; la mutilación genital femenina en muchas comunidades indígenas se ha adoptado como una práctica cultural que dificulta obviamente que estas comunidades puedan asumir que la mutilación no se debe realizar. Existe una resistencia cultural en algunas comunidades, pues tienden a rechazar también la intervención del Estado. Y dentro de esas discusiones argumentan el respeto y la autonomía y la autodeterminación de los pueblos».
Uno de los mayores desafíos es la falta de datos exactos. Al ser una práctica que ocurre en la intimidad de los resguardos, el Estado solo se entera cuando las niñas llegan a los centros asistenciales con complicaciones de salud. La congresista detalla la gravedad de la situación:
«En Colombia es difícil tener un registro como tal. Los casos que se han venido dando es porque se detectan principalmente en hospitales o en algunas zonas del país. Se estima que para el 2023 hubo 90 casos. Es un subregistro. De acuerdo con cifras del Ministerio de Salud, entre el 2013 y 2014, en el municipio de Pueblo Rico, Risaralda, se presentaron 46 registros, de los cuales el 70% de los casos son niñas menores de un año. También se identificaron 45 niñas menores de cinco años y un adolescente de 17. Entonces, mientras estas prácticas se sigan manteniendo dentro de las comunidades indígenas, es muy difícil poder hacer un registro”
Un proyecto de ley que no castiga, sino que construye
Vásquez es una de las impulsoras del proyecto de ley «Niñas sin ablación».
Vásquez es una de las impulsoras del proyecto de ley «Niñas sin ablación». A diferencia de otras leyes que buscan la prohibición a través de penas de cárcel, este apuesta por un modelo pedagógico e intercultural. El objetivo es crear un consenso entre el Estado y las autoridades indígenas para que la práctica se abandone por convicción y no por miedo a la ley.
«No es una ley punitiva, sino que las comunidades puedan reflexionar sobre la situación. Se busca la creación de un comité para la erradicación de la mutilación genital femenina entre el Estado, la sociedad civil, el ICBF y, por supuesto, las comunidades, que son lo más importante para poder establecer estos planes y estas estrategias de prevención. Esto va alrededor de rutas de atención, capacitación, monitoreo y el enfoque intercultural, que es lo más importante».
Tras haber superado con éxito sus primeros debates en la Cámara de Representantes en abril de 2025, el proyecto se prepara ahora para su tercer trámite en la Comisión Primera del Senado. El reto actual es que la iniciativa mantenga su prioridad en la agenda legislativa y cuente con el respaldo de la comunidad internacional para convertirse, finalmente, en Ley de la República.
La voz de las mujeres Emberá
El corazón del proyecto ha sido la participación de las propias mujeres indígenas, específicamente de la comunidad Emberá, quienes han decidido romper el silencio generacional para proteger a sus hijas. Alexandra Vásquez destaca este vínculo como el motor del cambio:
«Yo creo que lo más bonito del proyecto de ley que hemos venido trabajando desde el Congreso de la República es la vinculación de las mujeres de la gran nación Emberá, quienes han sido las que nos han dicho: ‘no queremos que a nuestras niñas les pase lo que nosotros estamos viviendo o lo que nosotras hemos vivido’. Una lideresa de la comunidad Emberá nos decía en el Congreso: ‘No se trata de imponer, sino de caminar juntos'».