¡No podemos perder otros cinco años!


Mónica Salvatierra, periodista

Santa Cruz de la Sierra no es cualquier ciudad. Es la más poblada del país. La que más migrantes acoge, de otros departamentos y de otros países. La que más crece. La que más produce. La que más promete. Es también la que más recursos económicos recibe: más de 4.700 millones de bolivianos en 2025. Y, paradójicamente, la que más tolera la ineficiencia.



La gestión de Jhonny Fernández no solo fue decepcionante: significó un retroceso. Llegó después de otra administración cuestionada, la de Angélica Sosa marcada por denuncias de corrupción y obras que no cambiaron la calidad de vida de los cruceños; es más nos dejó un BTR inservible con una inversión millonaria que no sirvió para nada. ¿Quién paga la factura? Si la gestión de Sosa dejó frustración, la de Fernández deja una sensación de abandono.

Cinco años después, la ciudad no exhibe obras estructurales que transformen su dinámica urbana. No hay grandes proyectos que ordenen el crecimiento, que proyecten una metrópoli moderna, que resuelvan de fondo los problemas de transporte, aseo, drenaje, planificación territorial, mercados o servicios básicos. No hay ni hubo una visión.

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Lo que sí hubo —y es inocultable— fue una expansión de la burocracia municipal. Los llamados “supernumerarios” se multiplicaron en plena crisis económica. Cargos repartidos, prebendas, estructuras infladas. ¿Cómo se explica que el personal aumente cuando la economía aprieta? ¿Cómo se justifica más planilla y menos resultados? También dejó más denuncias de corrupción.

La ciudad más pujante del país parece haberse acostumbrado a la mediocridad administrativa.

Duele comparar. Duele ver cómo en Cochabamba, con aproximadamente la mitad del presupuesto, se ejecutan obras de modernización urbana que ordenan el tráfico y renuevan espacios públicos. Duele observar cómo en La Paz, donde el alcalde enfrenta críticas constantes, al menos se avanza en distribuidores y soluciones viales que intentan responder al caos estructural.

¿Y Santa Cruz? La ciudad que más crece en Sudamérica —según múltiples estudios regionales— sigue parchando problemas en lugar de resolverlos.

Aquí la pregunta incómoda no es solamente sobre la gestión municipal. Es sobre nosotros. ¿Tenemos una alta tolerancia a la ineficiencia? Porque hay que revisar en qué piensa el cruceño a la hora de votar: ¿En quién hace mejores chistes o en quién luce mejor en TikTok? ¿Quizás en quien construye un discurso demagógico más seductor o en quien se rodea de farándula para esconder las manchas de una pasada gestión?

Mientras discutimos memes y polémicas pasajeras en redes sociales, la ciudad se hunde en problemas estructurales que no se resuelven con transmisiones en vivo ni con bailes virales. Santa Cruz de la Sierra necesita algo más que carisma. Necesita planificación metropolitana. Necesita pensar en la urbe del 2035, no en la del próximo video viral. Necesita soluciones estructurales para el transporte, la gestión del agua, el drenaje pluvial, el crecimiento horizontal desordenado, la seguridad urbana, la formalización económica. Necesita liderazgo con visión.

Dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. La frase incomoda porque obliga a mirarnos al espejo. ¿Es posible que esta tierra generosa y trabajadora tenga tan baja autoestima política que se conforme con tiktokeros, demagogos o improvisados?

Queda poco más de un mes para decidir el próximo rumbo. El ciudadano tiene una responsabilidad que va más allá del entusiasmo momentáneo o del desencanto crónico. Revisar planes de gobierno. Exigir propuestas técnicas. Evaluar equipos. Pensar en el largo plazo. Lo que se elija será la calidad de vida de los próximos cinco años y la posibilidad —o no— de convertir a Santa Cruz en una ciudad inteligente, ordenada y sostenible. También será el mensaje que enviemos sobre lo que creemos merecer.

Cinco años pueden perderse rápido. Recuperarlos, en cambio, costará décadas.