Científicos asocian la caída de poblaciones de aves con prácticas agrícolas más agresivas y el calentamiento global, un fenómeno que amenaza la biodiversidad y los servicios ecosistémicos fundamentales para los seres humanos

Una vasta bandada de aves migratorias vuela al unísono contra el vibrante cielo del atardecer. (AFP)
Fuente: infobae.com
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Las poblaciones de aves en Norteamérica están disminuyendo con creciente rapidez, según advierten los expertos, quienes atribuyen la reducción a la intensidad de la agricultura y al aumento de las temperaturas.
La investigación, publicada en la revista Science y citada por ABC News, alerta sobre la pérdida de miles de millones de ejemplares en las últimas décadas, fenómeno que preocupa no solo por la desaparición de especies específicas, sino también por lo que implica para la salud de los ecosistemas y, en consecuencia, para los seres humanos.
Un análisis reciente detalla que de 261 especies evaluadas, cerca de la mitad muestra descensos numéricos cuantificables y, entre ellas, aproximadamente el 55% experimenta una aceleración en la tasa de declive desde 1987.

Águila calva, símbolo nacional de Estados Unidos. (EFE)
El sudeste aparece como una de las regiones más afectadas; según la ecóloga Marta Jarzyna de la Universidad Estatal de Ohio, las bajas aumentan año tras año: “No solo estamos perdiendo aves, sino que las estamos perdiendo cada vez más rápido”.
La aceleración del declive afecta a especies generalistas y visibles
El estudio indica que el descenso acelerado incide de manera particular en aves como el estornino europeo, el cuervo americano, el zanate y el gorrión común. Aunque sus poblaciones siguen siendo elevadas, el autor principal François Leroy, también ecólogo en la Universidad Estatal de Ohio, advierte sobre el riesgo: “La extinción de especies comienza con un declive en su abundancia… este declive tal vez sea un anticipo de las consecuencias futuras en términos de extinción”.

Dos gorriones se posan sobre una rama cubierta de nieve mientras caen copos en un día invernal. (AFP)
Kenneth Rosenberg, científico conservacionista en la Universidad de Cornell, quien no participó en este trabajo, señala que una de sus investigaciones previas, publicada en 2019, constató 3.000 millones menos de aves en Norteamérica en comparación con 1970, aunque no exploró las causas ni el ritmo del declive.
Rosenberg subraya: “Aves consideradas plagas o basura, por su gran adaptabilidad, son también un fuerte indicativo de que el ambiente resulta tóxico para los humanos y todas las formas de vida”.
Agricultura intensiva y clima: factores interrelacionados
El informe identifica la región del Atlántico Medio, el Medio Oeste y California como zonas donde se acelera la desaparición de aves. Jarzyna y Leroy señalan que la geografía desempeña un papel clave al analizar el fenómeno: los mayores descensos coinciden con los lugares que han registrado mayor incremento de temperatura.
La investigación muestra una relación estadística significativa entre esta aceleración y diversos factores agrícolas, tales como el uso intensivo de fertilizantes, pesticidas y la amplia extensión de superficie agrícola. Leroy aclara: “La agricultura en general influye en la aceleración de las pérdidas.

Un espécimen de picamaderos picomarfil o carpintero real se muestra en la Academia de Ciencias de California, en San Francisco, el viernes 24 de septiembre de 202. El gobierno de Estados Unidos declaró extintas en septiembre de 2021 a esta ave y otras 22 especies de animales (AP Foto/Haven Daley)
Cuanto más intensa es la agricultura, más rápido perderemos aves”, afirma el investigador. Jarzyna precisa que las causas interactúan: “La intensificación agrícola genera aceleraciones más fuertes del declive en las regiones que han sufrido mayor calentamiento climático”.
David Bird, biólogo de fauna silvestre en la Universidad McGill y editor de Birds of Canada, tampoco involucrado en el estudio, considera acertadas las conclusiones. Bird explica que el incremento de la población humana fomenta prácticas agrícolas más intensivas, lo que transforma hábitats en terrenos cultivables y destruye nidos; además, reduce la diversidad alimentaria de las aves.
Bird destaca: “El mayor impacto de la intensidad agrícola es nuestra guerra contra los insectos. Numerosos estudios recientes muestran que las poblaciones de insectos han colapsado en muchos lugares del mundo, incluida Estados Unidos, con caídas superiores al 40 %”. Esto afecta directamente a aves insectívoras, muchas de las cuales figuran entre las poblaciones estudiadas.
Consecuencias para el entorno humano y biodiversidad
Especialistas en ecología de renombre internacional, como Richard Gregory de University College London y Andrew Farnsworth de la Universidad de Cornell, coinciden en que el patrón observado es “alarmante”. Farnsworth plantea estrategias de mitigación: “Para revertir este proceso, es necesario modificar la forma de vida humana, reduciendo el calentamiento inducido por las personas, la intensidad agrícola, la monocultura de cultivos y la aplicación masiva de productos químicos”.
Bird recuerda la importancia de las aves para los seres humanos:
“Las aves nos alimentan, nos visten, comen plagas, polinizan nuestras plantas y cultivos y nos advierten acerca de desastres ambientales inminentes. Nos enriquecen por su canto, colorido y variedad; recientes investigaciones muestran que su presencia inmediata mejora nuestro bienestar, felicidad y puede incluso prolongar nuestras vidas”.
Esta investigación refuerza la evidencia de que la transformación de paisajes bajo la presión del clima y la agricultura está alterando aceleradamente el equilibrio de la avifauna y, a través de ella, la salud de los sistemas naturales de América del Norte, según detalla el artículo de ABC News.