
Por Iván Montero Plaza
Más de 6.000 músicos de 33 bandas hicieron retumbar la ciudad de Oruro con varias melodías que no dejaron nada a la improvisión. Todo la melodía era perfecta e hizo un repaso por diferentes ritmos folklóricos, pero también sorprendió la presencia y el acompañamiento musical a los emblemáticos grupos de rock bolivianos Los Ovnis y Los Signos.
La destraza de los bailarines y sus coloridos disfraces también acompañaron el XXIV Festival de Bandas del Bicentenario, en la Avenida Cívica, que se convierte cada año en un muestra de lo que se viene en la entrada de Oruro.
El sonido de instrumentos de bronce y percusión, incluyendo trompetas, trombones, saxofones, tubas, bombos y platillo, deleitan a los miles de asistentes con un variado repertorio musical.
«No puedo olvidar», «Sé que no vendrás», «Minero», «Mi destino es como el viento», «Volver otra vez», entre otros éxitos del rock boliviano estuvieron en la oferta musical que despertó nostalgia y admiración por la calidad del acompañamiento musical de más de 6.000 músicos.
El Festival de Bandas constituye un símbolo de identidad del Carnaval de Oruro, declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO en 2001 y reconocido como patrimonio nacional y cultural en 2007.
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La jornada comenzó con un acto religioso en honor a la Virgen del Socavón, marcando el inicio de una de las manifestaciones culturales más significativas del país. En esta edición también sobresalió la presencia del rock boliviano, con la participación de dos agrupaciones emblemáticas de la década de 1970: Los Ovnis y Los Signos.
También incluyó un homenaje a tradicionales instituciones educativas mediante la interpretación de sus himnos, entre ellas sel Colegio Nacional Simón Bolívar, que en 2026 celebrará 200 años de vida institucional, y del centenario Colegio Ignacio León, además de los colegios Nacional Juan Misael Saracho, Sebastián Pagador, Mario Careaga y Antonio José de Sainz.
Con esta nueva edición, el Festival de Bandas reafirma su papel como un espacio de encuentro cultural que preserva la memoria colectiva, fortalece la identidad nacional y proyecta al Carnaval de Oruro como una de las celebraciones más trascendentales de Bolivia ante el mundo.
