El Ministerio de Salud advierte de “un colapso funcional del sistema de salud”. Los establecimientos de primer y segundo nivel se encuentran debilitados, y los de tercer nivel saturados. Hay deudas al SUS
Por Deisy Ortiz Duran
Fuente: eldeber.com.bo
Soportar el dolor en la fila y peregrinar durante meses por una consulta o cirugía es casi una obligación para los pacientes del sistema público de salud. En Bolivia acceder una ficha con especialistas y a intervenciones quirúrgicas toma tres meses o más.
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Así lo revela un diagnóstico del Ministerio de Salud, que evidenció graves falencias en el sistema público, donde los pacientes peregrinan 90 días o más para ser asistidos en los hospitales de tercer nivel.
“El Sistema Único de Salud (SUS) enfrenta un colapso funcional, con pacientes atendidos en pasillos debido al déficit crítico de camas y a la falta de personal especializado”, concluye el diagnóstico.
El informe advierte que la ausencia de un sistema integrado obliga a los pacientes a hacer fila desde la madrugada para lograr una consulta externa. Los enfermos también padecen en los servicios de emergencias, donde los pasillos se convierten en salas de internación. Muchos son atendidos en camillas improvisadas y hasta en sus propias sillas de ruedas.
Al respecto, la ministra de Salud y Deportes, Marcela Flores Zambrana, afirmó que la actual gestión heredó un sistema sanitario en crisis, marcado por la fragmentación, el colapso hospitalario, la escasez de insumos, deudas millonarias y una pesada carga administrativa.
Según la autoridad, el diagnóstico identificó que hospitales de primer y segundo nivel se encuentran debilitados, mientras que el tercer nivel está colapsado. Explicó que, aunque los hospitales de segundo nivel cuentan con infraestructura y recursos humanos, su cartera de servicios es limitada, lo que obliga a derivar pacientes al tercer nivel.
Sobre los establecimientos de primer nivel, el informe concluye que la gran mayoría de los centros solo funcionan seis horas, con un médico, una enfermera y un odontólogo. “Como no hay laboratorio ni exámenes complementarios, el paciente acude, le dan sus órdenes y tiene que ir a buscar su radiografía, su ecografía, su laboratorio a otro establecimiento, volver por sus resultados, regresar a su centro y probablemente lo vuelvan a transferir. Para un paciente significa ir por lo menos cinco veces para conocer su diagnóstico y e iniciar su tratamiento”, señaló.
Esta realidad empuja a muchos pacientes a acudir directamente a los hospitales de tercer nivel. “Si el centro está cerrado, ¿a dónde se va a ir el paciente? Al hospital de tercer nivel”, donde hay un déficit crítico de camas, especialmente en emergencias.
A esto se suman, las trabas administrativas burocráticas que impiden a los hospitales abastecerse de medicamentos.
También están las deudas que se acumulan desde 2022, como al Sistema Único de Salud (SUS), al Fondo Rotatorio de Vacunas, al programa cáncer, a hemodiálisis y a las unidades de terapia intensiva que superan los Bs 450 millones. Además, hay deudas con organismos internacionales, como a la OMS/OPS por 15 millones de dólares.
Pacientes lo sufren
Los enfermos soportan esta dura realidad. Susana Villavicencio lleva cuatro meses esperando una cirugía por un problema de tiroides. Vive en la zona sur de la ciudad y, además de enfrentar el colapso del sistema, se ha visto perjudicada por los constantes paros. La última vez fue programa para el 15 de febrero y espera que para entonces haya atención, porque de lo contrario, tendrá que volver a reprogramar.
Otros enfrentan la pesada carga de la burocracia. Las referencias médicas no garantizan atención inmediata y la falta de coordinación entre centros agrava el sufrimiento. Gustavo Santos, de 66 años, fue derivado desde Los Pocitos para una cirugía en el San Juan de Dios, pero allí le exigieron rehacer toda la documentación y que señale específicamente la transferencia a ese nosocomio. “Necesito que me vea el especialista, mi dedo ya está negro y me duele mucho”, reclamó el jueves.
Reingeniería del sistema
El Ministerio de Salud apunta a un sistema integrado de salud, a retomar la rectoría en las políticas de salud y a trabajar una reingeniería del sistema.
El viceministro de Gestión del Sistema de Salud, José Luis Ríos, explicó que también se trabaja en una reforma normativa del sistema de salud para fortalecer el sistema público y mejorar la distribución de recursos.
Indicó que en gestiones anteriores más del 70% del financiamiento del SUS fue destinado a servicios privados, lo que se busca revertir.
Afirmó que la actual normativa no permite que los recursos lleguen oportunamente a las regiones, generando burocracia y lentitud en la ejecución. “Necesitamos trabajar en una reforma normativa que permita romper este estado tranca”, remarcó.
De acuerdo con Ríos, la reingeniería implica ajustes en las partidas presupuestarias y límites al gasto, además de una redistribución de recursos humanos, financieros, físicos e infraestructura entre el nivel central, las gobernaciones y los municipios, con el objetivo de cubrir las competencias y necesidades territoriales.

