«Lamentablemente, los sucesos del 8 y 9 de enero causaron gran dolor en nuestro país y llevaron a nuestro querido pueblo a la muerte y al martirio», dijo el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, en un discurso con motivo del 47.º aniversario de la República Islámica.
En esas dos jornadas se produjo lo que Amnistía Internacional ha calificado como una «masacre» en la que murieron miles de personas en la represión estatal, aunque Irán acusa a Estados Unidos e Israel de provocar esa violencia.
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«Servimos y serviremos a todos aquellos que resultaron afectados en este suceso», aseguró el mandatario, que añadió que está «listo para escuchar la voz del pueblo«: «No buscamos confrontar al pueblo, dijo, a la vez que pidió «disculpas» a la nación por los problemas que sufre el país.

«Sanar esta herida» bajo el mando del líder supremo, Ali Jameneí
Pezeshkian denunció la «propaganda occidental» en torno a las protestas y afirmó conocer el «gran dolor» que sentía la gente, sin reconocer directamente la participación de las fuerzas de seguridad iraníes en el derramamiento de sangre.
Pezeshkian afirmó que se debe «sanar esta herida» para lo que llamó a «unirnos» bajo el mando del líder supremo, Alí Jamenei, ante los «ataques” del enemigo.
Las protestas que comenzaron el 28 de diciembre por la caída del rial en Teherán pero pronto se extendieron al resto del país entre llamadas al fin de la República Islámica y alcanzaron su punto álgido el 8 y 9 de enero antes de ser aplastadas en una brutal represión.
El Gobierno iraní reconoce la muerte de 3.117 personas en unas protestas de las que culpa a Estados Unidos e Israel, pero la ONG HRANA, con sede en Estados Unidos, sitúa en 6.984 los fallecidos, si bien continúan verificando más de 11.600 posibles muertes, y estiman unos 51.000 arrestos.
47.º aniversario de la Revolución Islámica de 1979
Irán conmemoró este miércoles el 47.º aniversario de su Revolución Islámica de 1979, mientras la teocracia del país sigue bajo presión, tanto por parte del presidente estadounidense Donald Trump, quien sugirió enviar otro grupo de portaaviones a Oriente Medio, como por parte de la indignada condena pública de la sangrienta represión de las protestas nacionales por parte de Teherán.
Irán se encuentra en plena negociación con Estados Unidos sobre su programa nuclear, pero aún no está claro si se alcanzará un acuerdo nuclear. Mientras tanto, el Organismo Internacional de Energía Atómica, el organismo de control nuclear de las Naciones Unidas, lleva meses sin poder inspeccionar ni verificar el arsenal nuclear iraní.
Pezeshkian también insistió en que su nación «no busca armas nucleares… y está lista para cualquier tipo de verificación».
En la televisión estatal iraní, las autoridades transmitieron imágenes de decenas de miles de personas saliendo a las calles de todo el país para apoyar a la teocracia y a su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, de 86 años. Pero el martes por la noche, mientras los fuegos artificiales patrocinados por el Gobierno iluminaban el cielo oscurecido, testigos escucharon gritos desde los hogares de la capital iraní, Teherán, de «¡Muerte al dictador!».
En las calles, la gente ondeaba imágenes de Jamenei y del ayatolá Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica, junto con banderas iraníes y palestinas. Algunos coreaban «¡Muerte a Estados Unidos!» y «¡Muerte a Israel!».

Entre los 85 millones de habitantes de Irán, existe un sector de apoyo radical a la teocracia iraní, incluyendo a miembros de su Guardia Revolucionaria paramilitar, que reprimió de forma crucial las protestas del mes pasado en una sangrienta represión que dejó miles de muertos y decenas de miles de detenidos. Otros suelen participar en manifestaciones como empleados del Gobierno o para disfrutar del ambiente festivo de una festividad oficial.
rml (efe, afp)

