Reforma electoral: Hay el desafío de actualizar las reglas democráticas


La pregunta ya no es si se debe cambiar la normativa, sino cuándo y con qué profundidad se asumirá ese proceso.

Por Mauricio Diaz Saravia

Jornada de votación en uno de los recintos electorales del La Paz.

Jornada de votación en uno de los recintos electorales del La Paz.



Fuente: La Razón

La necesidad de reformar la normativa electoral en Bolivia volvió al centro del debate público tras observaciones del Tribunal Supremo Electoral (TSE), que advirtió sobre vacíos legales, rigideces procedimentales y distorsiones políticas que afectan a la democracia.

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En este contexto, el presidente del TSE, Gustavo Ávila, planteó la urgencia de impulsar cambios estructurales que permitan fortalecer la transparencia, garantizar la equidad en la competencia política y recuperar la confianza ciudadana en los procesos electorales.

Normativa electoral

“El país necesita una actualización profunda de su normativa electoral. Tenemos reglas que ya no responden a la dinámica política, social y tecnológica actual, lo que genera conflictos, interpretaciones forzadas y, en algunos casos, parálisis institucional”, afirmó Ávila, en entrevista con La Razón.

Advirtió que la legislación vigente no logra responder de manera eficaz a los nuevos desafíos del sistema democrático. En su criterio, el problema no se limita a aspectos técnicos, sino que involucra un rediseño integral del sistema que permita mayor claridad en las reglas del juego político.

Ávila subrayó que uno de los principales nudos críticos es la regulación de las elecciones primarias, un mecanismo que, en la práctica, ha demostrado ser poco funcional, costoso y carente de competencia real. “Las primarias, tal como están concebidas, no cumplen su propósito democrático. En lugar de fomentar la participación interna y la renovación política, se han convertido en un trámite formal sin disputa efectiva”, señaló.

Procesos

En ese sentido, recordó que en los últimos procesos la mayoría de las organizaciones políticas presentó binomios únicos, vaciando de contenido el proceso.

Por otra parte, la analista política Susana Bejarano coincide en que el sistema electoral boliviano requiere ajustes profundos para adaptarse a una realidad marcada por la fragmentación política, el desgaste institucional y la creciente desconfianza ciudadana. “La normativa fue diseñada para un escenario político distinto, con partidos fuertes, estructuras orgánicas estables y liderazgos claros. Hoy tenemos organizaciones debilitadas, alianzas coyunturales y un electorado más crítico, lo que obliga a repensar las reglas”, sostuvo.

Bejarano advirtió que mantener un marco legal rígido no solo limita la competencia democrática, sino que también incentiva prácticas informales, negociaciones opacas y acuerdos extrainstitucionales. “Cuando las normas no se ajustan a la realidad, los actores buscan atajos. Eso deteriora la transparencia y debilita la credibilidad del sistema”, explicó.

Democracia

A su juicio, una reforma integral debería priorizar la simplificación de procedimientos, el fortalecimiento de la fiscalización y la promoción efectiva de la participación ciudadana.

Desde una perspectiva institucional, la exvocal del TSE Dina Chuquimia remarca que la experiencia acumulada en la administración electoral permite identificar con claridad los puntos más vulnerables del sistema. “Hay problemas estructurales que se repiten elección tras elección: conflictos por la habilitación de candidaturas, vacíos en la regulación del financiamiento, deficiencias en el control de la propaganda y una normativa sancionatoria débil”, afirmó.

Para Chuquimia, estas falencias generan incertidumbre jurídica y abren espacios para la judicialización excesiva de los procesos electorales.

La exautoridad electoral consideró que una de las reformas más urgentes debe centrarse en la regulación del financiamiento político. “La falta de controles efectivos sobre el origen y uso de los recursos distorsiona la competencia.

Análisis

Sin reglas claras y mecanismos de fiscalización robustos, se corre el riesgo de que el dinero defina las elecciones”, advirtió. En este sentido, propone la creación de sistemas de auditoría en tiempo real y sanciones más severas para quienes vulneren la normativa.

Las coincidencias entre Ávila, Bejarano y Chuquimia se concentran en la necesidad de modernizar el sistema electoral para hacerlo más eficiente, transparente y representativo. Los tres coinciden en que la reforma no puede limitarse a ajustes parciales, sino que debe abordar de manera integral la arquitectura normativa que rige la competencia política en el país.

También convergen en la urgencia de construir consensos amplios, capaces de trascender intereses partidarios coyunturales.

Ávila insiste en que el debate debe ser técnico y no político. “El TSE no busca favorecer a ningún actor. Nuestro interés es garantizar procesos creíbles, estables y confiables.

Reforma

La reforma debe construirse con base en criterios técnicos y en estándares internacionales”, afirmó, al recordar que organismos multilaterales han recomendado a Bolivia revisar su legislación para adecuarla a las buenas prácticas democráticas.

Bejarano complementa esta visión al señalar que una reforma efectiva debe incorporar la perspectiva ciudadana. “No se trata solo de reglas para los partidos, sino de garantizar derechos políticos plenos a la población. La normativa debe facilitar el acceso al voto, promover la información electoral de calidad y fortalecer los mecanismos de control social”, explicó.

En su análisis, la desconexión entre el sistema político y la ciudadanía es uno de los principales factores de la actual crisis de representación.

Problemas

Chuquimia, por su parte, alerta sobre el riesgo de postergar indefinidamente los cambios. “Cada elección que pasa sin una reforma integral profundiza los problemas existentes. La acumulación de tensiones normativas termina estallando en conflictos poselectorales que afectan la estabilidad democrática”, advirtió, al recordar episodios recientes marcados por denuncias de fraude, cuestionamientos a los resultados y crisis de legitimidad.

Otro punto de convergencia es la necesidad de revisar el régimen de partidos políticos. Ávila reconoce que el actual sistema de personería jurídica y requisitos de permanencia no ha logrado fortalecer a las organizaciones políticas. “Tenemos una proliferación de siglas sin estructura, sin vida orgánica y sin democracia interna. Eso debilita el sistema representativo”, sostuvo. En su criterio, es necesario elevar los estándares de institucionalidad partidaria y promover procesos internos genuinamente competitivos.

Urgencia

Bejarano coincide en que la debilidad partidaria es uno de los principales obstáculos para la consolidación democrática. “Sin partidos sólidos, no hay intermediación política efectiva. Lo que tenemos es una política personalista, caudillista y altamente volátil”, afirmó, al señalar que la normativa debería incentivar la formación programática, la rendición de cuentas y la renovación de liderazgos.

En esa línea, Chuquimia añade que la democratización interna de los partidos debe ser una prioridad. “Las primarias, bien diseñadas, pueden ser una herramienta poderosa, pero requieren reglas claras, incentivos adecuados y una verdadera voluntad política”, explicó. En su análisis, la experiencia boliviana demuestra que imponer mecanismos sin consenso ni condiciones estructurales conduce al fracaso.

El debate también incluye la necesidad de actualizar la normativa vinculada al voto en el exterior, la inclusión de poblaciones indígenas y rurales, y el uso de tecnologías electorales. Ávila señaló que el padrón biométrico, aunque robusto, requiere actualizaciones permanentes y mayores recursos para garantizar su confiabilidad. “La movilidad poblacional y la migración interna generan desafíos constantes que deben ser atendidos con soluciones modernas”, indicó.

Confianza

Bejarano remarcó que la incorporación de tecnologías debe ir acompañada de procesos de educación cívica y transparencia. “No basta con digitalizar procedimientos. Es fundamental que la población comprenda y confíe en los mecanismos”, sostuvo. En su criterio, la comunicación electoral es una de lo más descuidadas por el Estado.

Chuquimia, finalmente, destacó la importancia de fortalecer la independencia institucional del TSE. “La credibilidad del árbitro electoral es un pilar de la democracia. Para ello, se requieren garantías de autonomía, estabilidad en los cargos y procesos de selección basados en méritos”, afirmó, al advertir que la politización de las designaciones erosiona la confianza pública.

En conjunto, las voces de Ávila, Bejarano y Chuquimia delinean un diagnóstico compartido: la normativa electoral boliviana enfrenta un desgaste estructural que amenaza la calidad del sistema democrático. La coincidencia en la urgencia de una reforma integral revela que el problema trasciende posiciones ideológicas y se inscribe en un consenso técnico amplio.

Oportunidad

La gran incógnita, sin embargo, es si el sistema político estará dispuesto a asumir el costo de impulsar cambios profundos. Ávila es cauteloso, pero optimista. “Creemos que hay una oportunidad histórica para encarar una reforma de Estado en materia electoral. Dependerá de la madurez política y del compromiso democrático de todos los actores”, afirmó.

Bejarano advierte que sin presión social, el debate puede quedar estancado.

Así, el debate sobre la reforma electoral se instala como uno de los desafíos centrales del país. La pregunta ya no es si se debe cambiar la normativa, sino cuándo y con qué profundidad se asumirá ese proceso.

Fuente: La Razón