La compatriota fue en busca de un lugar tranquilo, y tardó en darse cuenta de que la “seguridad” de la zona se debía a que los cárteles controlan todo. «Como ley que ellos son para nosotros… tenemos que obedecer».

Fuente: Brújula Digital
Una ciudadana boliviana que reside en Jalisco, México, desde hace varios años, contó que vivió una noche traumática tras la ola de violencia registrada luego de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
«Toda la noche (del domingo) ha sido de terror, porque se escuchaban gritos, se escuchaban balaceras. La verdad es que ha sido muy, muy traumático vivir una situación así», comentó la compatriota en entrevista con Brújula Digital.
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La mujer –cuya identidad se mantiene en reserva por razones de seguridad– vive en una población aledaña a Guadalajara, donde gobiernan los cárteles y en la que no hay presencia de la Policía Federal. Sin embargo, según cuenta, el lugar “siempre fue tranquilo…”, hasta el día de ayer.
Apenas trascendió la incursión del Ejército mexicano, que terminó con la muerte del capo criminal, según señala la fuente, los vecinos recibieron un comunicado de parte de las bandas, en el que se les ordenaba «no salir bajo ninguna circunstancia”. Poco después –relató–, empezaron a escucharse ráfagas de disparos y movimientos de vehículos y camiones, muchos de los cuales fueron quemados en el transcurso de la noche. Finalmente, muchos barrios y localidades, entre ellas en la que vive la boliviana, se quedaron sin luz; “y nos prohibieron que encendamos velas».
«Entonces nosotros, como ley que ellos, los de la “plaza” (territorio controlado por un cártel), son para nosotros, tenemos que obedecer», afirmó, y agregó que, de no acatar las instrucciones, se exponen a ser reclutados, sin distinción entre hombres y mujeres. La entrevistada añadió que durante toda la noche circularon jóvenes en motocicletas que actuaban como “guardias” del cártel, controlando las calles para impedir cualquier movimiento.
La compatriota contó que recién este lunes autorizaron la apertura de una de las tiendas de la zona para que los habitantes pudieran abastecerse de víveres, en la medida de lo posible, ya que la venta se realiza según la cantidad de personas que integran cada hogar.
Tierra de nadie
“Aquí no tiene pisada el gobierno; no tiene pisada. Yo compré un lugar con el sueño de vivir en el campo, de criar animales, pero jamás me imaginé que este lugar era de una ‘plaza’”, lamentó.
La fuente señaló que, cuando llegó a la población, percibió un ambiente de paz, tranquilidad y aparente seguridad; es más, sigue sosteniendo que la seguridad en la zona es “increíble”, en cuanto a los delitos y crímenes “comunes”, casi inexistentes; sin embargo, desconocía que esta situación estaba vinculada a la presencia de un cártel, que es el que patrulla por sus propios intereses. “Con el paso del tiempo –comenta– me di cuenta lo que pasaba, ya que no se paga impuestos ni servicios básicos como electricidad o agua”.
A tal punto llega la organización de la mafia, que toda la población está vigilada mediante cámaras y micrófonos. La boliviana migrante añadió que poco a poco se dio cuenta de que “la persona menos esperada” puede trabajar para «la plaza», y que “no se mueve una hoja sin que ellos se enteren”. Indicó que las normas del cártel deben acatarse estrictamente y que no se permite generar caos, como enfrentamientos o riñas. De lo contrario, aseguró, “la plaza” interviene y castiga a los responsables con golpizas, la fractura de piernas o incluso la muerte. “Si tú no tienes nada, no te metes con nadie, no hablas con nadie; vives tranquilo, te ayudan y te protegen, eso también es cierto”, aseguró.
Tras los incidentes de este fin de semana, señaló que la embajada de Bolivia en Ciudad de México compartió números de contacto para que los ciudadanos bolivianos puedan pedir ayuda. Al margen de lo que pudieran hacer autoridades consulares, sostuvo que pedir ayuda no sirve de mucho, porque la discriminación hacia personas de otros países es muy fuerte, por parte de autoridades y reparticiones mexicanas. “El gobierno mexicano no hace nada para poyarnos. Como tratan a los mexicanos en Estados Unidos, así nos tratan a los de otros países en México”, lamentó.
Violencia extrema
Tras la muerte de “El Mencho” a manos del Ejército mexicano, el domingo se desató una ola de violencia y bloqueos de carreteras en diversas zonas del país, en lo que las autoridades consideran una reacción del grupo criminal, que ha causado la suspensión de actividades públicas en varios Estados.
El epicentro de la violencia tuvo lugar en Jalisco (oeste), donde un operativo federal en Tapalpa, una pequeña localidad al sur de Guadalajara, culminó con la muerte del líder criminal y desencadenó enfrentamientos, quema de vehículos y bloqueos, que se han mantenido incluso hasta este lunes, según informó EFE.