A una semana del accidente aéreo


Anna Maria Barbery

El accidente del avión Hércules cargado de billetes suscitado en El Alto en la tarde del viernes 27 de febrero 2026, donde perdieron la vida 24 personas y hubo entre 35 a medio centenar de heridos y otras decenas de apresados por delincuencia civil fue una de esas trágicas desgracias que debemos analizar con una lupa de relojero para darnos una oportunidad de aprendizaje y mejoría como sociedad. Las deficiencias en material de equipo, logística, coordinación fueron enormes, así como también, grandezas y aciertos de parte de bomberos y voluntariados, policías, ejército, primeros auxilios, seguridad, civiles y residentes del lugar. Las falencias sociales como institucionales deben ser corregidas.



En esta tremenda desgracia, se observó para comenzar que no hubo el más mínimo de conocimiento de control de masas que generalmente existen en ciudades pequeñas y ni que hablar de las grandes, para evitar que las masas de gente lleguen donde no hay ingreso o entrada para evitar el desorden de masas. Claro que para eso se tiene que tener el equipo adecuado para instalar. Tampoco se vio la rapidez necesaria ni la suficiente comunicación con autoridades ni primeros auxilios ni seguridad civil.

Llegaron los bomberos del lugar y policías, pero tardaron un poco, siendo escasos en número, pero muy eficientes y valientes con casi nada de equipo de primeros auxilios, se concentraron en lo más importante en salvar vidas. Y no sé si hubo equipo o funcionarios de aeropuerto tampoco que llegaran con asistencia ni cuerdas, ni más mallas, ni conos, ni megáfonos, ni reflectores, ni más seguridad.

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El fatal aterrizaje del avión militar fue a hora pico en El Alto más o menos a las 18:15. No se vieron ni grúas, ni tractores, ni camiones, ni pumas que pudieron haber sido el transporte ideal para los billetes. Las autoridades directamente relacionadas con los billetes llegaron tarde y por lo menos dieron la orden de quemar los billetes. No acordonaron debidamente el área de siniestro no fue a tiempo tampoco antes que se produjera el caos social que impidió un rescate de enorme magnitud.

También uno se pregunta: ¿la torre de control en Santa Cruz se habrá comunicado con Senamhi antes de dar la luz verde de despegue a la aeronave militar? ¿Me imagino, que Santa Cruz estaba coordinando el vuelo con la torre de control en El Alto, y ellos, también estarían obligados a verificar el estado climático? ¿La Torre de control de La Paz no pudo haber visto que llegaba la tormenta de granizo, como para detener el aterrizaje del Hércules o limpiar la pista a tiempo?

¿Fue una tormenta tan repentina talvez que no se pudo hacer nada? ¿Existirían los equipos adecuados para limpiar con rapidez una granizada de tal volumen? ¿Luego, también me pregunte, como arriesgarse con un vuelo Hércules (que muchos dijeron que tenía sus buenos años, pero los expertos dijeron que son súper seguros y podían tener 50 años y este tenía 40) con enormes cargas de billetes para aterrizar un viernes en la tarde hora pico en la pobladísima ciudad de El Alto?

Bueno, como profesora de decenas de niños, productora y periodista de TV y radio estoy acostumbrada a ver hasta el más mínimo de detalle de lo que puede ir mal y de lo que puede ir bien. En emergencias, la rapidez es clave con eficiencia y equipo adecuado. Desgraciadamente, la pista se había convertido en una pista de patinaje y el Hércules aumentó a una velocidad hasta de 300 kph según un piloto militar y sin poder frenar, el piloto apago todo para no causar explosión y fuego y decidió virar al lado de los vehículos en vez de estrellarse al lado de los edificios. Testigo y piloto calificado elogió al piloto del Hércules por la toma de sus decisiones indicando que pudo haber habido más muertos. Los autos que fueron destrozados con gente adentro de toda edad y familias enteras fueron unos 15. Me sorprendió la poca preparación de emergencia de un aeropuerto internacional en una ciudad tan transitada como es El Alto.

Mientras escuchaba que los billetes desparramados por ese kilómetro de accidente causado por el avión militar siniestrado, tenían que haber sido entregados al Banco Central y que no tenían valor, ya que aún no habían sido monetizados y que era ilegal llevárselos, sin embargo, veía como la gente, cientos de cientos, iban acercándose y con euforia comenzaron a levantar los billetes lo más que podían y el caos con gritos y desesperación comenzó. Luego veía desde mi TV como los bomberos y policía unieron fuerzas y sin detenerse con valentía y preocupación intentaban llegar a los cuerpos heridos ensangrentados y fallecidos entre los escombros y se los llevaban como sea entre la gente que los empujaban.

También vi como entre bomberos y policías intentaban levantar los autos destrozados por el impacto, había gente que se acercaba a ayudar. Los funcionarios del gobierno o locales no llegaban nunca para explicar a la gente que esos billetes no tenían valor y si se los llevaban era ilegal y podían ir a la cárcel. ¿Dónde estaban los megáfonos y las explicaciones?

¿Dónde estaban los doctores y las camillas? ¿Dónde estaban las grúas para levantar el metal y ayudar a los rescatistas? El ejército por fin decidió forzar a los civiles a salir fuera del lugar accidentado y los gasificaron para así dar campo a los rescatistas y a los que tuvieron la orden de quemar los billetes. Miles de gente en su mayoría jóvenes comenzaron a lanzar piedras grandes al ejército y desgraciadamente le llego una piedra a un bombero voluntario de 20 años a la cabeza, pero él siguió ayudando a salvar vidas, pero ahora se sabe que días después mitad de su cuerpo no le respondía y fue diagnosticado con un edema cerebral.

La evidencia innegable del comportamiento violento de cientos de Alteños frente a una desgracia trágica y ante las autoridades fue evidente. La insensibilidad y falta de respeto a las autoridades fue evidente. La delincuencia desenfrenada de la masa de gente al no dejar de atacar, la falta de moralidad y empatía frente a los heridos y trabajo de bomberos, policías y doctores fue asombrosa. Faltaron los megáfonos para dispersar, detener la violencia descontrolada de parte de miles con lanzamiento de piedras grandes, destruyeron unas 15 motocicletas policiales, ambulancias y además atacaron agresivamente a los doctores, periodistas y ejército con piedras mientras ellos fueron gasificados fuertemente.

Al tratar de entender el comportamiento delincuencial de un segmento de Alteños se piensa en la pobreza, en la droga, el alcohol, la inexistencia de seguridad, falta de luz, vías intransitables,

basura sin recojo, corrupción, migración del campo a la ciudad en pobreza y sin vivienda, la falta de servicios básicos, la enorme falta de seguridad, falta de educación y salud, además del aumento en el costo de vida y en el desorden social todos son factores contribuyentes a las conductas criminales de robo, violencia, homicidios, “bullying“ y feminicidios pero que no pueden ser aceptadas y deben ser castigadas por la ley y atendidos como una problemática de disfuncionamiento social. Felizmente, apresaron a decenas de delincuentes que participaron de la violencia el 27 de la noche y su conducta no fue impune.

El Alto debe ser conducida a un mejor desarrollo social sano y humano. La conducción a un bienestar económico para todos promoviendo equidad, seguridad, lazos sociales e identidad con sus comunidades, sembrando sentimiento de orgullo, seguridad, cooperación promoviendo actividad deportiva debe ser responsabilidad de la sociedad en su conjunto. Depende de cada ciudadano de cada familia y de cada funcionario de las reparticiones institucionales Alteñas. No se puede crear caos sobre las tragedias tampoco convertirnos en nuestros propios enemigos.