Conocido por su militancia por los Derechos Humanos, Waldo Albarracín decidió buscar la silla edil de La Paz. En esa condición asistió a La Barricada de Galindo. Todo terminó con insultos y un ‘te vas a la mierda’
La escena duró apenas unos minutos, pero condensó años de historia, desencuentros y viejas lealtades rotas. En el estudio de Radio Deseo, donde las entrevistas rara vez son complacientes, el candidato a la Alcaldía de La Paz, Waldo Albarracín, terminó abandonando la silla frente a María Galindo tras un cruce que fue subiendo de tono hasta romperse en insultos.
Todo comenzó con una frase que no era una pregunta, sino una acusación.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
“He sido amiga de Waldo… pero me falló en un hecho político fundamental que yo no perdono”, lanzó Galindo al inicio de la entrevista en su programa La barricada, un espacio donde los invitados no suelen salir indemnes.
Albarracín, exdefensor del Pueblo y exrector de la UMSA, había llegado como candidato a la alcaldía de La Paz del frente Venceremos, en plena recta final de campaña. Pero la conversación no giró en torno a propuestas municipales. Retrocedió, abruptamente, a 2019.
Galindo reconstruyó ese episodio como si estuviera ocurriendo otra vez. Habló de un hotel en la zona Sur de La Paz, de la llegada de Luis Fernando Camacho, entonces presidente del comité pro Santa Cruz, en medio de la crisis política que derivó en la renuncia de Evo Morales. Hizo mención a supuestos “paramilitares armados” y “maletas de dinero”. Así puse en el centro de su relato a Waldo Albarracín.
Según la activista, él la habría “confundido” para permitir que Camacho saliera del hotel sin que ella pudiera interceptarlo. “Ese día me fallaste y te despintaste”, insistió, elevando la voz. “Tú le hiciste la cobertura para que huya de mí”. Galindo es conocida por intervenciones políticas.
Albarracín intentó responder, pero el ritmo del programa —marcado por interrupciones y acusaciones— apenas le dejó espacio. “Eso es mentira”, alcanzó a decir. Luego, con mayor firmeza: “Yo no te permito que ofendas mi dignidad”.
La frase no calmó el ambiente. Lo encendió.
“Tú no me puedes permitir ni prohibir nada”, replicó Galindo, sin bajar el tono. La entrevista dejó de ser un intercambio y se convirtió en un pulso de autoridad. En ese punto, la política se mezcló con lo personal.
Albarracín, visiblemente alterado, se levantó de la silla. “Entonces te vas a la mierda… yo me voy”, lanzó, antes de añadir un calificativo : “facha”. Galindo no retrocedió. “Ándate”, respondió, mientras el candidato abandonaba el estudio.
La escena, replicada en redes sociales, se viralizó en cuestión de minutos. Pero lo que se vio al final —el insulto, la salida abrupta— fue apenas la superficie de un conflicto, porque lo que realmente estalló no fue solo una entrevista fallida, sino una disputa por el relato de 2019.
Albarracín, que en ese entonces formaba parte del Comité Nacional de Defensa de la Democracia, fue uno de los actores visibles en la crisis que derivó en la salida de Morales. En noviembre de 2019, el líder cocalero intentó aplicar una fórmula para perpetuarse en el poder y eso derivó en protestas sociales, además del paro de los 21 días que tuvo lugar en Santa Cruz.
Galindo, desde su trinchera feminista y contestataria, también ocupó un rol activo, aunque distante de los liderazgos políticos tradicionales.
Entre ambos existía una relación previa, incluso de cercanía, que quedó fracturada en ese momento. La entrevista de este martes no hizo más que exponer esa ruptura.
El formato de La barricada tampoco es neutro. No busca entrevistas convencionales, sino confrontaciones. Galindo interpela, presiona y descoloca. Para algunos, es un ejercicio de poder; para otros, una forma de interpelación política sin filtros.
El episodio dejó varias lecturas en medio de la campaña electoral subnacional. Por un lado, muestra a un candidato que pierde el control en un momento de presión. Por otro, evidencia el estilo de una activista que convierte la entrevista en campo de batalla.
