Analistas ven una «nueva etapa» en la relación Bolivia–Chile marcada por la migración


Sobre el restablecimiento formal de relaciones diplomáticas, ambos analistas coincidieron en que el camino será gradual. López sugirió evitar la sobreexposición mediática y avanzar con acuerdos técnicos concretos.

El presidente de Chile, José Antonio Kast, y el Presidente de Bolivia, Rodrigo Paz. / Foto: El Deber

Fuente: ANF

La relación entre Bolivia y Chile atraviesa una «nueva etapa» caracterizada por un acercamiento pragmático en el que la migración se ha convertido en un eje estructural. Así coincidieron los analistas políticos Fernando López Ariñez y Franz Flores Castro, quienes, desde distintas perspectivas, advirtieron que este fenómeno redefine la agenda bilateral más allá de los tradicionales puntos de conflicto.



Para López, el actual momento no responde únicamente a los gobiernos de Rodrigo Paz Pereira y José Antonio Kast, sino que es resultado de un proceso de acercamiento que se viene gestando desde las gestiones de Luis Arce y Gabriel Boric.

«Se trata de una construcción progresiva que ahora encuentra condiciones para consolidarse, siempre que exista confianza mutua», sostuvo el especialista en declaraciones a ANF.

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En ese punto, ambos analistas coincidieron en que la relación bilateral se articula hoy en torno a intereses concretos. Mientras Bolivia busca mejorar sus exportaciones, garantizar una salida comercial más expedita y fortalecer el ingreso de divisas, Chile prioriza el control fronterizo, la gestión migratoria y la administración de recursos estratégicos como el agua.

Sin embargo, el elemento que marca el giro más evidente es la migración. López subrayó que el flujo de bolivianos hacia Chile ha alcanzado cifras récord y ha dejado de ser un fenómeno meramente laboral para convertirse en estructural.

“La migración boliviana es hoy central para sectores como el agrícola”, afirmó, al tiempo que advirtió que cerca del 40% de esta población vive en condiciones de pobreza, lo que obliga a ambos Estados a coordinar políticas tanto en origen como en destino.

Flores coincidió en que el fenómeno migratorio es clave, pero introdujo un matiz crítico respecto al contexto político chileno. A su juicio, el gobierno de Kast impulsa una narrativa “antimigrante y criminalizadora” que dificulta un acercamiento más fluido.

«Se trata de un discurso que no se condice con la realidad, porque los migrantes bolivianos cumplen funciones esenciales en la economía chilena», sostuvo en contacto con ANF.

Familia migrante en la frontera. Foto: Ciperchile

Ambos expertos también confluyeron en advertir los riesgos de una política centrada exclusivamente en la seguridad. López cuestionó la tendencia a “securitizar” la frontera mediante la militarización o la construcción de barreras físicas, como las zanjas impulsadas por el gobierno chileno.

“Estas medidas no garantizan mayor seguridad y pueden generar el efecto contrario, fomentando la irregularidad”, señaló.

En la misma línea, advirtió que estas restricciones afectan la migración circular, especialmente en sectores como el agrícola, donde la mano de obra temporal es clave. “La cereza cuando se cosecha no espera”, ejemplificó, para explicar que las trabas burocráticas o los controles excesivos empujan a los trabajadores a optar por rutas irregulares.

Flores complementó este análisis al señalar que la migración responde, en gran medida, a factores estructurales en Bolivia, como la falta de empleo digno y sostenido. No obstante, rechazó que esto justifique políticas de expulsión o estigmatización.

“El aporte de los migrantes es fundamental en áreas como la construcción, la hotelería o el cuidado de personas”, afirmó.

José Antonio Kast ofrece una rueda de prensa, mientras las máquinas hacen una zanja fronteriza. Foto: El Mundo

Pese a las tensiones, ambos analistas identificaron oportunidades. Coincidieron en que el comercio bilateral ha mantenido cierta estabilidad incluso en ausencia de relaciones diplomáticas plenas, lo que abre la puerta a una agenda pragmática enfocada en facilitar el tránsito de mercancías, mejorar las condiciones portuarias y combatir economías ilegales como el contrabando o la trata de personas.

En este contexto, López propuso avanzar hacia una “frontera amigable”, basada en protocolos claros, uso de tecnología y enfoques que incorporen perspectivas de género y niñez. Además, planteó fortalecer espacios como el Comité de Integración de Frontera, reactivado en 2023, con la participación de actores estatales y sociales.

Sobre el restablecimiento formal de relaciones diplomáticas, ambos analistas coincidieron en que el camino será gradual. López sugirió evitar la sobreexposición mediática y avanzar con acuerdos técnicos concretos, mientras que Flores advirtió que los discursos nacionalistas y el tema marítimo siguen siendo factores sensibles que pueden frenar el proceso.

Desde el ámbito gubernamental, el canciller boliviano, Fernando Aramayo, intentó bajar el tono a las tensiones, asegurando que medidas como la apertura de zanjas en la frontera, del lado chileno, no afectan la relación bilateral. Según afirmó, Bolivia mantiene una postura de “buena fe” y apuesta por el diálogo, incluso reconociendo que algunas decisiones chilenas responden a su propia estrategia de seguridad.