Cierre del Estrecho de Ormuz: ¿los países del Golfo podrían desarrollar rutas alternativas?


La intensificación de los controles y peajes en la principal vía marítima ha producido una caída abrupta en el tránsito de petroleros, empujando a los gobiernos regionales a buscar opciones para garantizar los envíos de energía al extranjero.

 

Ilustración fotográfica que muestra el estrecho de Ormuz y barriles de petróleo impresos en 3D. 26 marzo 2026. REUTERS/Dado Ruvic

Ilustración fotográfica que muestra el estrecho de Ormuz y barriles de petróleo impresos en 3D. 26 marzo 2026. REUTERS/Dado Ruvic



 

Fuente: infobae.com

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Las crecientes tensiones en el Golfo Pérsico han puesto en primer plano la necesidad urgente de que los Estados del Golfo desarrollen rutas alternativas al Estrecho de Ormuz, clave para el comercio energético mundial. El bloqueo que Irán implementa allí —una medida que algunos líderes regionales califican como “terrorismo económico”— amenaza con retener el flujo de petróleo y gas, impactando tanto a los vecinos regionales como a la economía global, según advirtió Sultan Al Jaber, ministro de Industria y Tecnología Avanzada y director ejecutivo del grupo Adnoc, durante una conferencia de energía celebrada en Houston este mes, según informó el medio The National.

Desde el inicio del conflicto -28 de febrero-, el tránsito diario en el Estrecho de Ormuz se ha reducido drásticamente: de los aproximadamente 86 pasajes diarios de petroleros previos a la guerra, solo cinco atraviesan actualmente el estrecho.

Estos pocos buques suelen prestar servicio a Irán o cuentan con autorización política expresa de la Guardia Revolucionaria, al tiempo que, en muchos casos, “pagan una tasa reportada en USD 2 millones —en criptomonedas o yuanes chinos— para poder cruzar”, según detalla The National.

Las alternativas implementadas por algunos países, como los ductos fuera del Estrecho, no cubren la totalidad de las exportaciones históricas de la región.

Esta situación obliga a los países del Golfo a buscar vías que no dependan de Ormuz, tanto para sus exportaciones energéticas como para importar insumos esenciales.

Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita habían previsto este escenario y construyeron oleoductos de desvío antes de la crisis. El oleoducto emiratí, con terminal en Fujairah —sobre el océano índico y capacidad para transportar hasta 1,7 millones de barriles diarios—, y la línea saudita East-West que llega a Yanbu, en el mar Rojo, puede mover hasta 7 millones de barriles por día. Además, Adnoc desarrolló un sistema de almacenamiento subterráneo en Fujairah con capacidad para 42 millones de barriles.

FOTO DE ARCHIVO: Un buque cisterna de gas licuado de petróleo (GLP) anclado mientras el tráfico marítimo se reduce en el estrecho de Ormuz, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Shinas, Omán, 11 de marzo de 2026. REUTERS/Benoit Tessier/Foto de archivo

FOTO DE ARCHIVO: Un buque cisterna de gas licuado de petróleo (GLP) anclado mientras el tráfico marítimo se reduce en el estrecho de Ormuz, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Shinas, Omán, 11 de marzo de 2026. REUTERS/Benoit Tessier/Foto de archivo

No obstante, ambos puertos han sido objetivo de ataques con misiles y drones iraníes. Fujairah, fuera del Estrecho, ha afrontado varios incidentes, mientras Yanbu, aunque más alejada de Irán, ha sido alcanzada por misiles. La capacidad operativa real del puerto saudita limita el embarque a unos 5 millones de barriles diarios.

Estas cifras contrastan con las necesidades previas al conflicto, cuando Arabia Saudita, con una producción máxima de 12,5 millones de barriles diarios, podía exportar hasta 9,3 millones, y los Emiratos Árabes Unidos, con 4,85 millones de barriles, enviaban 3,6 millones fuera de la región.

Construcción de rutas y almacenamiento estratégico

El costo de estas soluciones no es menor. El oleoducto Habshan–Fujairah (Abu Dhabi Crude Oil Pipeline, Adcop) tuvo un costo reportado de USD 4.200 millones al completarse en 2012, cifra que con inflación se estima hoy en USD 6.000 millones. Este monto podría recuperarse en tan solo un mes con el nivel actual de precios del crudo exportado en tiempos de conflicto, indica Robin Mills CEO de Qamar Energy en una columna publicada en el diario The National. Un ducto hacia Duqm, en Omán, demandaría cerca de USD 10.000 millones.

Estas inversiones se sustentan en el análisis riesgo-beneficio, ya que constituyen un “seguro” vital, aunque solo deban ser utilizadas esporádicamente. Para financiar estos proyectos, los países del Golfo pueden acudir a sus fondos soberanos o asociarse con naciones también afectadas por la crisis, como Japón, Corea del Sur e India.

Los países menos favorecidos por la geografía, como Kuwait, Bahréin y Catar, carecen de rutas alternativas y dependen de los corredores que atraviesan Arabia Saudita o, en el caso de Kuwait, tal vez Irak.

Esta vulnerabilidad genera incentivos desalineados en el corto plazo: si solo Arabia Saudita y Emiratos pueden exportar, se benefician de los precios altos, perjudicando a sus vecinos cercados. Sin embargo, a largo plazo, toda la región debe coordinarse para cortar la posibilidad de que Teherán presione selectivamente a cada país o incida en la economía global.

Limitaciones técnicas y amenazas

La infraestructura de oleoductos y terminales presenta vulnerabilidades. Una sola tubería es fácil de reparar; sus estaciones de bombeo y las terminales de carga concentran el riesgo de sufrir ataques. Además, grupos armados como los Hutíes en Yemen han demostrado capacidad para obstaculizar la navegación incluso en el mar Rojo, forzando eventualmente exportaciones desde Yanbu a tomar rutas más largas hacia Asia a través del canal de Suez y África.

El manejo de distintos crudos en la región —del Basrah Heavy de Irak al Super Light saudita y el Murban emiratí— suma otra complejidad: la mezcla es una opción emergente en escenarios críticos, pero lo ideal es mantener separadas las cadenas logísticas por tipo de hidrocarburo.

En este contexto, el fortalecimiento de la red ferroviaria cobra relevancia, con obras como el Saudi Landbridge (que conecta Riad con Yeda) o el Etihad Rail hacia Sohar, en Omán, que permitirían transportar productos derivados, plásticos, fertilizantes y metales, así como asegurar la llegada de importaciones clave.

Agregar a Irak al sistema de rutas alternativas contribuiría a reducir el potencial de coacción iraní. Bagdad aspira a canalizar 650 mil barriles diarios a través de Turquía —el tramo turco podría trasladar entre 900 mil y 1,5 millones de barriles si fuera rehabilitado— y ha considerado reactivar los históricos ductos a Siria y proyecta uno nuevo hacia Aqaba, en Jordania.

Irán ha tratado de obstaculizar estos planes a través de sus vínculos en suelo iraquí, buscando mantener su capacidad de presión. Para Kuwait, la posibilidad de exportar vía Irak sería especialmente provechosa, convirtiendo a Bagdad en una beneficiaria de tarifas de tránsito.

Si bien se han propuesto rutas alternativas de alta sensibilidad geopolítica, como el cruce por Israel hasta el Mediterráneo, expertos consideran que ello solo trasladaría la dependencia de Teherán a Tel Aviv, sin reducir la vulnerabilidad de fondo.

En definitiva, “la libre salida del crudo aliviaría muchos de los retos del Estrecho de Ormuz, pero no todos”, advierte Mills. La construcción de circuitos redundantes, depósitos estratégicos bajo tierra y ferrocarriles especializados es vital para evitar que el conflicto en el Golfo siga alimentando la inestabilidad económica regional y global.