Con las botas sobre la tierra caliente


Es imposible eludir el odioso conflicto en el Medio Oriente, sin sorprenderse de cómo han cambiado las guerras en el mundo. Algo más de un siglo no es mucho en la vida de nuestro planeta, y podemos observar cómo, en la Primera Guerra Mundial, los cañones y la infantería eran imprescindibles para luchar con éxito; y cómo los blindados, aviones y soldados lo fueron en la Segunda Guerra. Alemania sorprendió con la “blitz-krieg” hasta que los soviéticos la desangraron en el Este y los angloamericanos la destruyeron desde el cielo.

Casi un siglo después nos encontramos con que, a la primera potencia del mundo, los Estados Unidos, importan mucho menos los tanques, “marines”, ni los mismísimos aviones de caza y que lo importante es la inteligencia digital, es decir la información, los ciberataques, el contraespionaje y elementos que se guardan rigurosamente en las computadoras del “cuarto de guerra”. Los misiles hacen el resto.



Estados Unidos fue reacio a entrar al combate en la Primera y Segunda Guerras Mundiales. En ambos casos ingresaron cuando Europa ardía por los cuatro costados. Además, en 1941, se decidieron cuando el aguijonazo del ataque nipón a Pear Harbour. Y lo que sucede es que Estados Unidos, como cualquier país, detesta que maten a sus jóvenes en guerras que ni siquiera se producen en su territorio. Si bien los norteamericanos han sido decisivos en las victorias aliadas en las dos grandes conflagraciones del siglo pasado, luego no les fue bien en Corea, ni en Viet Nam, ni en Afganistán, ni en Irak, todas regiones lejanas de la Unión.

Corea les significó más de 30 mil muertos y alrededor de 100 mil heridos y Viet-Nam el doble de fallecidos y 300 mil heridos. No sabemos cuántos en Afganistán ni Irak. El pueblo norteamericano reacciona razonablemente cuando ve a sus hijos y a sus padres y amigos, morir a miles de millas de sus hogares, por problemas que no son propios. Pero la gente puede querer muchas cosas y los políticos otras.

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¿Cuál es la solución para los yanquis? Pues ganar guerras sin tener bajas. ¿Y eso es posible? EE.UU. está demostrando que sí, que desde el “cuarto de guerra” con el presidente, dos o tres generales tomando un café, y sobre todo, con maestros en la tecnología digital, se puede lanzar un misil y darle en la nuca a 10 mil kilómetros de distancia, a su peor enemigo. Los gringos han encontrado la fórmula para ganar conflictos sin que aterricen aviones de vuelta con bolsas negras trayendo sus muertos.

Hasta ahí está todo bien. Pero ¿cómo se domina un territorio enemigo desde el cielo? ¿Tirando misiles todos los días? ¿Cuánto dinero cuesta eso? Ni siquiera Gaza se pudo dominar a punta de cohetazos y debieron entrar las tropas de Israel para tratar de liquidar el pleito cara a cara. Los alemanes fueron dueños de toda Europa, pero no por los Stukas que causaban pavor, sino por la ocupación de Polonia, Francia, la URSS y demás naciones, con sus “panzer” y sus soldados. Les costó muertos a millares. Existe algo en este escabroso tema de la guerra y es que, si el territorio no es ocupado, no es tierra conquistada. Hay que asentar la bota sobre la tierra caliente para saber que ha sido tomada.

Hindenburg y Foch, durante la guerra del 14; Manstein, Zukov, y Patton, durante la guerra del 39; fueron algunos ejemplos de los más destacados generales, entre otros muchos, en ese primer medio siglo anterior. Hoy, desde el “cuarto de guerra” en la Casa Blanca o en el Pentágono, no pueden aparecer jefes heroicos y estrategas de talla, como los citados precedentemente. Los héroes son los maestros que manejan sin la menor falla las computadoras y que pueden ver desde el otro lado del mundo qué está desayunando el comandante enemigo y apretando una tecla hacerlo volar junto con su “pan pita” sin que quede ni un rastro de él. ¿Quién será el siguiente? Porque hoy, con la altísima tecnología en uso, no existe agujero sobre la Tierra donde un enemigo pueda estar seguro.