Credibilidad gubernamental y nuevo equilibrio de poder


 

Con el transcurrir de las semanas, es notorio que la estabilidad política del gobierno se erosiona debido al accionar equivocado de algunos ministros y, por lógica consecuencia, el descontento de los ciudadanos; las explicaciones de los portavoces oficiales, pletóricas de enredos y contradicciones, más que aclarar complican: no se demuestra con hechos, ni los hechos coinciden con cuanto dicen. Y ya en el extremo, se ve que es necesario, también, saber mentir.



Otro recurso que usan los aludidos, es guardar silencio ante evidencias que involucran, (¿estrategias de distracción?) quieren jugar al más listo, y luego decir, por ejemplo: “se aplicará la ley caiga quien caiga”, afirmación desprestigiada que nadie cree.

El Presidente Rodrigo, se esfuerza con discursos persuasivos y pide confiar en la patria; al parecer, el tiempo no le alcanza para vigilar el desempeño de sus colaboradores; la meritocracia no es suficiente, en ocasiones es imprescindible ingenio creativo para resolver lo imprevisto, sobre todo cuando la complejidad de los problemas afecta transversalmente cada fundamento de la vida ciudadana, es el caso de la economía familiar que sigue en declive. El gobierno debe tomar conciencia y proponerse no llegar a la cuerda floja.

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Gobernar, no es recoger al paso las flores sin las espinas, es aguantar los pinchazos; el gobernante está conminado al éxito, es prohibido equivocarse. Una buena gobernanza apoya a unos, y protege a otros; no se trata de que todos sean iguales. Por eso —en estos tiempos de crisis— es necesario amplificar las voces, y establecer referentes, para analizar las nuevas formas de entender la “igualdad social”

 La coyuntura política instaurada por la actual gobernanza, permite democracia plena, un requisito esencial para ejercer libertad, condición fundamental para elegir entre la “demodiversidad”, las variadas democracias al estilo liberal, nacionalista, fascista, comunitario, socialista… al final, la forma que cada uno prefiere para vivir en un mundo belicosamente ideologizado.

 La crónica periodística honesta, describe la imagen cotidiana, “lo que se ve se anota”: por ahora, una gestión ministerial desvaída, sacudida por ventarrones que no se identifican de dónde vienen (¿sabotaje, negligencia, incapacidad…?).

Por otro lado, la Asamblea legislativa plurinacional (ALP), máxima expresión del poder que representa al pueblo, es inactiva, difusa; no avanza con lo que tiene; y para más, le llegará un paquete de leyes estructurales para aprobación urgente.

A partir del tres de mayo comenzará el ceremonial turbulento del 50-50, el protagonismo determinante a cargo de las autonomías —alcaldías y gobernaciones— desesperadas de obtener dinero para pagar cuentas atrasadas, encarar nuevos proyectos, y resolver el vacío de inversión pública y privada.

Por todo esto, para reconocer apropiadamente la diferencia entre lo que un hecho es, y lo que cada uno pretende que sea, es necesario criterio más que pasión, y entender objetivamente la realidad nacional.

Como dijo el filósofo español José Ortega y Gasset: “La vida nos es dada, pero no nos es dada hecha; tenemos que hacérnosla nosotros, cada cual la suya”.

Mario Malpartida

Periodista