Día en que perdimos el MAS


Álvaro Riveros Tejada

 



Por esas extrañas coincidencias que nos brinda el calendario hoy, 23 de Marzo de 2026, día en que recordamos la pérdida de nuestro Mar, tras una campaña electoral, dirigida a elegir nuevas autoridades subnacionales, en los nueve departamentos de la Nación, celebramos la baja del Movimiento Al Socialismo, una entelequia comunistoide, que gobernó Bolivia por más de dos décadas.

 

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Asimismo, recordamos cuando su jefe máximo, Evo Morales Ayma, explayándose en un ininteligible humor aimara, un 23 de marzo de 2011, al celebrarse el día del Mar, lo rebautizó como el “Día del carajo”, una interjección pronunciada por nuestro insigne héroe del Topater, en momentos de ser cobardemente asesinado por las fuerzas invasoras.

Lo curioso del caso es que dicha imprecación pasó a formar parte de una suerte de expresiones procaces asumidas por mandatarios de la región y pronunciadas a tiempo de asumir sus mandatos, así como cuando  él líder cocalero decidió insertarla en su agenda de actos protocolares, a riesgo de ser malinterpretado por quienes no lo conocen o por los que no dominan su lengua.

Dado que la declaración de Morales fue formulada casualmente, a escasas horas de cumplirse los 132 años de la usurpación de nuestro Litoral y que, en el marco de la famosa agenda de los 13 puntos, estaba en cierne una eventual como sorpresiva determinación chilena sobre este tema, los bolivianos tuvimos que asistir aterrorizados a una nueva frustración de este centenario anhelo que, como sabemos, culminó siete años más tarde, un 1 de octubre de 2018, cuando la Corte  Internacional de Justicia de la Haya falló en contra de la demanda boliviana contra Chile por una salida soberana al mar, fallo cuyo tenor dice:  “Chile no tiene la obligación de negociar con Bolivia una salida soberana al océano Pacífico”.

Haciendo un somero recuento de los pasajes más notables de esta negociación masista que se inició entre charangos, sonrisas y partidos de fútbol, hasta llegar al fallo de La Haya y un anuncio presidencial, de que recuperaríamos la provincia de Tarapacá  según un ultimátum, para que Chile de una respuesta definitiva, son nada favorables los augurios de un buen desenlace de estas charlas.

Lo cierto es, que en este siglo y medio de mediterraneidad obligada han fracasado todas las gestiones tendentes a recuperar lo perdido. Ni civiles ni militares, ni marxistas ni proimperialistas han podido desentrañar una solución a este entuerto, por la simple y llana razón de que los chilenos jamás tuvieron la más mínima intención de devolver lo que nos arrebataron y, por el contrario, todas sus intenciones apuntan a ocupar algo más de lo que dejaron pendiente el 1879. Es el caso del río Lauca, las aguas del Silala, desvergonzada y gratuitamente usufructuadas desde hace más de ochenta años.

En medio de esta triste realidad y después de habernos distraído unos años más de nuestra centenaria espera, con el mayor desparpajo las autoridades chilenas vuelven a la palestra con las consabidas declaraciones: “Chile no tiene  deudas pendientes con Bolivia y no tiene sentido seguir este proceso” De esta manera es que hoy, 23 de marzo de 2026, no solo celebramos la pérdida del mar, al menos celebraremos también el Día en que perdimos al MAS.