En entrevista exclusiva con el Grupo EL DEBER, el presidente de la CAF detalla el plan de financiamiento para Bolivia y su impacto en crecimiento y empleo
Por César del Castillo

Fuente: El Deber
En su visita oficial al país, el presidente ejecutivo de la CAF, Sergio Díaz-Granados, presentó la estrategia 2026-2030 para Bolivia. Anunció un piso de $us 3.100 millones en financiamiento y afirmó que el impacto podría sumar un punto al crecimiento del PIB si el país avanza en reformas y coordinación institucional.
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¿Cuál es el principal objetivo de su visita a Bolivia?
Creo que el principal objetivo es reforzar la alianza y la presencia de CAF en Bolivia. En noviembre anunciamos el compromiso de disponer recursos para el país por 3.100 millones de dólares como piso hasta 2030. Más que la cantidad de dinero es el voto de confianza de un banco como CAF a un socio clave como es Bolivia, además socio fundador. En estos cuatro meses ya hemos apropiado el 30% de esos recursos. Esto es diciendo y haciendo.
¿Qué mensaje envía este compromiso al mercado?
Fue un mensaje muy potente que ayudó automáticamente a mejorar el riesgo país. Es una señal de que Bolivia cuenta con aliados financieros para su proceso de desarrollo. Eso tiene un efecto inmediato en la percepción de riesgo y en la confianza.
¿Qué debe hacer Bolivia para acceder a más recursos, considerando que esos 3.100 millones son un piso?
La posibilidad de más crecimiento radica en que el Estado boliviano, en sentido amplio —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— avance en las reformas que el país requiere. El mundo está viviendo transiciones muy fuertes en materia digital, energética, alimentaria y ecológica. Si Bolivia interpreta bien esa coyuntura y emprende reformas, podrá crecer más, acumular reservas internacionales y nosotros podremos seguir creciendo nuestra exposición. No es una condición del banco; es que el propio país va a determinar si puede hacer más o menos.
¿Cuáles son los pilares de la estrategia país presentada en La Paz?
El primer eje es integración. Necesitamos una Bolivia más conectada con el mundo, que salga a los puertos, que desarrolle su infraestructura aeroportuaria y ferroviaria, y que integre mejor su mercado interno. El segundo eje es social: educación y salud. Hemos firmado el primer contrato para educación por cerca de 50 millones de dólares. El tercero es el fortalecimiento del sector privado: queremos que al menos 20% de los recursos se utilicen para ese sector. Y el cuarto es sostenibilidad, especialmente en energía y agua.
En energía, ¿qué proyectos concretos se firmaron?
Firmamos el contrato de la planta solar de Chichas, en Potosí. Será la planta solar más grande de Bolivia hasta el momento, 120 megas, que beneficiará a 318 mil personas. También firmamos la planta de tratamiento de aguas residuales en Cabeza de Toro, para el río Guadalquivir. Eso significa mejor agua para Tarija y la posibilidad de ampliar el desarrollo productivo del valle.
Usted ha señalado que el turismo puede ser un motor económico para Bolivia. ¿Por qué?
Bolivia es un destino de clase mundial. Uyuni es el corazón blanco de Bolivia, pero es el corazón de América Latina. El turismo es un gran generador de divisas y de empleo para mujeres y jóvenes. En Colombia, los ingresos por turismo pasaron de 350 millones de dólares en 2000 a 7.500 millones el año pasado. Es más que el carbón y el petróleo. Bolivia tiene todo para ser la gran estrella en los próximos años, pero requiere mejor infraestructura, mayor conectividad aérea y más infraestructura hotelera.
¿El turismo puede ayudar a la estabilidad macroeconómica?
Claro. Más divisas por turismo ayudan a estabilizar la macroeconomía. Si logramos metas en ingreso de divisas, eso fortalece la economía y reduce presiones externas.
¿Cómo accederá el sector privado a estos recursos?
Hay muchas maneras. Pueden acceder por vía de crédito con el sector privado directamente. También trabajamos directamente con empresas, dependiendo del tamaño y la naturaleza de los proyectos. Tenemos un sinfín de instrumentos financieros para acompañar al sector privado.
¿Y los gobiernos subnacionales?
También. En los últimos cuatro años hemos pasado de poco más de mil millones a más de cuatro mil millones en financiamiento a gobiernos subnacionales en América Latina. Podemos trabajar con créditos directos, bonos o garantías. Nuestra intención en los próximos cinco años es colocar como mínimo cinco mil millones de dólares a gobiernos subnacionales en la región.
En educación, ¿cuál será el enfoque del financiamiento aprobado?
La apuesta es mejorar la calidad de los profesores y profesoras, que son el actor central del proceso educativo. Además, estamos trabajando en cooperación no reembolsable para medir la calidad educativa con estándares internacionales. América Latina ha ampliado cobertura, pero la calidad es el desafío.
Bolivia es un país joven; ese es su gran activo. Por eso lanzamos el programa Banco Futuro, con tasas históricamente bajas para gobiernos que apuesten por la educación.
América Latina proyecta bajo crecimiento. ¿Cómo revertir esa tendencia?
Venimos de casi 15 años de bajo crecimiento. Tenemos un problema estructural que genera más informalidad y pobreza. La respuesta es concentrarnos en los motores de crecimiento: turismo, minería, energía, agro. Bolivia tiene solar, eólico, minerales, metales. No hay razón para que no sea tan minero como Perú o tan agrícola como Brasil. Hay que desarrollar el potencial pleno.
¿Es realista pensar en América Latina como un bloque con peso global?
Yo soy optimista. Este banco comenzó en el espacio andino y hoy tiene 25 países. Hemos logrado cubrir toda la región. La tecnología y la aviación han ayudado a reducir el fraccionamiento histórico. Tenemos que concentrarnos en la integración comercial.
En cinco años, ¿cómo evaluará el éxito de esta estrategia en Bolivia?
Podemos adicionarle un punto de crecimiento al PIB por la sola acción de CAF en Bolivia. Podemos generar fácilmente entre 100 y 150 mil empleos en los próximos cinco años. Crecimiento es menos pobreza, menos desigualdad, más mujeres trabajando, más jóvenes trabajando. Ese es mi sueño.
¿Qué impresión dejó Bolivia en el Foro de Panamá?
Que es el siguiente destino más importante de inversión para América Latina y el Caribe. Hay muchos empresarios interesados. Hay que crear las condiciones para que esa inversión llegue. Esa inversión es crecimiento y reducción de pobreza.
Presidente, usted habla de reformas y de un “talante reformador”. ¿Cuáles serían las áreas más urgentes que Bolivia debería priorizar para mejorar su crecimiento?
Yo creo que el país tiene que mirar sector por sector y preguntarse dónde están los cuellos de botella. No se trata de imponer recetas, sino de identificar qué reformas permiten aprovechar mejor las oportunidades globales. El mundo está demandando energía limpia, minerales estratégicos, alimentos saludables y turismo sostenible. Bolivia tiene todo eso. Entonces la pregunta es cómo organizar el marco institucional, regulatorio y productivo para que esas ventajas se conviertan en crecimiento efectivo y sostenido.
¿Ese proceso de reformas impacta directamente en la percepción de riesgo del país?
Sin duda. Los mercados miran estabilidad, previsibilidad y capacidad de ejecución. Cuando un país demuestra que puede ejecutar proyectos, que puede coordinar entre niveles de gobierno y que tiene una hoja de ruta clara, eso mejora la confianza. Y la confianza reduce el costo del financiamiento. Por eso decimos que más que el monto de recursos, lo importante es la señal que se envía.
¿Qué rol juega el sector privado en ese proceso?
Es central. El sector privado es quien genera empleo y dinamiza la economía. Nosotros podemos acompañar con instrumentos financieros, con estructuración de proyectos y con cooperación técnica, pero la inversión productiva la hace el empresario. Si logramos articular bien Estado, sector privado y banca de desarrollo, se genera un círculo virtuoso de crecimiento.
¿Bolivia está en condiciones de atraer inversión regional en el corto plazo?
Yo veo interés real. Pero la inversión llega cuando hay reglas claras, proyectos bien estructurados y visión de largo plazo. Si esas condiciones se consolidan, Bolivia puede convertirse en uno de los destinos más atractivos de la región.
Ese es el tipo de impacto que queremos ver reflejado en cifras concretas y en la vida cotidiana de las familias bolivianas, porque al final el crecimiento solo tiene sentido si se traduce en oportunidades reales para la gente.
Fuente: El Deber