El presidente Rodrigo Paz ha adoptado el lema “Dios, Familia y Patria”, una consigna que en cierta medida se ha convertido en el sello de su discurso político y en uno de los pilares simbólicos de su gobierno. Esta frase, que tiene antecedentes en distintas tradiciones políticas alrededor del mundo, busca reflejar los valores que, según se afirma, sustentan su liderazgo y su visión de país.
Recientemente, tuvimos la oportunidad de escuchar a la primera dama de la Nación, Bibi Urquidi, en un programa televisivo donde relató aspectos de su vida personal y familiar junto al actual mandatario. En esa conversación fue posible apreciar la sencillez y la humildad de una mujer que transmite convicciones profundas, arraigadas en valores cristianos y familiares. Para muchos ciudadanos, ese testimonio representó un motivo adicional y la confianza para seguir creyendo en la posibilidad de un nuevo ciclo político, económico y social para Bolivia, sustentado precisamente en esos principios que durante los últimos años parecían haberse debilitado en la vida pública.
Sin embargo, conducir el país en el contexto actual no es una tarea sencilla. El nuevo gobierno ha heredado una crisis de carácter multidimensional, económica, institucional y social, que inevitablemente condiciona sus primeros pasos. Como toda obra humana, la gestión gubernamental ha tenido aciertos, pero también errores, generando diversas reacciones dentro de la ciudadanía.
Lo verdaderamente importante, en esta etapa inicial, es la capacidad de reconocer los errores y corregirlos con prontitud. La sociedad boliviana ha depositado en el presidente Paz una gran expectativa de cambio y, por lo mismo, el margen para la frustración es muy reducido.
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En ese sentido, la conformación de un equipo ministerial y de asesores altamente calificados, pero también coherentes con los valores que se proclaman, resulta fundamental. Gobernar no es un ejercicio individual; es el resultado del trabajo de un equipo sólido, competente y comprometido con el país.
Transcurridos los primeros cien días de gestión, resulta natural que el presidente evalúe su administración y realice los ajustes necesarios para consolidar el equipo que lo acompañará durante los próximos años. La ciudadanía entiende que los inicios siempre implican aprendizaje, pero también espera señales claras de eficiencia, coherencia y liderazgo.
Hoy el presidente Paz ya no está en tiempo de campaña política. Es tiempo de gobernar con responsabilidad, eficiencia y visión de futuro. Mantener la credibilidad presidencial y fortalecer la confianza pública será clave para atravesar con éxito este periodo complejo.
Al final, más allá de diferencias políticas o ideológicas, a todos los bolivianos nos interesa profundamente que al gobierno nacional y, por tanto, al país le vaya bien. Cada ciudadano, desde el lugar que ocupa en la sociedad, tiene también la responsabilidad y el compromiso de contribuir a ese propósito común.
En un pueblo de fe como el nuestro, el desafío es que esas palabras que inspiran el lema presidencial no se queden solamente en un discurso, sino que se traduzcan en hechos concretos: por Dios, la Familia y la Patria.
Fernando Crespo Lijeron
