Álvaro Riveros Tejada
Tuvieron que transcurrir ciento nueve años, desde aquel 25 de octubre de 1917, cuando los bolcheviques, liderados por Vladimir Lenin, tomaran el poder en Rusia y establecieran el primer estado comunista del mundo, para que la humanidad se convenza, años más tarde, del enorme disparate que dicha doctrina significó, al ser implementada como sistema político y económico; basado en las ideas de Karl Marx y Friedrich Engels, abogando por la abolición de la propiedad privada y la creación de una sociedad sin clases.
Si bien es cierto que el comunismo ha evolucionado y se ha implementado de diferentes maneras, en distintos países y épocas históricas del orbe, no es menos cierto, que no existe registro alguno, de una nación, donde haya tenido éxito.
Pretendiendo facilitar una narrativa sobre un posible éxito en su aplicación, se nos condujo hasta la “Comuna de París”- en un ridículo intento de compararla con un modelo comunista en Francia, por la división entre izquierdistas y derechistas, que fue lo único que rescataron hasta nuestros días. O, la “República Soviética de Hungría (1919)” donde también hubo un breve intento fallido de establecer un estado comunista.
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Para mal de nuestros pesares, tuvo que ser Cuba, “La perla del Caribe” donde esta pandemia prendió hace 66 años, en las armas de sus barbudos guerrilleros que bajaron de la montaña asesinando, fusilando y encarcelando incluso, a gente que siguió sus pasos de manera ignorante, porque ese mamarracho siempre fue violento. Prometiendo aumentar la producción de caña de azúcar, emprendió una batalla perdida en la infame “Zafra de los Diez Millones de Toneladas”. privando a la Isla de ese su principal recurso de exportación. Cerró casinos, salas de juego. Prohibió clubes y cabarets. Confiscó empresas y fábricas, desterró a millones de compatriotas, despojándolos de sus propiedades.
Por su parte, el ateísmo en Cuba tiene una historia compleja y fascinante. Después de la Revolución de 1959, Cuba se convirtió en un estado oficialmente ateo, lo que llevó a la persecución de la Iglesia Católica y otras religiones. Durante 33 años, el gobierno comunista impuso el ateísmo como ideología oficial, restringiendo la práctica religiosa y discriminando a los creyentes. Prohibió las Navidades y el adorar a Dios. Prohibió la religión de origen africano. La asistencia a la iglesia se redujo drásticamente, con solo un 2% de la población asistiendo a servicios religiosos. Muchos cubanos se declararon ateos o agnósticos para evitar la persecución. La religión se convirtió en una práctica clandestina, con muchos creyentes practicando su fe en secreto.
A la luz de lo expuesto, se explica irrefutablemente la situación actual por la que atraviesan los hermanos cubanos, padeciendo esa terrible ordalía, sin energía eléctrica, sin agua y sin productos básicos de la canasta familiar, no por un embargo norteamericano, como afirma la tiranía comunista, sino por el afán, más que criminal de esa satrapía, de mantenerse en el poder aún a costa de asesinar a todo su pueblo. De ahí que se justifica cualquier iniciativa que conduzca a la libertad de ese noble pueblo y del retorno de Dios a Cuba.
