La muerte de militares, niños y familias completas quedó opacada por la violencia con la que actuaron hasta 20 mil personas, que durante 24 horas arremetieron contra policías y militares y apedrearon ambulancias para apoderarse de los fajos de billetes
Por Carlos Quisbert

Fuente: El Deber
A las 18:15 del viernes, aproximadamente, cuando ya amainaba una fuerte granizada, Martha y sus compañeros de colegio, refugiados en una tienda, vieron a lo lejos dos relámpagos. Apenas unos instantes después escucharon dos estruendos. No les pareció una escena extraña e incluso bromearon entre ellos, hasta que resonó lo que les pareció una tercera descarga eléctrica. Sin embargo, esta tenía un sonido distinto y duró mucho más tiempo.
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Dos horas después, la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) confirmaría que los escombros pertenecían al avión Hércules C-130, con matrícula FAB-81, de la empresa Transportes Aéreos Bolivianos (TAB), que arribaba desde Santa Cruz.
Los estudiantes, vecinos y transeúntes alcanzaron a ver al avión partido en dos, con la cola, las alas y la cabina destrozadas, para enseguida lanzar las primeras especulaciones: “Le ha caído un rayo, le ha caído rayo”, repetían unos. Otros aseguraron que “le ha fallado sus frenos al aterrizar” y no faltó quien los contradijo y afirmó que el avión militar “estaba despegando y se ha salido de la pista por el granizo”.
A las 20:53, en conferencia de prensa, el ministro de Defensa, Marcelo Salinas, acompañado del comandante de la FAB, Sergio Lora, no desmintió ni corroboró ninguna versión sobre las causas del accidente y la falta de información ayudó a que las especulaciones se incrementaran.
Lo único que quedó en claro era que a esa hora la zona del siniestro estaba convertida en una “zona de enfrentamientos” ante la presencia de centenares de grupos delincuenciales que, amparados en la oscuridad y mezclados entre vecinos y comerciantes del lugar, se volcaron hacia el avión no para ayudar al rescate de los heridos, sino para robar la carga: cerca de 18 toneladas de billetes de cortes de 10, 20 y 50 bolivianos de la “Serie B”, como lo corroboró el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza.
El avión se estrelló en la zona de la urbanización Barrio Municipal Illimani, en un área aproximada de 1.000 metros cuadrados, en la intersección de las avenidas Bolivia y Costanera, a escasos metros del Río Seco. Hasta el cierre de edición de esta nota, el Ministerio de Salud reportó que, como resultado del accidente, 22 personas fallecieron y otras 37 estaban heridas, entre ellas un niño de 12 años, a quien se le amputaron dos piernas y permanecía en la unidad de terapia intensiva.
“Hacemos un llamado a la comunidad para que los familiares, la familia extendida inclusive, puedan apersonarse al Hospital del Norte (en la ciudad de El Alto)”, pidió la ministra de Salud, Marcela Flores, debido a que hasta la tarde de ayer el niño no fue identificado.
Actos delictivos
A la 01:05 de ayer sábado, el viceministro de Régimen Interior, Hernán Paredes, confirmó que a las 22:00 del viernes, aproximadamente, 400 efectivos policiales y otros 700 militares trataban de contener a más de 30.000 personas. Hasta esa hora se reportaron 50 aprehendidos, tres ambulancias atacadas con piedras, una patrulla de la Guardia Municipal incendiada y varios uniformados heridos.
“El Alto de pie, nunca de rodillas”, repetían una y otra vez los grupos violentos. A esa hora, según los videos realizados por EL DEBER, a orillas del Río Seco, sobre la avenida Costanera, una turba atacó con una lluvia de piedras otra patrulla, de la cual salieron arrastrándose dos uniformados.
“Quémenlos, quémenlos”, instigaban jóvenes encapuchados, quienes también devolvían los gases lacrimógenos que desde la otra cuadra disparaban algunos policías. Vecinos y algunos transeúntes frenaron por un instante las agresiones y se interpusieron para sacar a rastras a los dos heridos. Unos minutos después, el fuego consumía la patrulla hasta dejarla inservible.
No obstante, antes de quemarlo, los delincuentes se dieron a la tarea de saquear todos los objetos de valor, accesorios y hasta la batería del motorizado. Ese fue uno de los 15 motorizados afectados durante este evento por la muchedumbre que durante 24 horas trató de saquear los restos del avión.
El ataque a las ambulancias fue alentado por violentos que aseguraban que en lugar de transportar heridos, las ambulancias intentaban llegar hasta el lugar del accidente para llevarse la supuesta carga de “oro y dólares” que aún estaba en el avión, según sus propias especulaciones, algo totalmente falso.
Las redes sociales y los breves reportes de periodistas y despachos de medios de comunicación en retrataron con precisión la actividad delincuencial, algo que los protagonistas también trataron de evitar al grito de “prensa vendida”.
En los videos difundidos por Facebook, WhatsApp y en transmisiones en vivo de Tik Tok, se observaba a mujeres, niños, ancianos y a jóvenes llevarse en mochilas, bajo su ropa o hasta en motos y autos, paquetes y paquetes con fajos de billetes que habían quedado expuestos tras estrellarse el Hércules.
Entre la gente eran pocos los que condenaban estos hechos y pedían colaborar con el resguardo de la carga o ayudar a trasladar a los heridos. “Déjenle, su suerte es, que se lleve esa plata”, “este gobierno se estaba robando la plata de todos, mejor es que nosotros nos la llevemos”, “los policías y los militares se la quieren robar, para eso mejor que el pueblo se lleve la plata”, son algunos de los gritos que se escucharon y que, si bien parecen inverosímiles, quedaron grabados en los videos publicados, en los que muchos trataban de justificar el accionar delictivo.
En ese contexto de caos y violencia, el anuncio de una investigación para conocer las causas del accidente y los actos vandálicos fue la noticia más destacada; la misma opacó las verdaderas tragedias.
Las familias
La hermana mayor de la familia Loza Murga, de fe cristiana, estaba muy delicada de salud. Por ello, la tarde del viernes, salieron en su minibús hacia su iglesia en la zona Río Seco, con el objetivo de realizar una ceremonia de oración colectiva para pedir a Dios por la recuperación del ser querido. A las 18:15, los 10 integrantes de la familia estaban de regreso en la movilidad, reconfortados por la ceremonia.
De pronto, un impacto aplastó casi por completo el minibús; solo dos mujeres, las pasajeras que estaban en los asientos traseros, sobrevivieron. El resto, incluida Noe, una niña de 7 años, falleció al instante. Su padre, quien por su trabajo no acompañó a la familia, pidió no dar declaraciones.
Con los ojos rojos por el llanto y un nudo que le entrecortaba la voz, el progenitor explicó a EL DEBER que toda la familia estaba dolida y delegó en Miguel Chávez, su abogado, dar detalles de su caso.
El jurista denunció que hasta las 15:30 de ayer personal de la FAB había enviado un escueto mensaje a la familia, pero que luego ninguna autoridad del Ministerio de Defensa u otra instancia se les acercó. A esa hora, cinco de los ocho cuerpos de la familia Loza Murga fueron entregados por la Morgue Judicial y ya estaban en el velorio, en la zona Miraflores. Uno de los hijos mayores asumió los gastos hasta ese momento.
La tragedia también afectó a la familia de Marcial Pérez. “Por favor, que el Gobierno se toque el pecho, he perdido a mis dos hijos mayores, otro de mis hijos no tiene piernas, ni las manos, pero aún late el corazón de la wawa. Soy de provincia, he viajado toda la noche, he perdido a toda mi familia, desde la mamá hasta mis hijos”, rogó el hombre que debió bajar hasta plaza Murillo para hacer escuchar su reclamo.
Según explicó Marcial, la familia había salido a comer por la zona Río Seco y retornaba a su hogar cuando el avión aplastó el vehículo. El hombre relató que los cuerpos de sus ocho familiares fallecidos quedaron irreconocibles.
Por otro lado, Jaime, vecino de la zona y dueño de una camioneta, relató cómo él y su hermana Marcela sobrevivieron al impacto de una de las llantas del Hércules. Según su testimonio, vieron cómo una de las alas se llevó por delante a otro motorizado y lo dejó destrozado más adelante.
Luego de recuperar el aliento y sacar a su familiar de la camioneta, Jaime y otros vecinos se dieron a la tarea de rescatar los restos de víctimas fatales. “Sacamos el cuerpo de otra persona de debajo de ese carro, totalmente desnudo”. El sobreviviente lamentó la actitud de la gente que solo se acercó a robar el dinero del avión, pero asimismo reconoció y agradeció a los vecinos que los ayudaron e incluso les invitaron agua para que recobraran la conciencia.
Fuente: El Deber