El espejismo de La Haya: crónica del mayor fracaso diplomático y jurídico de Bolivia


 

En este 23 de marzo de 2026, día del mar no podemos dejar de recordar este ingrato hecho que se ha constituido en el mayor fracaso diplomático y jurídico, sobre todo sobre ese anhelo de recuperar la salida de Bolivia hacia el mar.



La historia diplomática de las naciones se mide no solo por sus tratados firmados, sino por la prudencia de sus gobernantes al someter su soberanía y sus anhelos colectivos al arbitrio de tribunales internacionales. El 1 de octubre de 2018, Bolivia no solo recibió una sentencia adversa en la Corte Internacional de Justicia (CIJ); recibió una lección de realismo jurídico que desnudó la fragilidad de una estrategia diseñada más para el consumo interno y la perpetuación política de Morales, que para la obtención de resultados tangibles. A ocho años de aquel fallo, queda claro que la demanda contra Chile fue el mayor fracaso diplomático y jurídico de nuestra historia, un desastre cuya responsabilidad recae directamente en Evo Morales Ayma y su círculo de hierro.

La Génesis de un Error de Diseño: La Tesis de la “Expectativa”

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En 2013, el gobierno de Morales decidió judicializar un diferendo que era eminentemente político. La tesis boliviana era jurídicamente precaria: pretendía que una acumulación de notas diplomáticas y procesos de negociación truncos (como Charaña 1975) habían cristalizado en una “obligación jurídica de negociar un acceso soberano”.

El equipo jurídico, liderado por el agente Eduardo Rodríguez Veltzé y coordinado por Héctor Arce Zaconeta, intentó forzar figuras como el estoppel y la aquiescencia. Cometieron un error metodológico fatal: confundir la cortesía diplomática con una intención vinculante de obligarse. Chile, con una defensa técnica, argumentó que sus aproximaciones fueron siempre condicionales y enmarcadas en el Tratado de 1904. La CIJ, en un fallo demoledor de 12 votos contra 3, confirmó que Chile no tiene obligación alguna de negociar soberanía. La Corte recordó que el derecho internacional no funciona por “expectativas razonables” sin sustento contractual.

El Arbitraje del Artículo XII: La Vía Técnica Desechada por Soberbia

Uno de los puntos más oscuros fue la omisión deliberada del Artículo XII del Tratado de 1904. Mientras la narrativa oficial se obsesionaba con una “obligación de negociar” abstracta, se dejó de lado la herramienta jurídica más potente: el arbitraje obligatorio para cuestiones de interpretación y ejecución.

El Tratado de 1904 es un contrato de servicios transfronterizos. Chile se obligó al “más amplio y libre derecho de tránsito comercial”. Cada vez que el puerto de Arica se privatizó o que el ferrocarril dejó de operar, Bolivia tenía la llave para sentar a Chile ante un árbitro y ganar sentencias con ejecución inmediata.

¿Por qué Morales desechó esta vía? La respuesta es de cálculo político mezquino. Un arbitraje técnico produce mejoras logísticas y baja costos de exportación, pero no ofrece el “show” mediático de una salida soberana. Morales no quería eficiencia portuaria; quería una foto histórica que legitimara su prórroga en el poder. Al apostar por la CIJ, el gobierno boliviano cometió el error de “congelar” sus propios reclamos técnicos para no “debilitar” la demanda principal, dándole a Chile una década de paz operativa en sus puertos mientras nosotros soñábamos con un fallo imposible.

DIREMAR: El Búnker de la Ceguera Estratégica

La Dirección de Reivindicación Marítima (DIREMAR), fue creada por D.S. 0834 de 5 de abril de 2011. bajo la gestión de Ruben Saavedra, luego Juan Lanchipa Ponce y posteriormente Emerson Calderón, se transformó en un órgano de propaganda en lugar de un centro de pensamiento. Su responsabilidad es operativa y directa:

Filtro Inexistente: DIREMAR debió ser el contrapeso técnico que advirtiera al Ejecutivo sobre las debilidades de la tesis de la “acumulación de actos”. En lugar de ello, sustituyeron el rigor por el fervor nacionalista de los “banderazos”.

Monopolio de la Información: Bajo el mando de Juan Lanchipa y Rubén Saavedra, se marginó a cualquier internacionalista que sugiriera que la demanda era un riesgo. Crearon una burbuja donde solo entraban asesores extranjeros que cobraban fortunas en dólares.

Por D.S. 5376 de 16 de abril de 2025 se procedió al cierre de DIREMAR, la disposición califica de confidencial y reservada la información generada por DIREMAR, sin mayor justificación razonable. La sola mención de que por razones de seguridad nacional y por la naturaleza estratégica de las actuaciones del Estado en materia de reivindicación marítima y de defensa de los manantiales del Silala y/o de recursos hídricos internacionales no me parece suficiente y menos razonable, necesitamos saber la verdad completa de esta aventura tan perjudicial para Bolivia. También se dispuso la presentación de los estados financieros y el informe del auditor interno por parte de DIREMAR al Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, cuyo resultado se desconoce.

Desperdicio de Inteligencia: Mientras Chile movilizaba cuadros diplomáticos de carrera, DIREMAR convirtió la causa marítima en un apéndice de la agenda ideológica del ALBA, restando neutralidad al reclamo ante los jueces.

Responsables Directos: El Triunvirato de la Derrota

La responsabilidad histórica tiene nombres y apellidos:

Evo Morales Ayma: El “arquitecto” utilizó el sentimiento más sagrado del pueblo como herramienta de cohesión interna para justificar su cuarta postulación presidencial. Prometió un mar imposible, ignorando que ningún tribunal ordena cesiones territoriales sin consentimiento del Estado afectado.

Eduardo Rodríguez Veltzé: Como agente, su rol debió ser el de un filtro técnico. Su lealtad política terminó por nublar su juicio jurídico al no advertir la debilidad de la tesis principal.

Héctor Arce Zaconeta: Desde la Procuraduría, impulsó un enfoque puramente litigioso y confrontacional que aisló a Bolivia, consumiendo recursos públicos en una estrategia de “todo o nada” que terminó en nada.

Los asesores internacionales Baltazar Garzón, Mónica Feria-Tinta, Antonio Remiro Brotóns, Matias Forteau, Alan Boyle cobraron honorarios astronómicos por defender lo indefendible, vale decir una posición jurídicamente endeble. Ese dinero, extraído de los impuestos de los bolivianos, no compró un milímetro de costa; compró una certificación internacional de la vigencia del Tratado de 1904 que hoy Chile esgrime con más fuerza que nunca. En otras palabras nuestro dinero fue para beneficiar al país vecino.

Consecuencias: Un Candado Jurídico y un Despilfarro Millonario

El daño es estructural. Antes de 2013, la “reivindicación marítima” era un tema pendiente en la agenda global. Tras la sentencia, Chile logró lo que buscó por un siglo: una certificación de la CIJ de que no tiene asuntos pendientes con Bolivia. La Corte reafirmó que el Tratado de 1904 resolvió los límites, otorgando a Chile la llave maestra para cerrar la puerta a cualquier negociación futura bajo el principio de res judicata (cosa juzgada).

El costo superó varios millones de dólares en logística, honorarios y propaganda. Recursos quemados sin avance territorial. Morales priorizó este circo sobre necesidades internas, erosionando la credibilidad estatal. Sobre este punto, es tiempo de saber cuanto costo a los bolivianos esta irresponsable acción. Que no puede ni debe quedar en el olvido.

Lecciones para el Futuro: Nunca más bajo este Estilo

Bolivia debe aprender de este desastre. La “Diplomacia de los Pueblos” resultó ser la diplomacia de la improvisación. Las lecciones son urgentes:

Abandono del maximalismo: La soberanía por imposición judicial es hoy una imposibilidad jurídica. Debemos enfocarnos en corredores logísticos e infraestructura.

Arbitraje Artículo XII: Usar el Tratado de 1904 para litigar incumplimientos específicos de tránsito, donde sí somos fuertes.

Despolitización: La política exterior debe volver a diplomáticos de carrera, no a operadores políticos.

Conclusión: Responsabilidad Histórica

La demanda ante la CIJ fue un acto de soberbia política que terminó en una humillación jurídica. Bajo el mando de Morales, Lanchipa, Arce y Rodríguez Veltzé, Bolivia quemó sus naves en una batalla mal planteada. Al desechar el arbitraje técnico y priorizar el “juicio del siglo”, el equipo de Morales no solo perdió el acceso soberano; le regaló a Chile la impunidad técnica sobre el libre tránsito que el Tratado de 1904 aún nos garantiza.

La historia juzgará a quienes, por ambición personal, llevaron nuestra causa al precipicio. El retorno al mar no vendrá de retórica inflamada, sino de una diplomacia seria, técnica y honesta con su pueblo.