Hasta el momento el gobierno del presidente Rodrigo Paz no ha aclarado si prevé adecuar los precios al mercado real y en qué plazo.
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El barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI), de referencia para América, superó ayer la barrera de los 75 dólares, un valor al que no se llegaba desde junio de 2025 y que supone 18 dólares más desde el día en que el presidente Rodrigo Paz Pereira, mediante el decreto 5503, fijó el precio del litro de gasolina en 6,96 bolivianos y el del diésel en 9,80 bolivianos.
Aquella noche de diciembre, el barril WTI flotaba sobre los 57 dólares influenciado por la política de Donald Trump, que apuesta por un petróleo barato para apuntalar sus políticas de reindustrialización de Estados Unidos, sin embargo, el propio Trump, con la operación en Venezuela el 3 de enero y el posterior ataque a Irán el pasado 27 de febrero, ha provocado las tensiones en los precios, ya que ambos países poseen grandes reservas, aunque sus producciones, por las sanciones, sean moderadas.
El mercado de los hidrocarburos es fundamentalmente sensible a las guerras y su impacto se siente rápidamente en el comercio internacional, sobre todo en los combustibles. Bolivia, que importa más del 80% de diésel y más del 50% de gasolinas, lleva años sufriendo la situación, pues si bien se elevaron los precios fijados hace más de 25 años en el país, todavía se maneja un precio referencial fijado por el Gobierno, sensiblemente más alto, y es el Tesoro General de la Nación (TGN) el que acabará pagando la diferencia entre el precio real del combustible y el que paga el usuario.
A esto se suma que el gobierno de Paz Pereira ha retirado el IVA a la importación de combustibles y ha comprometido una mejora de la calidad con nuevos aditivos luego del escándalo por la calidad del producto, que ha arruinado diferentes motores.
De momento el Gobierno no ha aclarado si prevé adecuar los precios al mercado real y en qué plazo.
