En el Estado del revés


Álvaro Riveros Tejada

 



Como la dinámica de los escándalos no cesa, ni tiene visos de detenerse, con la misma porfía y pertinacia que esta se genera, suman y siguen las aclaraciones y justificaciones a dichos jaleos, de forma que uno encubra al otro. Es así que, apenas el pueblo se sacudía de su “chaky” tras los justificados festejos por la victoria de nuestra selección de futbol contra la de Surinam, en el ámbito de un mar proceloso volvió a aparecer el fantasma del fraude que consistió en la compra al contado y pago por adelantado de 16 barcazas y dos empujadores, a dos empresas coreanas, que no cumplieron con la entrega de las boletas de garantía y subrogaron el contrato a la General Marine Business (GMB), firma que a su vez subcontrató al astillero MSR para la construcción de las naves. Finalmente, esta subcontrató a la empresa china DSSC,  que acaba de ganar el juicio de remate por 14 millones más, lo que sube la estafa contra Bolivia a 45 millones de dólares.

A ese injusto nivel hemos descendido los bolivianos, nada más ni menos que a los 200 años de fundación de nuestra amada República de Bolivia. Hija predilecta de su creador el Libertador Simón Bolívar y con la expectativa de convertirse algún día, en uno de los países más prósperos del continente, por su cultura ancestral y por la enorme cantidad de recursos naturales proporcionados por la Providencia.

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Lamentablemente, el recurso humano no contribuyó con ese digno propósito y una muestra suficiente y palpable es el diabólico entripado por el cual transitaron nuestros gobernantes, después de haber tenido la oportunidad de administrar los recursos y destinos de Bolivia durante más de dos décadas, en medio de un clima de tranquilidad, nunca antes disfrutado por agrupación o tienda política alguna y con una disponibilidad de miles de millones de dólares, raudales de dinero de los que no se tiene memoria en nuestra historia.

Un regurgitado socialismo del siglo XXI fue la base filosófica y doctrinaria que fundamentó a dichos gobiernos y según la opinión de sus  obscenamente corruptos actores, a tiempo de hacer arqueo en las cajas negras de ese desastre, sólo encontramos un cúmulo de actos de degradación y latrocinio, además el descaro de bribones que pretenden volver, pero sin el propósito de devolver.

A este patético cuadro se suma la narrativa masista de una inminente división dentro de sus filas, destinada a concluir, única y eficazmente su principal objetivo, que consiste en lograr el total desquiciamiento y fragmentación de los núcleos civiles de nuestra sociedad, tarea que cumplieron parcialmente y a cabalidad, creando personajes de recambio como Edmundo Lara y su falso desconocimiento de su creador y mentor Evo Morales. O la inexistente disputa, que nunca existió, con el actualmente preso expresidente Arce, fiel y único conocedor de los manejos secretos de las finanzas y de los recursos de Evo Morales.

A la luz de lo expuesto, es fácil suponer que la encomienda del alto cargo de la presidencia del Estado Pluri, Progre y multilingüe a su “cajero”, como el mismo gustaba llamar a su exministro de economía, tuvo el firme compromiso de mantenerlo en la silla, en una situación defendible y estable, sobre todo en el aspecto económico, para él poder retornar limpiamente a cumplir ese su sueño esquizoide y nunca negado, de ser el Presidente del bicentenario de Bolivia, título que lo alucinaba, lo trastornaba y le recreaba los momentos de lujuriosa gloria disfrutada durante sus reiterados pasos por ese solio presidencial, Estamos en el Estado del revés, donde el ratón se come al gato y el narco encarcela al juez.