Entre la crisis social humana y el sobrepeso operacional de carga crítica transportada


 

El siniestro fatal del avión militar de la Fuerza Aérea Boliviana que transportaba valores con límite estructural de carga (19,2 toneladas) y en la peor altitud posible destinados al Banco Central de Bolivia (BCB), procedente de Santa Cruz de la Sierra el pasado 27 de febrero, no solo ha consternado y enlutado a las familias que perdieron a sus seres queridos, sino también externalizó el rostro de la vergüenza y la estrechez humana de aquel gentío obcecado por la codicia y ambición de apropiarse indebidamente de lo ajeno, sustrayendo billetes entre restos y escombros diseminados alrededor del accidente.



La aeronave salió de la pista de aterrizaje impactando contra una transitada vía colindante a la parte oeste del aeropuerto internacional de El Alto, arrollando vehículos y personas a su paso, dejando un saldo lamentable de 24 fallecidos y más de 35 heridos. Luego del incidente, el piloto del avión Hércules C-130, declaró ante la comisión de fiscales de la modificación de la ruta de aterrizaje inicial trazada hacia la pista 2.8; un sector con menor afluencia de personas, vehículos y edificaciones a raíz de la fuerte tormenta, lluvia, granizada persistente y, una vez en tierra, los frenos no respondieron resbalando en la pista.

En circunstancias de extrema tragedia y consternación como lo acaecido, se abriga la esperanza de recurrir al sentimiento más profundo de la nobleza humana cual es la solidaridad, socorro y el desprendimiento por resguardar y priorizar la vida antes que cualquier bien material preciado. Por desgracia, ello estuvo ausente en aquellos transeúntes inescrupulosos e impresentables que invadieron las vallas de restricción para sustraer billetes del avión siniestrado, avanzando en medio de vehículos aplastados, personas fallecidas y heridos de gravedad con el único propósito de acopiar billetes -por cierto, sin valor alguno- desparramados. Como no sentir vergüenza ajena e indignación ante esta degradación humana, falta de empatía, solidaridad y respeto ante el dolor y sufrimiento del prójimo; la insensibilidad vista en plenitud por la avidez desmedida antes que mostrar un acto de nobleza, fraternidad  y compasión; de extender la mano más no para salvar vidas, sino para sustraer y apropiarse de lo ajeno avanzando sin importar los gritos de dolor y sufrimiento ante la impronta ocasión del atardecer lúgubre de esa fatídica jornada en la urbe alteña.

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Este comportamiento es el reflejo del espejo social que evidencia una dolorosa crisis y un cuestionamiento moral, ético-social que corroe la sensibilidad de respuesta ciudadana ante la tragedia, el valor endeble de la vida que puede ser cambiada por la angurria. Reconforta, no obstante, aquellos actos de grandeza humana en medio de la tragedia de ciudadanos que se dedicaron a socorrer y prestar auxilio a los damnificados. Ellos si comprendieron que el alma se engrandece cuando se sabe amar al prójimo.

Más allá de elucubraciones insalubres respecto al origen y destino del cargamento; el cual simplemente se trató del octavo envío de un total de nueve programados en el marco de un contrato de 27 de enero de 2025 suscrito entre el gobierno y la empresa Green Currency Malta Limited para la provisión de 967 millones de piezas en cortes diferentes con fines de reposición de billetes deteriorados para el Banco Central de Bolivia.

Si bien queda mucho por investigar, no puede pasarse por alto el excesivo cargamento transportado que, de acuerdo a porcentaje bruto manifestado en aduana asciende a 19,2 toneladas métricas, aproximadamente (21,79% del total arribado a Viru Viru en el Boeing 747-409F), el cual rebasa notablemente el “límite máximo estructural” permitido para un avión Hércules C-130H a nivel del mar; más aún si tomamos en cuenta la altitud del aeropuerto El Alto, que reduce drásticamente los márgenes de seguridad aerodinámicos (sustentación y capacidad de frenado); situación que permite deducir que la causa técnica principal del siniestro, bien pudo ser el sobrepeso operacional de carga crítica transportada de un total de seis tramos continuos programados (tres viajes de ida y vuelta) el mismo día. Esto sugiere no sólo revisar los protocolos de seguridad técnica y logística aérea autorizada, sino que abre la posibilidad de investigar a la empresa contratada por el Estado boliviano que, en su afán de cumplir plazos fatales de entrega de billetes haya ejercido presión logística pasando por alto estándares de control y protocolos de seguridad en el manejo de cargamento aéreo.

Marcelo Chinche Calizaya Ph.D