Existen daños críticos en un caldero y en los catalizadores, lo que podría extender la detención por al menos 30 días y limitar la futura producción. Especialistas estiman que, aun con reparaciones, la producción no superaría el 70% de su capacidad.
Por Ernesto Estremadoiro Flores
Fuente: eldeber.com.bo
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La Planta de Amoniaco y Urea permanece completamente paralizada desde el 11 de febrero y hasta este domingo acumula 18 días sin producción. De acuerdo con reportes de técnicos consultados por EL DEBER, con trayectoria en operación y mantenimiento de complejos petroquímicos, la detención puede prolongarse por 30 días debido a fallas que no solo afectan al área de servicios industriales, sino también a equipos críticos en el proceso de producción del fertilizante.
Según la información recabada, actualmente solo una caldera estaría operativa, mientras que la otra fue intervenida para corregir deficiencias. Sin embargo, el problema central estaría en el caldero identificado como 101C y en los catalizadores de los convertidores de alta y baja temperatura, componentes esenciales para la producción de amoniaco, insumo clave para la obtención de urea granulada.
El proyecto fue inaugurado en 2017 y fue catalogado como el proyecto estrella del Gobierno del expresidente Evo Morales. Con su construcción, el país se sumaba a la producción petroquímica. En esta obra el Estado invirtió $us 953 millones.
No obstante, este objetivo no se cumplió. Desde su inauguración, el funcionamiento del complejo ha estado bajo la lupa debido a múltiples paralizaciones.
Caldero con deterioro
Un especialista que conoce el interior del complejo explicó que el caldero 101C recibe gases a temperaturas cercanas a 950 grados centígrados y los descarga alrededor de 560 grados, absorbiendo el diferencial térmico a través de 380 tubos internos.
Indicó que al menos 14 tubos estarían fuera de servicio. Esta reducción en la superficie efectiva de intercambio térmico implica que parte del calor no absorbido se traslade al sobrecalentador, elevando el riesgo de nuevas fallas.
“Si el equipo recibe 950 grados y faltan tubos para absorber ese calor, el excedente termina castigando al sobrecalentador. Eso puede generar otro daño en cadena”, explicó.
Añadió que existen antecedentes de corrosión interna en el sistema, lo que obligaría a considerar un reentubado completo para garantizar condiciones seguras y estables de operación. A su juicio, una reparación parcial permitiría reactivar la planta, pero no resolvería el problema estructural, que data de varios años atrás.
De acuerdo con la explicación técnica, durante una parada abrupta —con corte de gas y aire— el sistema habría quedado únicamente con vapor en circulación. En esas condiciones, la caída de presión interna facilitó el ingreso de agua hacia el convertidor, enfriando bruscamente el catalizador.
El convertidor de alta temperatura utiliza un catalizador compuesto por óxidos de hierro con promotores de cromo, material altamente sensible a la humedad y a descensos súbitos de temperatura.
“Cuando el catalizador se enfría por ingreso de agua, pierde actividad. Es un fenómeno conocido en la industria”, señaló el especialista, quien afirmó haber enfrentado un evento similar en otra planta que obligó al reemplazo total del material catalítico.
Impacto en el proceso químico
En condiciones normales, el gas proveniente del reformador secundario contiene alrededor del 13% de monóxido de carbono (CO). El convertidor de alta lo reduce a cerca del 3%, transformándolo en dióxido de carbono (CO₂) mediante reacción con vapor. Posteriormente, el convertidor de baja temperatura —que utiliza catalizador de cobre— disminuye ese valor hasta entre 0,15% y 0,17%, niveles adecuados para la síntesis de amoniaco.
La fuente indicó que antes de la paralización ya se registraban salidas de CO cercanas al 0,33%, lo que evidenciaba desgaste previo. Tras el presunto evento de enfriamiento, estima que el nivel podría elevarse hasta 0,70% u 0,80%, porcentaje incompatible con una operación eficiente.
“El catalizador de baja es muy delicado. Si baja de cierto umbral térmico se desactiva. Además, requiere condiciones muy precisas para funcionar. No es solo cambiarlo; hay que hacer una reducción y activación controlada”, dijo.
Producción limitada
La Planta de Amoniaco y Urea tiene una capacidad nominal superior a 700 toneladas métricas diarias de amoniaco y más de 1.000 toneladas de urea. No obstante, el especialista considera que, aun si logra reiniciar operaciones, no superará el 70% de su capacidad.
El reemplazo de los catalizadores del convertidor de alta y baja temperatura podría oscilar entre $us 300.000 y $us 400.000, sin incluir la contratación de asesoría técnica especializada para la correcta puesta en marcha. “El catalizador de cobre es más costoso y extremadamente sensible. Si no se hace bien la reducción, se daña nuevamente”, advirtió.
A su juicio, cuando se formalice el requerimiento presupuestario para la compra de nuevos catalizadores, deberá detallarse el origen del daño y las acciones de contingencia adoptadas durante la parada.
El exministro de Hidrocarburos Álvaro Ríos explicó que el daño se concentra en el sistema de enfriamiento del caldero, cuyos tubos permiten la circulación de agua para absorber el calor del proceso. “Son tubos de agua. Tienen que enfriar. Y el agua que circula los está dañando”, sostuvo.
Ríos indicó que no se trata de un evento aislado, sino de un problema que se ha repetido en los últimos dos o tres años. Según su versión, el caldero ya fue intervenido en al menos cinco o seis ocasiones para reparar tubos dañados.
“Cada vez se han fundido tubos. Ahora son 13. Pero si esto continúa, ese caldero algún rato no va a servir”, advirtió.
El equipo en cuestión es clave para la operación de la planta, ya que genera el vapor necesario para distintos procesos térmicos y de transformación química. Sin vapor suficiente y estable, la planta no puede operar.
Consultado sobre si el daño responde a una falla de fabricación o a errores de operación, Ríos señaló que el origen estaría en la calidad del agua utilizada en el sistema.
“Es un tema de la calidad del agua que hay en la zona, que no ha sido tratada adecuadamente. El agua que circula por los tubos ha ido dañando el caldero”, afirmó.
En ese contexto, el deterioro sería acumulativo y, a su juicio, el equipo estaría acercándose a un punto crítico de inutilización..
“Cada vez se han fundido tubos. Ahora son 13. Pero si esto continúa, ese caldero algún rato no va a servir”, advirtió.
El equipo en cuestión es clave para la operación de la planta, ya que genera el vapor necesario para distintos procesos térmicos y de transformación química. Sin vapor suficiente y estable, la planta no puede operar.
Consultado sobre si el daño responde a una falla de fabricación o a errores de operación, Ríos señaló que el origen estaría en la calidad del agua utilizada en el sistema.
“Es un tema de la calidad de agua que hay en la zona, que no ha sido tratada adecuadamente. El agua que circula por los tubos ha ido dañando el caldero”, afirmó.
En ese contexto, el deterioro sería acumulativo y, a su juicio, el equipo estaría acercándose a un punto crítico de inutilización.
Reparaciones temporales
Ríos anticipó que la estatal intentará nuevamente aislar o reparar los tubos afectados para retomar operaciones, pero advirtió que se trataría de soluciones parciales. “Seguramente van a tratar de separar los tubos dañados y seguir operando. Pero, en realidad, esa planta, como la están operando, va a quedar hecha chatarra”, sostuvo.
El exministro cuestionó la forma en que se está administrando la planta y dijo que se requiere personal especializado para garantizar una operación eficiente.
La Planta de Amoniaco y Urea es considerada estratégica para la industrialización del gas natural y la producción de fertilizantes destinados tanto al mercado interno como a la exportación.
EL DEBER solicitó una contraparte oficial a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) para conocer su versión sobre la paralización de la planta, el estado del caldero y el alcance de las reparaciones en curso; sin embargo, hasta el cierre de edición no se recibió respuesta a las consultas enviadas por este medio.
En días anteriores, la estatal había denunciado públicamente la existencia de presuntos sabotajes internos atribuidos a funcionarios del antiguo régimen y señaló que los procesos administrativos y laborales vigentes dificultan la desvinculación inmediata de ese personal mientras se desarrollan las investigaciones correspondientes.
Con un complejo que demanda inversiones millonarias, decisiones técnicas de alto nivel y una operación rigurosa, la incógnita ahora no es solo cuándo volverá a producir, sino si podrá hacerlo de manera sostenida y segura sin encarar una solución estructural a los problemas que arrastra desde hace años.

