Fuente: Erbol
Iván Ramos – Periodismo que Cuenta
Bolivia acumula más de dos décadas sin descubrir un megacampo de gas natural, pese a millonarias inversiones en exploración. Según datos del sector y el análisis del especialista Fernando Rodríguez, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) destinó más de 1.000 millones de dólares solo en perforación exploratoria, sin resultados exitosos de gran escala.
Al menos 12 pozos considerados estratégicos terminaron sin hallazgos comerciales relevantes. Entre ellos figuran Lliquimuni, Tacuaral y Mayaya en La Paz; Tomachi en Pando; San Miguel en Cochabamba; Sararenda en Santa Cruz; y Ñancahuasú, Utacaray, Vuelta Grande, Sipotindy, Yapukayti e Iñau en Chuquisaca. En Tarija, los proyectos Jaguar, Boyuy y Astillero también registraron resultados negativos. Cada perforación representó inversiones cercanas a los 80 millones de dólares.
A estos montos se suman alrededor de 500 millones de dólares en pozos menores, además de recursos nacionales destinados a facilidades de producción y plantas. En contraste, antes de 2004, empresas transnacionales lograron descubrimientos clave como Aquío, Incahuasi, Margarita, Sábalo, San Alberto e Itaú, con inversiones superiores, pero con resultados positivos en reservas.
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Desde el sector advierten que la falta de nuevos hallazgos compromete el abastecimiento futuro. Autoridades regionales de YPFB en Chuquisaca alertan que encontrar nuevas reservas es urgente al menos para garantizar el consumo interno, ante un escenario incierto hacia 2030.
En esa línea, el director de YPFB Iván Reynaga y el asambleísta Ricardo Zárate coinciden en la necesidad de modificar la Ley de Hidrocarburos para atraer inversión extranjera y tecnología. Señalan que el modelo actual limita la exploración en un sector clave del que dependen los ingresos fiscales y la matriz energética del país.
El contexto se agrava con la caída sostenida de reservas. De acuerdo con los estados financieros 2024 de YPFB, certificados por la consultora DeGolyer and MacNaughton, Bolivia dispone actualmente de 4 trillones de pies cúbicos (TCF) de gas natural.
La cifra representa una reducción del 57% respecto a 2013, cuando las reservas alcanzaban 10,45 TCF. La pérdida neta de 5,96 TCF refleja un modelo centrado en la exportación sin reposición suficiente de reservas, lo que pone en riesgo la autosuficiencia energética.
El consumo interno también presiona la demanda. Más de 5,4 millones de usuarios cuentan con redes de gas domiciliario, cerca de 250 mil vehículos operan con GNV y más del 90% de la industria depende de este recurso. El consumo pasó de 4 millones de metros cúbicos diarios en 2006 a 13 millones en 2024.
Con este panorama, Bolivia entra en la recta final de su ciclo gasífero. Las proyecciones advierten que, de no revertirse la tendencia exploratoria, el país podría verse obligado a importar gas antes de 2028.
