Tramitar un crédito —un proceso que tradicionalmente podía tardar semanas, meses o incluso años— podría convertirse pronto en una anécdota del pasado. Muchos recordarán una conocida publicidad en la que los prestatarios repetían, con frustración, una frase dirigida a su oficial de crédito: “¿Falta? ¿Qué falta?”.
La escena reflejaba una realidad muy común: el solicitante debía presentarse con un sinfín de papeles, fotocopias, certificados y recibos, con la esperanza de acceder a un crédito de vivienda, una tarjeta de crédito o financiamiento para su negocio. Hoy, sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) abre la posibilidad de transformar radicalmente este proceso. Su aplicación promete no solo reducir los tiempos de tramitación, sino también mejorar la medición del riesgo y optimizar la estructuración del financiamiento para hogares y empresas.
El futuro, en realidad, ya está aquí. Los modelos de scoring y rating crediticio potenciados por inteligencia artificial y machine learning comienzan a aplicarse con creciente intensidad en los principales bancos del mundo. Esta revolución tecnológica tiene un impacto transversal en todas las líneas de negocio de la banca: desde la otorgación de créditos, apertura de cuentas, gestión de inversiones, hasta la atención al cliente.
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En este nuevo contexto, muchos manuales de procesos y procedimientos comienzan a transformarse en algoritmos y en prompts cuidadosamente diseñados. El objetivo sigue siendo el mismo: maximizar el retorno, reducir costos operativos y gestionar adecuadamente los riesgos. Recientemente, la Superintendencia Financiera de Colombia publicó los resultados de un estudio que revela que el 81% de las entidades encuestadas utilizan inteligencia artificial en diferentes etapas de la gestión crediticia. De los 346 modelos registrados ante dicha autoridad, el 40% corresponde a la fase de originación del crédito, es decir, a la evaluación de la capacidad de pago de los prestatarios, el corazón del análisis crediticio.
Por cuanto, corresponde analizar las principales oportunidades y retos que enfrenta el sistema financiero boliviano ante la disrupción de la inteligencia artificial. Porque, como ocurre con toda innovación tecnológica, su adopción trae consigo enormes beneficios potenciales, pero también nuevos desafíos regulatorios, operativos y éticos.
Entre los beneficios más relevantes se tiene la posibilidad de brindar servicios financieros con mayor calidad y oportunidad. Procesos más ágiles pueden traducirse en una mayor productividad del sistema financiero y, al mismo tiempo, en una ampliación de la cobertura de servicios. En otras palabras, la inteligencia artificial podría contribuir a profundizar la inclusión financiera, facilitando el acceso al crédito para sectores que históricamente han enfrentado mayores barreras para integrarse al sistema financiero formal.
No obstante, el uso de inteligencia artificial en el sector financiero también implica riesgos que deben ser analizados con cautela. En octubre de 2025, el Financial Stability Board (FSB) publicó un informe sobre las vulnerabilidades asociadas a la adopción de IA en el sistema financiero global, identificando varios desafíos relevantes. Entre ellos destacan el aumento de los ciberriesgos, ya que la IA puede ser utilizada por actores maliciosos para sofisticar ataques de hackeo de bases de datos potenciando el fraude interno y/o externo, los problemas de gobernanza y poco conocimiento de los modelos aplicados, la famosa “caja negra”, aspecto que dificulta comprender los verdaderos riesgos asumidos; además, el riesgo de cumplimiento regulatorio podría verse amplificado. A ello se suma la creciente dependencia de proveedores tecnológicos externos, particularmente en servicios de computación en la nube y modelos fundacionales, lo que podría concentrar riesgos operativos en pocos actores.
Frente a este panorama, el desafío para el sistema financiero boliviano no consiste simplemente en adoptar o no la inteligencia artificial. La verdadera discusión debe centrarse en cómo integrarla de manera responsable, segura y alineada con los objetivos de estabilidad y solvencia del sistema financiero.
Por: Franz Alejandro Apaza Camacho – Analista Financiero
