Se dice de todo después del accidente aéreo ocurrido en la ciudad de El Alto. Se dice que algunos vecinos, en estado de necesidad, recogieron billetes esparcidos cerca del avión Hércules C-130. Se afirma que en cualquier lugar pudo haber sucedido lo mismo, y para entender esa conducta es esencial situarse en similar ocasión. Lo verídico, son las imágenes de personas que recogían fajos de billetes, y se retiraban apresuradas. Se dice que fueron cinco mil personas, otras estimaciones llegaron hasta quince mil, no se observó muchedumbre de tal tamaño; eso sí, fue una muchedumbre impetuosa, con la misma fuerza revelada en ocasiones pasadas: ¿lo que haces define quién eres?
La censura pública empezó a crecer, más todavía al conocerse que los desenfrenados atacaron a las fuerzas del orden, bloquearon el traslado de heridos; los reportes emitidos desde el lugar de los hechos mostraban los fragmentos del avión destruido, papeles moneda volando; los reporteros reproducían versiones de testigos; informes oficiales concisos: «estamos trabajando».
A pesar del cuadro trágico, el hecho suscitó contienda de puntos de vista. No puede ser un estigma que contamine el prestigio se una comunidad emprendedora, aclaró vehemente la Alcaldesa. El caso escandaloso de las maletas pasó al olvido; el nuevo morbo noticiero fue entrevistar a justicieros y redimidores, en medio del desconcierto general de querer entender «… los billetes de la serie B, no tienen valor… ahora sí, tienen valor… (pero en la práctica ya eran rechazados). Días después, se informó que un solo “transeúnte» se afanó setenta y un mil pesos bolivianos.
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Se atribuye al filósofo Aristóteles la frase: «somos lo que hacemos repetidamente», dicho de otra manera: repetir comportamientos genera costumbre; lo que hacemos habitualmente refleja nuestra verdadera naturaleza: bloquear caminos, hacer huelga por cualquier motivo, especular con los precios, insultar a la autoridad…
El actual gobierno que aplica principios de ideología nueva, comenzó a reformar asuntos de urgencia. Sin embargo, se advierte que, además de asesores en economía, necesita el apoyo de expertos en sociología, antropología y psicología colectiva; expertos en alta tecnología para afrontar ese diverso complejo de la plurinacionalidad, utilizar recursos de vanguardia como la psicografía, que incluye el estudio más inmediato de valores, actividades, pasatiempos, creencias políticas, expectativas y rasgos de personalidad.
Al margen del capítulo ingrato de El Alto, el personaje boliviano es único en lo fundamental, diferente en los detalles: solidario, siempre amable, orgulloso y satisfecho de su nacionalidad, no pretende ser excelente ni adinerado; visión sencilla: educar y darles profesión a sus hijos, tener amigos y trabajo digno. Por momentos, se piensa que las cosas serían mejor sino estuvieran los políticos que ensucian la vida de los bolivianos.
También en lo fundamental, el ciudadano boliviano tiene vicios y malas costumbres: paga coima para agilizar sus trámites, librarse de una sanción por avanzar en luz roja, o parquear en lugar prohibido; protesta, se queja, pero practica; aunque no pierde la esperanza de ser mejor mañana.
Mario Malpartida
Periodista
