Más de la mitad del crudo que importa Beijing proviene de países afectados por el conflicto. Irán y Venezuela, sus dos grandes proveedores sancionados, representaban el 17% de sus compras totales
Fuente: infobae.com
Más de la mitad del petróleo que importa China proviene de países que hoy enfrentan disrupciones comerciales derivadas del conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán. Es el dato que resume, mejor que ningún otro, por qué Beijing observa con creciente inquietud la escalada militar en el Golfo Pérsico y el cierre de facto del estrecho de Ormuz. Así lo revela un análisis publicado este lunes por Politico, basado en datos de la firma de investigación de mercados Kpler.
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Según ese análisis, Irán fue el segundo proveedor de petróleo de China el año pasado, solo por detrás de Arabia Saudita. En 2025, China recibió 520 millones de barriles de crudo iraní, una cifra que más que triplica lo que importó de Venezuela.
Combinados, Irán y Venezuela representaron el 17% de las compras totales de petróleo de China, que es el mayor importador de crudo del mundo. China era, a su vez, prácticamente el único comprador de ambos países, fuertemente sancionados por Washington.
En apenas dos meses, la administración Trump ha desestabilizado a los dos grandes proveedores que compartían a China como su principal cliente de crudo. Primero fue Venezuela, con la operación contra Nicolás Maduro. Ahora es Irán, tras los ataques lanzados el sábado junto a Israel. El presidente Donald Trump no mencionó el petróleo iraní en su discurso anunciando los ataques, a diferencia de lo que sí hizo cuando anunció la intervención en Venezuela.
Los datos de Kpler ilustran con precisión la vulnerabilidad energética de China. En 2025, Arabia Saudita fue su principal proveedor con 1,5 millones de barriles diarios, seguida de cerca por Irán con 1,4 millones, Rusia e Irak con 1,2 millones cada uno, y Brasil con 893.300 barriles. En total, China importó más de 5 millones de barriles diarios a través del estrecho de Ormuz el año pasado, provenientes de Irán, Arabia Saudita, Irak, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán.
La evolución histórica revela además una tendencia preocupante para Beijing: la participación de Irán en su canasta de importaciones creció del 6,7% en 2013 al 13,5% en 2025, con un pico del 14,4% en 2024, mientras que la dependencia combinada del Golfo —incluyendo los países que transitan por Ormuz— se mantuvo en torno al 50% de las importaciones totales durante la última década. Venezuela, en cambio, representó apenas el 3,8% en 2025, lejos de su peso histórico de mediados de la década pasada.
Ante la magnitud de la exposición energética de China, Beijing no tardó en hacer oír su voz. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Mao Ning, declaró este martes que el país adoptará las medidas necesarias para garantizar su seguridad energética, y llamó a “todas las partes” a asegurar “un suministro de energía estable y fluido”. Al mismo tiempo, reiteró la postura oficial de Beijing frente al conflicto: “China se opone firmemente al uso de la fuerza para violar la soberanía y la seguridad de otros países en las relaciones internacionales”. El Ministerio ya había expresado el sábado estar “muy preocupado” por los ataques contra Irán y había exigido el fin de las hostilidades, en una señal de que la guerra toca directamente los intereses estratégicos de la segunda economía del mundo.
El otro gran factor de riesgo para Beijing es el estrecho de Ormuz, la angosta vía marítima controlada por Teherán. En 2025, China recibió aproximadamente la mitad de su petróleo importado de los seis países del Golfo que dependen del estrecho para sus exportaciones, entre ellos Arabia Saudita, Irak y los Emiratos Árabes Unidos. Aunque Arabia Saudita y los Emiratos cuentan con rutas alternativas terrestres, estas solo pueden absorber una fracción de su volumen habitual de exportaciones, según Kpler. Para Qatar, el estrecho es absolutamente vital, y su producción de gas natural depende en gran parte de un campo marino compartido con Irán.
Vista aérea del estrecho de Ormuz, vía por la que transita el 20% del petróleo mundial. (REUTERS/Stringer/archivo)
Desde el inicio de los ataques, los buques han comenzado a evitar el paso por Ormuz. La Guardia Revolucionaria iraní advirtió el sábado a los barcos que no transitaran por el estrecho, y ya ha atacado tanqueros en el pasado. Las disrupciones también se han extendido a otras rutas: algunos buques están redirigiendo sus trayectos desde el Canal de Suez y el estrecho de Bab el-Mandeb como medida de precaución.
Frente a este panorama, la respuesta más probable de Beijing podría ser profundizar su dependencia del crudo ruso. “Si el conflicto se prolonga durante un par de semanas, la solución más lógica para Beijing será recurrir a más petróleo ruso”, dijo a Politico Andon Pavlov, director de investigación de petróleo y buques tanque de Kpler. De hecho, según esa firma, China ya venía reduciendo sus importaciones de crudo iraní a lo largo de 2026, sustituyéndolas por petróleo ruso, incluso antes de que comenzaran los combates del sábado.
El impacto no se limita a China. India es el segundo mayor importador de petróleo de Irán y sus vecinos del Golfo, mientras que otros países más pequeños de Asia obtienen casi todo su crudo de esa región. La competencia por los barriles disponibles amenaza con elevar los precios en todo el continente.
En los mercados, las consecuencias ya son visibles. El Brent abrió el domingo por la noche a 81,57 dólares por barril, un salto del 12% respecto al cierre de la semana anterior. Este martes continuaba al alza, superando los 82 dólares, en lo que representa la tercera jornada consecutiva de subidas del crudo. El lunes, en su primera reacción a los ataques, el Brent llegó a dispararse más de un 13%.
Una persona observa el humo en la zona petrolera de Fujairah, EAU, tras un dron interceptado. Los Emiratos exportan 666.000 barriles diarios a China a través del estrecho de Ormuz. (REUTERS/Amr Alfiky)
En ese contexto, las principales bolsas europeas registraban este martes caídas superiores al 2%, mientras que en Asia el desplome fue aún más pronunciado: el Kospi surcoreano, un gran importador de energía, se hundió el 7,2%, y el Nikkei de Tokio cedió el 3,1%.
Para intentar amortiguar el golpe, los países de la OPEC+ anunciaron el domingo que aumentarán su producción a partir de abril en 206.000 barriles diarios, un incremento modesto liderado por Arabia Saudita y Rusia. Sin embargo, los analistas advierten que la medida tendrá un efecto limitado si el conflicto se prolonga.
El profesor de Política Energética de la Universidad de Oxford, Jan Rosenow, lo sintetizó con claridad: si la guerra concluye en días, su huella en los mercados será acotada; si se extiende, los efectos llegarán inevitablemente a los precios minoristas de energía en todo el mundo. El propio Trump reconoció que la operación podría durar “más de cinco semanas”.
