Muere el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, uno de los más importantes autores latinoamericanos


Recordado por su libro ‘Un mundo para Julius’ (1970), falleció en Lima, su ciudad natal, a los 87 años.

Sofía Gómez

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, que falleció a los 87 años.



Fuente: https://www.eltiempo.com

Humor e ironía, amor y memoria y una profunda oralidad del lenguaje literario se dan la mano en los universos narrativos del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, un contador de historias situado entre los narradores más importantes de la literatura latinoamericana, quien falleció este martes 10 de marzo de 2026 en Lima, su ciudad natal, a los 87 años.

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Alfredo Bryce Echenique cumple 84 años: una vida narrada entre el cuento y la novela - Infobae
El autor limeño empezó su despedida de la literatura en 2019, cuando anunció la publicación de ‘Permiso para retirarme. Antimemorias 3’, y se dejó ver «como las ballenas que se alejan mucho de la costa, pero para venir a morir ahí definitivamente», tal como comentó a EFE en ese momento.
Después de años de vivir en el extranjero, como catedrático y escritor, Bryce Echenique regresó a Perú para reencontrarse con los amigos de la infancia, que retrató en su última obra, con los que compartía en su elegante apartamento con vista a un parque privado o en los cafés con toques franceses en la capital.
El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, que falleció a los 87 años.

Alfredo Bryce Echenique tenía 87 años. Foto:AFP

Considerado una de las voces más destacadas de las letras latinoamericanas, el autor de ‘Un mundo para Julius’ (1970) es uno de los tres escritores más célebres de la segunda mitad del siglo XX en Perú, junto al premio Nobel Mario Vargas Llosa y al cuentista Julio Ramón Ribeyro.
El narrador publicó su primer cuento ‘Huerto cerrado’ (1968) en Francia, donde produjo gran parte de su obra y, ya consagrado, se trasladó a España hasta su retorno a Lima en 2008.
Durante medio siglo de literatura escribió más de 30 títulos, entre novelas, cuentos y memorias, escritos en los que el humor se filtró desde el principio, tras comprobar que los autores latinoamericanos, especialmente los del ‘boom’ eran «muy graves, muy serios» y dejaron de lado ese humor, un rasgo característico de los latinoamericanos que él cultivaba en sus obras.
Para Bryce, el humor irónico «hace la vida más soportable, te hace más tolerante ante lo intolerante», a la vez que se declaraba «un escritor de la memoria» y un heredero de la tradición literaria peruana de añorar «el bien perdido».
El autor peruano también noveló sus propias dolencias físicas y emocionales en muchas de sus obras, como ‘Reo de nocturnidad’ y ‘La vida exagerada de Martín Romaña’, un autor que ha podido crear un equilibrio imposible de emociones, ya que a lo largo de su vida pasó períodos de depresión muy grave, que lo llevaron a un internamiento clínico.
También, tuvo que hacer frente a denuncias de plagio de las que fue absuelto por la Justicia. «Contraté un abogado, gané el juicio en primera y segunda instancia, y la Fiscalía no solo me absolvió plenamente sino que archivó el asunto definitivamente», explicó.
El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, que falleció a los 87 años.

Junto a Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro, es de los escritores más célebres del siglo XX en Perú. Foto:AFP

Durante su juventud en París conoció a escritores como Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Vargas Llosa, y en España hizo muy buenos amigos, como el poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y su mujer Almudena Grandes, o el cantante Joaquín Sabina.
Precisamente, Bryce Echenique recordó en noviembre pasado que los años en los que compartía almuerzos en París con Ribeyro y Vargas Llosa fue una época «muy feliz» de su vida, en una de sus últimas presentaciones públicas para depositar el manuscrito original de su celebrada novela ‘Un mundo para Julius’ en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes en Lima.
El afamado manuscrito estuvo por cinco décadas guardado en la casa de Ribeyro en París, pues el propio Bryce se lo había regalado y ni siquiera el mismo autor recordaba dónde estaban esas 500 páginas escritas a máquina.