El distrito más grande la ciudad cumple 43 años de fundación. Surgió tras la riada de 1983 y ahora cuenta con más de 500.000 habitantes, según la dirigencia. Persisten en la aspiración de convertirse en la sexta sección municipal.
Fuente: eldeber.com.bo
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La vegetación espesa y la antigua bomba de donde los vecinos sacaban agua solo quedan en el recuerdo de los hijos del turbión. Este 18 de marzo, el Plan Tres Mil cumple 43 años de fundación pujante. Es la zona de mayor crecimiento de la capital cruceña y sus pobladores mantienen la aspiración de convertirse en un municipio.
La ciudadela Andrés Ibáñez o Plan Tres Mil nació en marzo de 1983, después de que el turbión de ese año dejara a miles de familias sin vivienda. Los primeros habitantes fueron instalados en carpas y, gracias a las gestiones de las autoridades de entonces, el prefecto Joaquín Monasterio y el alcalde Sergio Antelo, se consiguieron recursos para construir las primeras viviendas y dar origen a una de las zonas más pobladas del país.
Con el paso del tiempo, el barrio se transformó en una verdadera ciudad dentro de la ciudad. Actualmente alberga 136 barrios, 16 mercados (entre municipales e improvisados), 120 unidades educativas, nueve centros de salud de primer nivel y un hospital de segundo nivel. Desde 2011 tienen un himno y, desde 2019, una bandera.
A más de cuatro décadas de su creación, los fundadores mantienen viva la aspiración de que el Plan Tres Mil se convierta en la sexta sección municipal. “Seguimos con el anhelo de ser un municipio. Todo el mundo —concejales, diputados y autoridades, y ahora hasta los candidatos— nos dicen que nos apoyan, pero a la hora de la verdad no vemos ningún avance”, lamenta Freddy Córdova, presidente de la Asociación de Fundadores del Plan 3.000.
Los vecinos señalan que ahora, en época de campaña electoral, los candidatos llegan con brigadas médicas y caravanas para pedir el voto, pero luego las promesas quedan en el olvido. Por eso, saben que convertirse en la sexta sección municipal es un camino que deben labrar solos. Afortunadamente, esa idea ha calado en los liderazgos de las nuevas generaciones que han empezado a apostar por la institucionalidad.
Entre las principales ventajas de convertirse en municipio, señalan la posibilidad de administrar sus propios recursos, contar con autonomía de gestión y mejorar la atención en áreas como salud, educación y generación de empleo. “Al tener un alcalde propio, un Concejo Municipal y autonomía para administrar nuestros recursos podremos atender las demandas que conocemos mejor que nadie”, afirma Córdova.
Los impulsores de la iniciativa sostienen que el crecimiento poblacional respalda su propuesta. Calculan que el Plan Tres Mil ya supera los 500.000 habitantes, lo que lo convierte en una de las zonas urbanas más pobladas del país. La normativa establece que para crear un municipio se necesita una base demográfica mínima de 10.000 habitantes, un requisito ampliamente superado por esta ciudadela.
Según estimaciones del Gobierno Municipal, que sitúan su población en 320.000 habitantes, el Plan Tres Mil supera a varias capitales, como Sucre (296.746), Oruro (298.350), Potosí (218.702), Tarija (238.749) y Trinidad (128.589), e incluso a todo el departamento de Pando (134.194 habitantes), según datos del Censo 2024.
Los hijos del turbión
Córdova vivía en el barrio Ovidio Santistevan Herrera, a orillas del río Piraí, por la avenida Busch, con su esposa y su primer hijo, que en 1983 tenía un año. Recibió una primera advertencia de la naturaleza en enero de ese año, cuando el nivel del agua se elevó un metro.
Ante el peligro, Defensa Civil trasladó a los habitantes, desde esa zona a lo que hoy es el Plan Tres Mil, pero muchos regresaron al lugar inicial, cerca del río, a pesar del riesgo, debido a la precariedad de las condiciones.
Recuerda que hubo dos riadas antes del turbión del 18 de marzo, fecha cuando se conmemora el aniversario.
En ese entonces, Córdova era uno de los más jóvenes de la dirigencia. Cuando se vio que era necesario el traslado, las autoridades pidieron a los dirigentes ubicar el terreno en la zona sur de la ciudad. Subieron en la línea 9 para llegar hasta la Villa Primero de Mayo y, desde allí, caminaron siguiendo el ducto hasta que llegaron a un punto donde se cruzaban dos caminos, que hoy es la rotonda del Plan Tres Mil.
“De ahí van a mirar al sur y caminan dos cuadras y van a llegar a un letrero de la Policía. Al frente está el terreno para ustedes”, recuerda Córdova que les dijo el alcalde Antelo.
Así los fundadores vivieron las necesidades, pero también labraron el desarrollo de la zona.
Gabriel Alarcón (73) asegura haber gestionado la creación de la cooperativa de agua, que beneficia a una buena parte de la población del Plan.
Victoria Álvarez (79) vivía al final del barrio Brígida, pero la riada del 83 la obligó a salir de ese lugar y ahora tiene su hogar en el barrio San Antonio del Plan Tres Mil. No fue fácil empezar en medio de tantas carencias. Recuerda que su primera vivienda fue de hule. Llegó con cinco de sus siete hijos y ahora todos son testigos del imparable crecimiento que ha tenido ese distrito.
Tiene en la memoria la tragedia que causó la bravura del río Piraí y agradece tener un lugar seguro para vivir. Recuerda que 1 de febrero del 83 un turbión hizo subir el agua hasta un metro. En ese entonces ella trabajaba en la calle 8 de la avenida San Martín y una mujer le había donado algunas cosas que luego le sirvieron para levantar su vivienda.
Sus vecinos salieron a buscar refugio en otras zonas. Ella, junto a su familia, decidió trasladarse por algunos días a la casa de su madre. Pero vino otra riada, la del 18 de marzo, que hizo subir el agua hasta los dos metros.
No volvieron más a su casa, ya que el lodo quedó estancado como unos seis meses. Fue así que aceptó ir a vivir al Plan Tres Mil. “Todos llegamos al sector donde hoy es la rotonda. Todo era monte, por eso ahora me alegra ver cómo ha crecido esta zona y que mucha gente llega de todas partes”, dice, al asegurar que apoya la iniciativa de que ese distrito se convierta en un municipio.
Entre las cosas que se deben mejorar, considera que se necesita crear mayor conciencia para cuidar los espacios públicos. Lamenta que la gente ensucie la plaza de El Mechero, que es el principal paseo de la zona, y el frontis de la iglesia. También se queja del bullicio que generan circos y parques mecánicos que copan una parte de la plaza.
Por su lado, Marlene Dury llegó a vivir al sector cuando tenía solo 10 años, junto a su madre Alina, que fue una de las fundadoras. Como otras familias, también pasaron por necesidades. “Teníamos que acarrear agua en balde y recogíamos ladrillos para construir el pozo 1 de la Cooperativa San Juan Bautista. Hemos sufrido harto, pero nuestra ciudadela Andrés Ibáñez ha crecido tanto y no tenemos qué envidiar. Tenemos la plaza más grande de Santa Cruz y seguimos creciendo. Nos sentimos orgullosos”, enfatizó.
Como dirigente del barrio 13 de Julio, asegura que los vecinos reclaman atención, porque dejaron inconclusa la construcción del viaducto en la rotonda y ahora “ese bloque de cemento es un nido de malvivientes”.
El crecimiento también ha traído inversiones, por lo que además de entidades bancarias y de servicios, tienen negocios que concentran a los pobladores como es la zona central de El Mechero, Guapurú y El Quior, entre otros.

