Una deuda pendiente: más de 1,5 millones de familias sin vivienda adecuada


Por mucho tiempo, el acceso a la vivienda no ocupó un lugar central en la agenda de políticas públicas. Como resultado, el déficit habitacional fue creciendo.

Una vivienda en el departamento de Cochabamba. Foto: Archivo



Fuente: La Razón

Durante décadas, el problema de la vivienda en Bolivia creció en silencio. Hoy se ha convertido en uno de los desafíos sociales, urbanos y económicos más importantes del país. Según datos del INE, más de 1,5 millones de familias —alrededor del 40% de la población— no cuentan con acceso a una vivienda adecuada, una brecha que refleja una deuda social acumulada durante años.

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Por mucho tiempo, el acceso a la vivienda no ocupó un lugar central en la agenda de políticas públicas. Como resultado, el déficit habitacional fue creciendo de forma sostenida hasta convertirse en un problema estructural que afecta tanto a las grandes ciudades como a las zonas periurbanas y rurales.

El fenómeno se ve agravado por el crecimiento urbano acelerado y la migración hacia las principales capitales del país. La presión demográfica sobre el mercado inmobiliario aumenta cada año, mientras la oferta formal de viviendas avanza a un ritmo menor. Especialistas del sector estiman que Bolivia debería producir al menos 30.000 nuevas viviendas anualmente en las principales ciudades para comenzar a reducir el déficit acumulado.

Brecha entre oferta y demanda

A esta brecha entre oferta y demanda se suma un obstáculo persistente: el acceso al crédito. Aunque el programa de vivienda social permitió que miles de familias del sector formal accedieran a financiamiento durante la última década, su impacto resultó insuficiente para reducir de manera sostenida el déficit habitacional.

Además, los propios datos del sistema financiero comienzan a mostrar señales de alerta. Reportes de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) indican que la cartera de créditos de vivienda social cayó de Bs 31.845 millones en diciembre de 2023 a Bs 29.835 millones en diciembre de 2025, lo que refleja una desaceleración en la colocación de este tipo de préstamos.

Según analistas del sector inmobiliario, uno de los factores que limita el acceso es la estructura del mercado laboral. La mayor parte de la población boliviana genera ingresos en la informalidad, lo que dificulta cumplir con los requisitos del sistema bancario.

“El déficit habitacional que enfrenta Bolivia no es solo una cifra estadística. Representa a millones de familias que no han podido acceder a una vivienda digna. Es un desafío estructural que requiere soluciones sostenidas en el tiempo”, señalaron desarrolladores inmobiliarios de La Paz.

Cuando el sistema formal se frena

Ante la falta de opciones dentro del mercado formal, miles de familias optan por una alternativa que ha marcado el crecimiento urbano del país: la autoconstrucción.

En muchos casos, las viviendas se levantan progresivamente, con recursos limitados y sin planificación urbana. Este fenómeno explica gran parte de la expansión desordenada en las periferias de ciudades como La Paz, Santa Cruz de la Sierra o Cochabamba.

“La autoconstrucción ha sido históricamente el principal mecanismo de acceso a vivienda en Bolivia. Sin embargo, cuando ocurre sin planificación ni servicios adecuados termina generando ciudades más desiguales y con mayores dificultades para su desarrollo”, advirtieron empresarios del sector inmobiliario cruceño.

Mucho más que ladrillos

Detrás de los números del déficit habitacional hay historias concretas. Familias que viven en condiciones precarias, niños que crecen en espacios reducidos y comunidades que carecen de servicios básicos.

La vivienda suele analizarse desde indicadores económicos, pero su impacto es mucho más amplio. Un hogar digno influye directamente en la estabilidad familiar, la salud, la educación y las oportunidades de desarrollo de las personas.

Una casa no es solo una estructura de ladrillos y cemento. Es el espacio donde se construyen proyectos de vida, donde los niños crecen y estudian, y donde se forman comunidades más estables.

“Cuando un país logra ampliar el acceso a vivienda adecuada, también fortalece su tejido social y su desarrollo económico. Por eso el desafío de la vivienda debe entenderse como una prioridad nacional”, afirmaron representantes del sector de la construcción de Cochabamba.

Un desafío que sigue creciendo

Si no se adoptan medidas sostenidas en los próximos años, el problema podría agravarse. Cada año nuevas familias ingresan al mercado habitacional, mientras las soluciones formales avanzan lentamente.

Expertos coinciden en que reducir el déficit requerirá una combinación de políticas públicas, incentivos a la inversión, nuevas formas de financiamiento y modelos innovadores de producción de vivienda asequible.

Atender la vivienda no es solo una cuestión urbana o económica. Es una inversión directa en estabilidad social, desarrollo humano y en el futuro del país.

Postergar este desafío solo ampliará las brechas sociales.

Y el costo, como ocurre con frecuencia, lo terminarán pagando las familias que aún esperan algo tan básico como un hogar digno.